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"Europa me duele porque ya no cree en sí misma, ni respeta sus valores"

  • La poeta, uno de los nombres imprescindibles de la literatura rumana contemporánea, da hoy una charla sobre el continente en la Casa de los Tiros para despedir unas jornadas en su honor

"Europa me duele porque ya no cree en sí misma, ni respeta sus valores" "Europa me duele porque ya no cree en sí misma, ni respeta sus valores"

"Europa me duele porque ya no cree en sí misma, ni respeta sus valores"

A pesar de haber vivido parte de su vida silenciada por una dictadura militar comunista y ver el mundo desde una óptica bastante pesimista, Otilia Valeria Coman (Timisoara, 1942) -Ana Blandiana para los lectores- no para de sonreír durante toda la entrevista. Cercana, extremadamente culta y con un gran sentido del humor, la escritora rumana habla de lo suyo, el oficio de escribir, como si hubiera nacido con la letra al centímetros del corazón.

Blandiana, acompañada de su traductora, la poeta Viorica Patea, no se pavonea ante la entrevistadora, ni tampoco se muestra altiva, aunque sabe de sobra que es merecedora del Premio Nobel de Literatura desde hace mucho tiempo. La autora, que ha visitado Granada para asistir a unas jornadas en su honor organizadas por el programa Granada Ciudad de Literatura Unesco y el Instituto Cultural Rumano, se despide hoy de la ciudad con una conferencia titulada Las dos Europas en la Casa de los Tiros moderada por el profesor de la UGR, Enrique Nogueras.

La autora se antoja un nombre imprescindible de la constelación literaria de su país, Rumania, así como una defensora de los derechos civiles en la Unión Europea -y en todo el mundo-. Valiente opositora a la dictadura de Ceausescu, su integridad ética la convierte en una de las figuras más nobles de la historia contemporánea. Ningún otro escritor de su generación invita a una lectura tan subversiva y provocadora como ella. Su oposición a la dictadura obtuvo un gran eco internacional. Desde 1993, bajo la égida del Consejo de Europa, la periodista fundó junto a su marido, el también escritor y ensayista, Romulus Rusan, el Memorial de las Víctimas del Comunismo y de la Resistencia.

Ya como Ana Blandiana, en 1959 aparece en una revista su primer poema -titulado Originalidad-, pero al poco sería denunciada y se prohibiría oficialmente que "la hija de un enemigo del pueblo" volviera a publicar en el país rumano -se le negaría también el derecho a estudiar en la universidad-. En 1964 aparece su primer libro de poemas -Primera persona del plural-, con el que inicia una fértil carrera literaria que llega hasta el presente pero que alcanzaría en 1982, con la concesión del prestigioso Premio Herder de la Universidad de Viena, uno de sus momentos cumbre. Entre sus obras más destacados se encuentran los poemarios Cien poemas, El reflujo de los sentidos y Mi patria A4; los ensayos Miedo a la literatura y Falso tratado de manipulación, cuya temática abarca desde el significado de la literatura a la función del escritor en el mundo contemporáneo; y los libros de relatos Proyectos de pasado y Las cuatro estaciones, editados por la editorial Periférica recientemente.

-Comenta en las entrevistas que siempre se ha debatido entre la lectura y la escritura.

-Tiene que pasar mucho tiempo para que llegue a leer lo que he escrito. Por lo general, después de haberlo publicado no vuelvo a él hasta pasado un tiempo. Ocurre un fenómeno extraño. Siempre aplazo la publicación de lo que he escrito, sobre todo de los poemas. Puedo posponerlo incluso años porque pienso que los poemas son míos en la medida que están escritos a mano. Intento guardarlos para mí mucho tiempo. Ni siquiera los introduzco en el ordenador porque con la letra mecánica tengo la sensación de que ya no son míos. Una vez que están publicados no los leo. Sólo si pasan muchos años y repaso mi obra, me pongo a leerlos y entonces sí que me parece que he sido maravillosa (ríe).

-¿Percibe algún cambio en su estilo? ¿Ha causa de qué?

-Lo que ha cambiado mi estilo es el haber alcanzado la madurez artística. El estilo es algo que se crea con el tiempo, y no sé si realmente ha cambiado. A los 18 años escribía poemas que podían parecer frescos, nuevos, pero yo no tenía estilo. El estilo se crea poco a poco. Es una construcción. Una vez que he adquirido un estilo, a lo mejor ha cambiado mi perspectiva acerca de la existencia, la vida. A lo mejor he perdido la esperanza. El estilo no es una forma, ni un vestido, ni una moda. No es algo que me ponga o me quite porque haga frío o calor. El estilo es el esqueleto, algo que viene del interior. O mejor dicho, el estilo es la forma interior de la poesía, la esencia.

-¿Considera que un buena poeta es un buen economista de las palabras?

-Hace 15 años, pronuncié una conferencia en la cátedra de poesía Eugenio Montale de Roma, titulada La poesía entre el silencio y el pecado, que fue interpretada como mi confesión de fe estética. La idea central es que la poesía moderna no es una poesía que dice, que declara algo, sino que es una poesía que sugiere. En ese sentido, decir cuanto menos para sugerir cuanto más es la consecuencia lógica. No decir nada para sugerirlo todo es la consecuencia absurda. Es una ideal, es un sueño, por el que se tiene que guiar la poesía moderna. La economía de las palabras es lo que caracteriza la poesía moderna. Es algo que se opone a los poetas románticos. Ahí sólo hay ríos y ríos de palabras (sonríe de reojo). Es el caso de Walt Whitman, un poema romántico, pero no moderno. La poesía moderna suscribe el tratado de la economía poética.

-¿Qué opina de los poetas jóvenes que son muy explícitos y acaban diciendo lo que se escribía hace un siglo?

-La poesía posmoderna se compone de pequeñas historias, pequeños relatos, en prosa. La diferencia entre la prosa y la poesía moderna es que la poesía posmoderna carece de intensidad y es un fragmento más intenso, pero en sí el poema carece de intensidad. La poesía posmoderna es muy explícita, tiene trama, una descripción muy detallista, pero para mí eso no es poesía. Con eso no critico a nadie, es mi opinión.

-El dolor ocupa un lugar preferente en su obra, y habla de él desde la empatía y la compasión. ¿Como dice en el poema Es una herida, "el dolor es la única certeza que nos rodea"?

-No hablo de mí, ni de mi vida. Hablo de la esencia de la poesía cuando digo que la poesía nace del sufrimiento. ¿Cuántos poemas de amor correspondido se han escrito a lo largo de la historia? Muy pocos diría yo. Los grandes poemas expresan el dolor, el sufrimiento, a causa de la pérdida del ser amado o del amor no correspondido. El sufrimiento, y no la felicidad como se cree, es la materia prima de la poesía. El sufrimiento también es la materia prima de la vida.

-Si alguien la lee va a percibir que le importa el mundo y la gente que lo habita. ¿Qué le duele a Ana Blandiana? ¿Le duele Europa tal y como está el panorama?

-Justo acabo de publicar un libro de ensayos, La historia del futuro, donde hablo sobre Europa y el encuentro entre la Europa del este y la Europa occidental. La idea fundamental del libro es que Europa está inclinada a su propio suicidio porque ya no cree en si misma, ni respeta sus valores. Y sí, a causa de Europa sufro. Durante años, hemos mirado Europa como la luz de la cultura y el espacio de la libertad por excelencia, y cuando finalmente hemos llegado a ella, nos han tratado como a iguales, hemos descubierto que Europa tiende a degradarse a sí misma porque ya no cree en ella.

-¿Qué ha aprendido Rumania de Europa cuando se cumple una década de su entrada en la comunidad internacional?

-Claro que podemos aprender el uno del otro. Europa tiene que aprender de nuestra histórica dramática. En una conferencia que di en la Sorbona hace unos años dije que nosotros ofrecemos a Europa el drama que hemos vivido. Este es el ajuar que llevamos al patrimonio europeo. El sufrimiento es patrimonio. En los años 50 casi toda Europa era comunista. El descubrimiento de los crímenes que se llevaron a cabo en los países del este paró este proceso. Se ha aprendido algo de ese sufrimiento. De la cultura europea, nosotros tenemos que aprender la forma en la que aboga por los derechos humanos.

-Si uno pincha en el apartado de literatura de Rumania en Wikipedia, no aparece ni una mujer. ¿Qué le dice eso?

-Tenemos a Hortensia Papadat-Bengescu, una de las escritoras más importantes de la literatura de nuestro país. De hecho, hay más poetas mujeres importantes que poetas hombres. Eso no lo niega nadie.

-¿Alguna vez se ha sentido menospreciada en el mundo literario por ser mujer?

-No, no me he sentido discriminada. He tenido éxito y cuanto más me han prohibido, más gente ha copiado mis poemas a mano para leerlos y pasarlos. Esta es la razón por la que no me he ido de Rumania. Quizá es presuntuoso afirmar que me sostenía un pueblo, un público muy interesado en mi obra. Pero así me he sentido. No creo que haya una diferencia artística o intelectual entre hombres y mujeres. Yo sólo distingo entre los que tienen talento y los que no. En el comunismo, la vida fue muy difícil tanto para hombres como para mujeres. En esto todos éramos iguales, en la pobreza, en aguardar largas colas, en la falta de libertad. El problema del feminismo simplemente no se planteaba. Es una frivolidad hablar de esto ante la realidad que hemos vivido en Rumania.

-Por último, Timisoara será capital cultural en 2021. ¿Algún consejo para Granada, que se postula para 2031?

-Granada tenía que haber sido capital cultural europea hace mucho tiempo, y si no lo es todavía es porque imagino que habrá mucha competencia. La ventaja que tiene una ciudad al llegar a ser capital cultural europea es que recibe dinero. Eso es bueno, aunque el presupuesto dedicado a cultura por lo general siempre es insuficiente.

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