Francisco Ayala | El CAL celebra el Día de la lectura en Andalucía Francisco Ayala en 10.000 pasos

  • El catedrático Manuel Vázquez Medel descubre la Granada del escritor exiliado en dos horas de paseo, trufado de deliciosas anécdotas, con motivo del Día de la Lectura en Andalucía

Vázquez Medel habla en el inicio de la ruta, en calle Rector García Duarte. Vázquez Medel habla en el inicio de la ruta, en calle Rector García Duarte.

Vázquez Medel habla en el inicio de la ruta, en calle Rector García Duarte. / Jesús jiménez-Hita / phographerssports

"Aunque sólo he pasado en Granada los primeros 16 años de mi vida siento que soy radicalmente granadino en la rara mezcla de despego y nostalgia que compone mi actitud hacia la ciudad", reconoce Francisco Ayala en su libro de memorias, Recuerdos y olvidos. Unos pocos afortunados tuvieron la oportunidad ayer de conocer aquella Granada de principios del siglo XX en la que se crió el escritor, y que luego tanto inspiraría y echaría de menos durante su exilio. El catedrático Manuel Vázquez Medel fue el encargado de conducir el ameno paseo literario, trufado de anécdotas, con motivo del Día de la Lectura en Andalucía.

"Ayala amó mucho esta ciudad. Pocos escritores han mantenido una relación tan fecunda con su tierra como él. A Juan Paredes Núñez le dijo en una entrevista: "La impronta de Granada está en todo lo que he hecho, en todo lo que he sido y en todo lo que he escrito". Él amaba profundamente esta ciudad. La amaba con ese pensamiento crítico", señaló Vázquez Medel al inicio de su itinerario, que tuvo como punto de partida la calle Rector García Duarte. Allí se encontraba hace un siglo la casa de su abuelo materno, Eduardo García Duarte, médico, científico y rector de la UGR.

"El escritor tuvo la suerte de tener una madre extraordinaria. Era pintora y una mujer avanzada para su tiempo", destacó el profesor onubense haciendo referencia a María de la Luz García-Duarte González, que también vivió en calle Canales, 11, hoy Rector García-Duarte. El novelista se cría en el seno de una familia muy distinta: la de su madre era muy progresista y la de su padre, conservadora y con bastante patrimonio.

Fachada de la Parroquia de los Santos Justo y Pastor, donde se bautizó Ayala. Fachada de la Parroquia de los Santos Justo y Pastor, donde se bautizó Ayala.

Fachada de la Parroquia de los Santos Justo y Pastor, donde se bautizó Ayala. / Jesús jiménez-Hita / phographerssports

Un texto inédito de Ayala

De camino a la Parroquia de los Santos Mártires Justo y Pastor, donde el autor se bautiza el 11 de abril de 1906, Vázquez Medel hizo una parada en la Facultad de Derecho. "Ayala se licenció en Derecho. No aquí, sino en Madrid. Hizo su tesis doctoral sobre la constitución de la Segunda República, que se va a publicar pronto. Es el único texto sin publicar, inédito", anunció el profesor, que destacó "el gran jurista, editorialista y periodista" que fue el granadino, letrado en las cortes de la Segunda República y antecesor de las ciencias sociales en España.

De padre liberal y madre de profundas convicciones religiosas, el novelista pierde la fe siendo muy niño. Del colegio de Niñas Nobles, al que Ayala asiste con su hermano José Luis entre los cinco y siete años, apenas tiene recuerdos. "Un día que comulgó vomitó la ostia. Aquellas monjas no trataban bien a los niños. En otra ocasión, su hermano se hizo caca y lo dejaron en el patio. No querían desnudarlo. Lo dejaron sucio y al frío en el jardín, lo que motivó que sus padres los quitaran del colegio", contó el catedrático de Literatura mientras los asistentes reían a carcajadas.

Décadas más tarde, Ayala discutiría con una periodista de El País sobre religión. "La periodista no paraba de preguntarle si creía en dios. "Ya me gustaría a mí creer. Soy agnóstico", le dijo. ¿Que va a ocurrir cuando muera? "Nada", respondió. ¿Y qué le diría a dios si lo tuviera en frente? Él, con su particular sentido del humor, le soltó: "Le daría las las buenas tardes o las buenas noches. Soy educado”, se acordó Vázquez Medel, que definió a Ayala como "un hombre de firmes convicciones y muy respetuoso" que creía que lo importante en la vida era ser honesto e íntegro.

"El siempre quiso conocer otros ríos"

En 1922, Ayala de traslada con sus padres a Madrid. Fue una de las mejores decisiones de su vida. Allí colabora en la Revista de Occidente junto a María Zambrano y Ortega y Gasset y acude a las tertulias. "Él opinaba que estaba bien tener raíces, una tierra materna. Dichoso aquel hombre que no conoce más río que el de su tierra. Él siempre deseó conocer otros ríos. Granada, Madrid, Berlín, Praga, Barcelona, París, Buenos Aires, Río de Janeiro, Puerto Rico, Chicago, Nueva York. Nunca tuvo apego por ningún sitio pero sí respeto y aprecio. Fue un escritor universal, un granadino universal", reflexionó.

Parada en la Madraza, donde la Fundación Ayala tuvo su primera sede. Parada en la Madraza, donde la Fundación Ayala tuvo su primera sede.

Parada en la Madraza, donde la Fundación Ayala tuvo su primera sede. / Jesús jiménez-Hita / phographerssport

El catedrático hizo un alto en el Palacio de la Madraza para rendir homenaje a las personas que trabajaron en la creación de la Fundación Ayala hace 20 años. "Antonio Sánchez Trigueros y yo pensábamos que las dos universidades históricas, la de Sevilla y la de Granada, debían unirse para una reivindicación ayaliana. En 1991 organizamos un simposio titulado Ayala, teórico y crítico literario. Este gesto de hermanamiento entrañable fue el embrión de la Fundación", rememoró entusiasmado. La UGR habilitó ese año unas dependencia para la Fundación del escritor en la Madraza. Antes hubo, en palabras del profesor, "muchos tiras y afloja; el entonces alcalde nos ofreció una sede en calle San Matías que nunca llegó".

Ese mismo año, en que recibe el Premio Cervantes, el novelista se está muriendo en un pasillo de un hospital de Nueva York. "Yo estaba en aquel pasillo con -la catedrática- Carolyn Richmond -su viuda-. "Ya me ha llegado mi hora. Perdí entonces una buena ocasión para morirme", llegó a decir haciendo gala de su buen humor", hizo memoria Vázquez Medel.

Un hombre muy libre

Ayala, "un hombre muy libre nunca amarrado por ninguna inscripción ideológica, muy cerca de Azaña", según el catedrático, intentaría parar la guerra civil española ante la embajada alemana. "Solía decir que en contextos así, lleno de horrores, sí eres una persona ética eliges lo malo entre lo malo y lo peor. Él se fue al exilio con la República", sentenció el profesor onubense.

El también traductor renegaba de la celebración de la Toma, que se celebra cada 2 de enero en Granada. "Año tras año, al escucharlos, se le apretaba el corazón. No sé por qué, esa ceremonia, a la que nos llevaban como a una alegre diversión, me inundaba de tanta tristeza y una nostalgia arábiga", admitía en sus memorias. "Me cuidé muy mucho de no hallarme presente a la investidura de los nuevos poderes adornados con el yugo y las flechas de Isabel y Fernando, pues ahora no sería un simulacro, una simple ceremonia sólo penosa para la fantasía literaria de un niño, sino la atroz realidad a que sucumbieron, entre tantísimos millares de víctimas, Lorca y varios miembros de mi propia familia", sentenció.

Fin del paseo literario en la actual sede de la Fundación Ayala. Fin del paseo literario en la actual sede de la Fundación Ayala.

Fin del paseo literario en la actual sede de la Fundación Ayala. / Jesús jiménez-Hita / phographerssport

"¿El día que tú faltes que vamos a hacer?", le preguntó un día Carolyn. "Cuando muera lo único que quiero es desaparecer”, contestó. Comprenderán que la figura de un gigante no es posible hacerla desaparecer. La forma más próxima de cumplir su voluntad fue depositar sus cenizas en el limonero que hay en la Fundación. No se puso placa para respetar la voluntad de desaparecer", explicó Manuel Gómez Ros, el director de la Fundación del escritor, al terminar el recorrido allí mismo. "Ayala sigue vivo en su palabra", se despidió Vázquez Medel. Igual de vivo que en este recorrido de 10.000 pasos por su Granada, paraíso de infancia.

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