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De un García Lorcadesconocido

  • Dos investigadores publican 'Federico García Lorca y Uruguay (pasajes, homenajes, polémicas)', un libro en torno a la visita del poeta al país latinoamericano y todas las anécdotas en las que fue el centro de atención

En 1934, animado por los ecos del éxito de sus obras que desde allí llegaban hasta España, Federico García Lorca decidió tomar un barco y viajar hasta Uruguay, en donde fue recibido con todo tipo de agasajos y honores. El poeta granadino descubrió entonces las dimensiones internacionales de su obra y la repercusión que tenían, tanto como él, al otro lado del Atlántico. Fue un viaje sobre el que se ha pasado de puntillas en las biografías de Lorca, pero que marcó profundamente al poeta. Ahora, dos investigadores uruguayos, Pablo Rocca y Eduardo Roland, han decidido seguir los pasos del granadino y publicar el libro Federico García Lorca y Uruguay (Pasajes, homenajes, polémicas) (editorial Alcalá), que revela algunos de los elementos más desconocidos de la estancia del poeta.

La idea de escribir el poema surgió por "gusto, por afición al tema", comenta Pablo Rocca. "Y antes que otra cosa, por la necesidad de establecer una mirada que diera un giro a las perspectivas excesivamente centradas en la figura del poeta en su pasaje por el Río de la Plata y, en última instancia, algo desdeñosas de las tensiones y problemas culturales y políticos propios del Río de la Plata o, más específicamente, uruguayos".

"También", añade, "porque la relevancia que adquirió la poesía y el teatro de Lorca en Montevideo fue tal que, como tratamos de demostrarlo, su difusión y apología fue paralela a la que se gestó en España. O aun más intensa".

La relación de Lorca con Uruguay se gestó gracias el cónsul uruguayo Julio José Casal, que en los años veinte publicó en su revista Alfar poemas de Lorca, Salinas, Aleixandre, Alberti y muchos ignorados poetas nuevos.

"José Mora Guarnido", relata Rocca, "uno de los primeros amigos firmes de García Lorca cuando éste llegó a Granada, se había establecido en la capital uruguaya, donde permaneció hasta su muerte. En Montevideo, ya hacia 1924, defendía y promovía a su amigo con sincera admiración y excelente oído crítico en las publicaciones periódicas de mayor difusión entre las minorías del campo literario local".

Federico García Lorca tuvo un gran impacto con su presencia en la capital uruguaya. Rocca señala: "No hubo una sola repercusión, sino muchas. Varios capítulos del volumen se encargan de documentar lo que se podría resumir así: por un lado, las coincidencias y los contrastes en los círculos intelectuales, especialmente entre los escritores, desde los ya consagrados (caso de Juana de Ibarbourou o aun de Carlos Reyles) hasta los que se atrevieron a acercársele por vínculos amistosos previos o contactos fluidos (Emilio Oribe, Alfredo Mario Ferreiro o el fundamental Enrique Amorim). Por otro, los círculos sociales más encumbrados y aun los gubernamentales lo agasajaron".

"Según Amorim", añade el investigador, el público popular lo reconocía en la calle dada la enorme cobertura de prensa que insistía en publicar su imagen, como también se documenta en este libro por primera vez, en la mayoría de los casos." Hay también otra razón: "La extrema relevancia del teatro de Lorca, que no cesó de representarse hasta hoy por un número abrumador de compañías oficiales y privadas.

En la portada del libro, se dice que "nuevas y reveladoras informaciones desconocidas sobre Federico". Pablo Rocca quiere adelantar una de ellas. "García Lorca, sin quererlo, entró en los enfrentamientos de la colectividad española en Uruguay, entonces numerosísima. El embajador de España, que era el intelectual don Enrique Díez-Canedo, viejo amigo de la familia del poeta, le reclamó su presencia en Montevideo para contrarrestar, quizá, las duras críticas de que era objeto por parte de algunos sectores políticos, en el caldeado clima que la República Española de 1934 reproducía, a su manera, en otros territorios."

"Las consecuencias de este apoyo de Lorca a Díez-Canedo fueron feroces y críticas a su persona y sus posiciones políticas desde el campo anarquista-socialista de los españoles-uruguayos", explica Rocca. Hasta el punto en que un cronista lo definió como "seductor de señoritas".

Pese a todo ello, "García Lorca estaba en una etapa creativa en que el vínculo entre el signo (la escritura) y el referente (el mundo concreto) se diluía". "En lo que respecta a su prestigio", añade Rocca, "su conocimiento aun fuera de las limitadas fronteras de un país pequeño pero que, entonces, tenía cierta fuerza de promoción, sin dudas que el pasaje por el Río de la Plata (más por Argentina que por Uruguay, es claro), fue decisivo para afirmar la imagen de Lorca como poeta, dramaturgo y conferenciante".

En Uruguay, Lorca habló largo y tendido de un nuevo libro suyo de poemas que estaba escribiendo y que resultaría ser Poeta en Nueva York, una obra entonces desconocida. Y fue precisamente en Uruguay donde muchos comenzaron a hablar del libro lorquiano.

"Quien hace referencia a esa larga conversación fue el poeta Alfredo Mario Ferreiro, locuaz él mismo, dueño de una escritura caudalosa y proverbial", señala Pablo Rocca. "Pero se limita a su testimonio último sobre Lorca, aparecido en 1945. Nada más se sabe por boca de otros".

¿Cuál es el impacto que Federico García Lorca y su obra tienen hoy en Uruguay? ¿Influye en los autores y poetas de Montevideo? "Quizás la palabra 'impacto' no se adecue a la influencia de la obra y la figura de Lorca en el Uruguay del siglo XXI", comenta por su lado el otro autor del libro, Eduardo Roland. "Impacto causaron sin duda tanto su poesía como su teatro en el ambiente artístico e intelectual del Uruguay de los años 30 que tuvo la dicha de conocerlo en persona. A partir de allí, y por algunos años más, sus creaciones realmente subyugaron a las mentes más abiertas y sensibles. En la actualidad, la figura de Federico se mantiene muy viva en la memoria cultural uruguaya a la vez que moderadamente va captando la atención de las nuevas generaciones de lectores. Esa presencia se plasma de múltiples maneras, desde la figuración de parte de su obra en los programas de literatura de enseñanza secundaria hasta en la actual edificación de un gran centro cultural en el barrio Pocitos de Montevideo, que llevará su nombre y en parte estará dedicado a difundir su legado artístico".

"Pero si en una zona la memoria de Lorca se mantiene siempre viva es en el mundo del teatro", agrega. "En gran parte por la incidencia que tuvo Margarita Xirgu en varias generaciones de actores, dramaturgos y público. Recordemos que 'la actriz de Lorca' eligió Uruguay como destino definitivo para vivir y desarrollar su profesión. No hay temporada teatral en que no se ponga en escena una pieza lorquiana. Por otra parte, parece evidente a estas alturas que a ningún poeta se le va a ocurrir imitar a Lorca, cosa que sí sucedió 'masivamente' en las décadas del 30 y 40".

Una de las personas que más vinculadas estuvieron a García Lorca en España fue el pintor uruguayo Rafael Barradas, que vivió en Barcelona y Madrid y que mantuvo muchos contactos con el poeta. Barradas murió de tuberculosis y, en Uruguay, Lorca quiso ir a visitar su tumba y rendirle homenaje.

"La influencia de Barradas en Lorca no es algo sencillo de observar", dice Roland. "Tal vez no pueda hablarse de "influencia" como sí ejerció Barradas con claridad sobre la formación del mítico Alberto, el escultor toledano también amigo de Lorca".

"En todo caso", añade, "es seguro que Lorca sintió una marcada admiración por el pintor uruguayo, a quien trató con asiduidad en los cafés madrileños, en la Residencia de Estudiantes e incluso en el marco de reiteradas colaboraciones artísticas concretas".

"El talento innato", continúa Roland, "sumado a la actitud de constante búsqueda estética genuina de aquel artista que había tenido contacto directo con el futurismo italiano años de llegar a Madrid, fue un elemento que ejerció sobre Lorca una potente atracción. Otro factor que estoy seguro incidió (y hay pruebas de ello) es el hecho de que sintiendo a Barradas como un hermano artístico y deseando lo mejor para él, Lorca sufrió al constatar la pobreza material en que el pintor vivió su corta existencia".

"El contraste, por ejemplo", dice Eduardo Roland, entre la vida de Dalí y Barradas era ostensible. Ese tipo de cosas no pasaban desapercibidas a esa sensibilidad lorquiana tan propensa a sentir en carne propia la desdicha ajena. Entre las declaraciones iniciales que hizo Lorca en el primer reportaje que le hace un periodista argentino antes de desembarcar en Buenos Aires consta el recuerdo hacia el malogrado amigo: '¿Sabe usted en lo que pensaba en Montevideo [donde el barco que lo traía de Barcelona había realizado una fugaz escala] mientras los fotógrafos me enfocaban y los periodistas me hacían preguntas?... Pues en Barradas, el gran pintor uruguayo a quien uruguayos y españoles hemos dejado morir de hambre…".

¿Y qué es lo que más impactó a Lorca de su estancia en Uruguay? Roland responde: "Lo primero que expresa de manera enfática es la fuerte y grata impresión que le da el encontrarse con una ciudad (Montevideo) que da al mar, quizá por oposición a Buenos Aires que, se desarrolló de espaldas al río (en Buenos Aires tratan al estuario del Plata como río y en Montevideo mayoritariamente como mar). Como se relata en el libro, los anfitriones del poeta lo primero que hacen una vez desembarcado es pasearlo en un automóvil por la rambla costanera que rodea parte importante de la ciudad. Así, el recién llegado se queda pasmado con el paisaje marino que tiene ante su vista".

"En cuanto al resto de los hechos que vivió en esas dos semanas uruguayas", indica Roland, "todo parece indicar que el poeta andaluz confirmó lo experimentado en la capital argentina: la cercanía cultural con sus colegas, la alta valoración de la amistad, la avidez del público por el teatro y la poesía, la mentalidad abierta de los artistas e intelectuales que conoció".

Uno de los misterios de Lorca en Uruguay es sobre si su voz podría haber sido grabada o registrada en alguna entrevista a alguna emisora, como pudo suceder durante su estancia en Argentina. ¿Podría haber testimonios sonoros de Lorca en Uruguay, algo que constituiría un auténtico hallazgo a nivel mundial?

"No existe ningún testimonio ni documento que indique que Lorca haya entrado en el estudio de una radio durante sus días montevideanos", responde tajante Eduardo Roland. "Por lo tanto, la única posibilidad (remota, por no decir imposible) que pudiera encontrarse en Uruguay un registro sonoro con su voz es que alguno de los discos de pasta y/o acetatos en los que fueron registradas las palabras de Lorca en dos emisoras de Buenos Aires (que son un hecho probado) hubiera sido traído por alguien a territorio uruguayo".

"Creo", añade el investigador, "que ya demasiado ha sido el aporte de Enrique Amorim, legando la única filmación que muestra en primer plano a Lorca en movimiento… Pero además, hay un elemento que no podemos pasar por alto, y es que las posibilidades de ese posible hallazgo se han reducido más aún, en el sentido de que ahora todo está condicionado a que el disco encontrado tenga una etiqueta aclaratoria o haya una mención en la grabación de que quien habla es Federico. Porque el paso del tiempo ha hecho que en el presente no haya ningún ser humano que pueda reconocer la voz del poeta".

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