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Granada, ciudad del jazz

  • Ool-Ya-Cool, una asociación de amantes del jazz, ha logrado ofrecer una programación estable A pesar de los recortes, los festivales sobreviven milagrosamente.

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Granada fue, es y si la crisis trata de impedirlo la iniciativa privada está dispuesta a hacer todo lo posible para que siga siéndolo, una ciudad de jazz. Hace ya más de un año que un grupo de personas que tienen en común el interés y el amor por la música en directo, sobre todo en este género, han decidido no esperar milagros y poner en marcha este proyecto. Son la treintena larga de integrantes de la Asociación Ool-Ya-Koo, una entidad sin animo de lucro cuyo fin primordial es la promoción y divulgación del jazz mediante diversas actividades y la interacción con otros colectivos afines creados en Málaga, Sevilla, Cádiz o Almería con objetivos similares. 

 

"Nuestro mayor interés, como miembros de la asociación, es fomentar la afición a este lenguaje musical que es el jazz en todas sus formas. En este sentido, podemos definirnos no como una asociación de músicos sino como una asociación de aficionados y amantes del género en primera instancia", explican los socios en el manifiesto fundador.

 

Ool-Ya-Koo nació como un intento de contrarrestar el olvido en el que las administraciones públicas están dejando la música en directo y los festivales de esta disciplina a raíz de la crisis. "El objetivo era hacer una programación al gusto de un grupo de aficionados", cuenta Arturo Cid, uno de los fundadores de esta especie de peña flamenca de amantes del jazz. 

 

"Nos hemos agrupado de manera espontánea e ilusionada y sin interés comercial. Mediante una pequeña contribución económica mensual se pretende posibilitar el milagro de varias actuaciones cada mes, haciendo las gestiones nosotros mismos directamente con los músicos y las salas de actuación para unas condiciones dignas y justas para ambos", señalan los integrantes como uno de sus principios fundacionales. "Nuestro objetivo es llegar con un poco de dinero donde no llegan los locales", puntualiza Cid. 

 

"Por ejemplo, hoy en día es muy difícil programar un quinteto en un bar porque no resulta rentable", explica Cid, quien señala que el apoyo de la asociación ayuda a que sea posible. "Con las cuotas de los socios de diez euros al mes se va poniendo ese 'pellizco' que falta". 

 

El Magic se ha convertido en una especie de "sede no oficial", según reconoce el propio Arturo Cid, un pub que saca partido a la extrañeza de las dimensiones y la distribución de los bares situados en los bajos en la Plaza de Toros. Una decoración cálida y cosmopolita, y la iluminación perfecta, han logrado crear la atmósfera realmente mágica que necesita el género. 

 

"La intención es tan pura como su realidad posible, y además se pretende que no sean simplemente conciertos al uso, sino una forma de encuentro entre músicos y público donde poder compartir experiencias musicales entorno a un único interés: la música en directo en general y el jazz en particular", señalan los socios.

 

"Con la cuota, los miembros del colectivo nos aseguramos la entrada a estos conciertos  y, en un futuro, esperamos tener más ventajas tales como talleres o festivales, premiando la fidelidad de los que contribuyan y sostengan este proyecto", aunque los socios parten de la premisa de que se trata de una contribución "por amor al arte", es decir, para asegurarse un concierto diferente y de calidad con cierta periodicidad.

 

Entre los sueños inmediatos de la asociación está también comprar los instrumentos necesarios para estos conciertos, para que los músicos no tengan que alquilarlos, tal y como precisa Cid. 

 

Pero Ool-Ya-koo no es el único intento de crear un club de jazz estable en Granada. Hace tiempo, a mediados de los ochenta, hubo uno que funcionó bastante bien. Este club contó con socios tan notables Antonio Muñoz Molina, que residía en Granada por aquella época, tal y como recuerda Cid, quien señala que el fin del mismo fue "un convenio con la Universidad de Granada que resultó desastroso". "Funcionó tres o cuatro años pero la falta de independencia fue lo que terminó con él". 

 

Y en cuanto al perfil de los socios, Cid reconoce que "hay de todo": "Pensamos que iba a haber más músicos pero hay mucha gente ajena al mundo de la cultura, enamorada de la música en vivo, que sigue con fidelidad y devoción". 

 

Y aunque el prototipo del enamorado de jazz es un señor que ronda o supera los cincuenta, que viste en tonos neutros u oscuros, dedicado a alguna profesión liberal y amante de la música y los bares a partes iguales, la realidad es otra. Buena parte de la clientela que llena los miércoles El Magic es gente joven. 

 

Pero el Ool-Ya-Koo también contó con una programación estable este verano en la sede de CajaGranada. "El ciclo Jazz en el patio tuvo mucho éxito. Muchas personas acudían allí con sus propias sillas a disfrutar de la música", dice Cid. 

 

Pero otro de los fines de Ool-Ya-Koo es contrarrestar el olvido en el que las administraciones públicas están dejando los festivales de jazz de Granada a raíz de la crisis. "El Festival de Jazz de Granada está vivo de milagro. Es de los festivales más antiguos y debía ser un orgullo para la ciudad, pero no es así, y más en una ciudad en el que la música en vivo no tiene apoyo de ninguna clase", comenta Cid. 

 

Aunque se han hecho intentos de programar ciclos estables que finalmente no han podido estabilizarse, la iniciativa privada ha logrado establecer otros puntos fijos en el mapa de los amantes del jazz granadino. El Tabanco del tío Gregorio es uno de los clásicos entre los 'ya iniciados': los quince metros cuadrados más intensos de las salas de conciertos de Andalucía, como los denominan los especialistas. Pero hay o ha habido muchos más, como el emblemático Café Pícaro o más recientemente el Granada Jazz Club, en Avenida de la Constitución, para los fines de semana. 

 

Pero no sólo en Granada y el cinturón metropolitano hay 'joyas', en la provincia pueden encontrarse locales como el Fusión de Salobreña, el Alexis Viernes de Atarfe o la Chistera de Monachil.

 

La más valiosa, la más exótica y la más valorada cita festivalera es la de Jazz en la Costa. Funciona estupendamente, está lleno siempre y es todo un lujo. Su alma es Jesús Villalba, otros de los nombres propios del Jazz que ha logrado un equilibrio perfecto entre calidad y grupos de fácil acceso, sin exclusión de estilos. Tanto acierto ha habido que se ha colocado en el panorama español estival a la altura de San Sebastián o Vitoria. Aunque también hay otros que se han hecho hueco y se van haciendo un nombre, como el de Busquístar, Baza y Atarfe.

 

"A pesar de todo, Granada sigue siendo una ciudad de jazz, una música que al principio se asociaba a estudiantes, progreso, libertad... Aunque ahora todo está un poco más disperso", señala Cid.

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