Exposición 'Últimas luces' de Paco Pomet | Crítica Espacios escénicos donde todo es posible

  • La galería My name’s Lolita exhibe la obra del granadino Paco Pomet, uno de los pintores españoles con más recursos artísticos y conceptuales

El nombre de Paco Pomet es una auténtica referencia no sólo por pertenecer a esa generación excelsa y privilegiada del arte que se ha venido haciendo en Granada en los últimos años, aquella que partiendo de los primeros años de la Facultad de Bellas Artes empezó a hacerse grande en la galería Sandunga y encontró magnífico apoyo en la apuesta por los más jóvenes que siempre ha animado los gobiernos de la Diputación y que, en los espacios del Palacio de los Condes de Gabia, encontró feliz acomodo expositivo.

Además, el creador ha sido fuente donde muchos, aquí y en otros sitios, han bebido de sus aguas vivificadoras, únicas y llenas de sentido artístico. Su trabajo siempre ha estado en primera línea expositiva y, desde hace años, encuentra en la importante galería My name's Lolita, su espacio natural desde donde hacernos participar de su pintura especial, convincente y llena de personalidad.

La galería madrileña vuelve a acoger en sus espacios de la céntrica calle Almadén la personalísima obra de Pomet, ese artista granadino que está marcando una decisiva parcela en la actual pintura española. Su figuración manifiesta una realidad a contracorriente, descontextualizada, de representación mediata, con los paisajes y los personajes marcando unas rutas imposibles donde lo real queda supeditado a una escenografía de poderosos contrastes.

La figura humana adopta un papel inquietante lleno de una acidez que produce una clara empatía. La figura humana adopta un papel inquietante lleno de una acidez que produce una clara empatía.

La figura humana adopta un papel inquietante lleno de una acidez que produce una clara empatía. / G. H.

Un relator de historias a contracorriente

El granadino es un relator de historias; historias indefinidas, con personajes que suspenden lo que la realidad ilustra y que plantean posiciones donde todo queda supeditado a una mirada comprometida. En su obra, lo real se manifiesta con desenlaces a contracorriente, alejados de lo habitual. Por sus pinturas se desarrolla una naturaleza distópica; los personajes y los objetos no ocupan su lugar normal, ese al que una razón, quizás interesada, ha concedido una especial distribución alejada de los planteamientos al uso.

Su obra nos recrea un paisaje muy bien descrito pero habitado por elementos que se antojan fuera de lugar. En sus escenografías de contrarios se aprecia una manifiesta carga de ironía; en ellas se produce un compromiso representativo mediato, lleno de localizaciones que pueden antojarse absurdas y con gran sentido de lo pararreal.

El pintor consigue dar una vuelta de tuerca a una representación demasiado constreñida en sus habituales límites. En su obra el contexto se ha descontextualizado, se ha vuelto de revés, lo más inmediato deja de ser cercano, la realidad nos muestra su más preclaro testimonio de ambigüedad. La arquitectura, más cotidiana y entrañable, adopta posiciones ficticias, los objetos mantienen expectantes su función significativa, incluso, pierden la normal identidad; la figura humana, adopta un papel inquietante, lleno de una acidez que produce una clara empatía.

La obra de Pomet, realizada con una corrección pictórica deslumbrante y una pulcritud representativa fuera de toda duda, consigue que la mirada del espectador asuma esa nueva dimensión donde lo posible y lo imposible han diluido sus fronteras. Estamos, de nuevo, ante la magia distópica, de uno de los pintores españoles con más recursos, tanto artísticos como conceptuales; un artista que lleva la sensatez a la pintura y que formula lo más verdadero de un arte que necesita de muy buenas proposiciones para atrapar las miradas interesadas de una mayoría.

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