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Fallece a los 91 años Eduardo Carretero, escultor heredero de la Generación del 27

  • El artista granadino, autor de la 'Piedad' y viudo de la prima pequeña de Lorca, residía en Chinchón y hace solo un mes terminó su última obra: un busto de Miguel Hernández que se instalará en Madrid

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El escultor granadino Eduardo Carretero falleció ayer "tranquilamente y en paz" a los 91 años en su domicilio de Chinchón (apenas a unos kilómetros de las canteras de Colmenar, en Madrid) rodeado de sus familiares y amigos, según contó ayer a este diario el sobrino del artista. Autor, entre muchas obras, del busto de Federico García Lorca que preside la casa natal del poeta en Fuente Vaqueros y de la polémica Piedad que fue instalada este mismo año en el Cementerio de San José de Granada como homenaje a las víctimas de la Guerra Civil, Carretero siempre fue un gran enamorado de la piedra como material para modelar y dar a conocer su realidad. De hecho, hace tan solo un mes finalizó la que ya es su última obra: un busto del poeta Miguel Hernández que será instalado al aire libre en Madrid.

El escultor tuvo una intensa historia de amor con Isabel García Roldán, ya fallecida, prima pequeña de Federico García Lorca. Ella, por su parte, se aficionó al arte gracias a las esculturas de su marido: con los trozos de mármol que él desechaba al ir esculpiendo, ella realizaba mosaicos. La ternura de la relación está plasmada en la escultura de ambos que colocó sobre la tuma de Isabel en Chinchón: ella apoya dulcemente su cabeza sobre la suya. Pese a estar casado con su prima y haber realizado el busto de García Lorca, no llegó a conocerle del todo, según recordó una vez a este diario. "Sólo lo conocía de vista. Nunca llegó a posar para mí", aseguró en aquel entonces.

En 2004, el escultor fue reconocido por la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias de Granada con la Medalla de Honor de la institución en reconocimiento a la "destacada contribución del artista a la renovación de la escultura religiosa y al fomento de la conciencia histórica que, desde el punto de vista expresivo, constituyen sus excepcionales esculturas".

Y es que Carretero tuvo que realizar su carrera artística en unos tiempos realmente duros, ya que una vez finalizada la Guerra Civil era muy difícil contar con encargos. "Los escultores trabajábamos sólo gracias a los encargos oficiales de las instituciones, porque encargos particulares no había ninguno en absoluto. Lo que más tuve que hacer eran esculturas religiosas", aseguró una vez.

La inauguración de su Piedad el pasado mes de febrero en el Cementerio de San José como "exaltación de la reconciliación" fue la última vez que el escultor apareció en Granada, una ciudad a la que procuraba volver siempre que se lo permitían. Carretero se desplazó joven a Madrid siguiendo los pasos de su amigo el pintor Antonio Martínez Valdivieso y decidió fijar allí su residencia. En Madrid, el escultor entabló una estrecha relación con grandes maestros como José Guerrero, Manuel Rivera, Bernardo Olmedo o Jorge Oteiza. Heredero natural de la Generación del 27, su obra plástica procede del postcubismo, el surrealismo y el expresionismo, y constituye una referencia imposible de obviar en el panorama artístico contemporáneo. Dos réplicas de su bulto de Lorca están en Buenios aire y La Habana.

"Eduardo era una persona increíblemente honesta, humilde, de concordia. Padeció en su persona lo que fue la Guerra Civil pero siempre tuvo voluntad de reconciliación, de perdón y de olvido. Creo, además, que fue un magnífico escultor, un artista muy humilde que nunca quiso embarcarse en el mundo de las galerías ni comercializarse", apuntó ayer la directora de la revista Entre Ríos, Mari Luz Escribano, amiga personal de Carretero. La capilla ardiente del escultor estará abierta durante todo el día de hoy en el Ayuntamiento de la localidad madrileña de Chinchón, lugar donde fue nombrado hijo adoptivo, y donde mañana será enterrado junto a su esposa y amor de su vida.

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