Crítica de músicane

Granada, más internacional que nunca

Más de 1.200 personas acudieron a esta cita mundial dedicada a instrumentos de doble lengüeta. Más de 1.200 personas acudieron a esta cita mundial dedicada a instrumentos de doble lengüeta.

Más de 1.200 personas acudieron a esta cita mundial dedicada a instrumentos de doble lengüeta. / g. h.

Granada acoge el Congreso internacional de instrumentos de lengüeta doble, organizado por la IDRS (Instruments of Double Reed Society), y lo hace con una semana llena de actividades formativas y conciertos en torno al oboe y el fagot como centros de atención. Más de 1.200 participantes venidos de todas partes del mundo llenaron el pasado martes el auditorio Manuel de Falla en el concierto inaugural del congreso, que con una de las mayores afluencia jamás conseguidas se configura ya como un hito en la historia de la ciudad.

Los anfitriones de la conferencia, los músicos de la OCGJosé Antonio Masmano y Joaquín Osca, destacaron la enorme aceptación que han encontrado a nivel mundial y el alto nivel de los participantes.

Para la inauguración de esta semana de congreso se organizó un concierto sinfónico en el que la OCG acompañó a seis solistas en la interpretación de un repertorio sumamente interesante y sugerente, y poco conocido por el gran público. Entre lo original de la propuesta figuró el contar con dos maestros: Catherine Larsen-Maguire, que dirigió las obras para fagot y orquesta, y Gordon Hunt, que presidió el podio en las piezas para oboe y orquesta.

El concierto se inició con unas complejas y bellas Variaciones sobre Carnaval de Venecia, compuestas por Agricole Génin. La fagotista Rie Koyama demostró no sólo su dominio del instrumento sino también la versatilidad del mismo al interpretar con suma maestría las complejas variaciones sobre el tema de aire popular que sirve como hilo conductor de la partitura. Los complejos arabescos de la partitura, las melodías entresacadas de figuraciones vertiginosas, el dominio de toda la extensión cromática del fagot o los pasajes por salto son solo algunas de las destrezas demostradas por la fagotista, en una interpretación virtuosa y deliciosa que agradó a la audiencia y la preparó para lo que todavía quedaba por venir.

El primero de los conciertos para oboe fue el movimiento In Memoriam para oboe y orquesta compuesto por Marco Aurelio Yano, pieza que constituye el testamento creativo de este malogrado compositor prematuramente desaparecido. Con un desarrollo orquestal muy amplio, la obra demanda un perfecto control del fiato y gran exigencia de la parte solista, que estuvo a cargo de Alex Klein. Una versátil y reforzada OCG desarrolló el perfecto marco sonoro del solista, en un complejo lenguaje en el que la superposición sonora y los diálogos politímbricos conforman el sello del compositor. Destaca el rico trabajo percusivo y los múltiples pasajes melódicos dedicados a los vientos; en la conclusión de la obra Klein sobrecogió a todos manteniendo durante casi un minuto una nota tenida en un alarde de control de la respiración.

Igualmente interesante fue el estreno mundial de la Sonata-Concierto para fagot y orquesta de Salvador Brotons, una pieza en tres movimientos sin solución de continuidad cuya primera puesta en escena corrió a cargo del fagotista David Tomàs. La obra se inicia con una Intrada e Cadenza de aire misterioso, en el que las cuerdas arropan al solista en un suave discurso conformado por múltiples frases en arcos melódicos bien definidos; la Romanza central abandona el carácter algo sombrío inicial para centrarse en un tono más melancólico que explora las cualidades expresivas del instrumento solista. Finalmente, la tercera parte Giocosa es, como su nombre indica, un juego de diálogos entre el fagot solista y la orquesta.

El canto del cisne para oboe y orquesta de Jordan Gudefin, interpretado magistralmente por Sebastien Giot, fue otro de los descubrimientos de la noche. Esta obra, eminentemente melódica, pone en manos del oboe toda la capacidad expresiva de este canto, en un estilo elocuente y delicado con reminiscencias cinematográficas.

La obra más conocida de la velada fue el Concierto en Fa mayor para fagot y orquesta op. 75 de Carl Maria von Weber, que aunque no deja de ser una rareza en la producción del autor, ha sido desde su composición una pieza fundamental del repertorio para este instrumento. El fagot Matthias Racz fue el encargado de afrontar esta partitura con decisión y versatilidad, un claro ejemplo de un incipiente romanticismo que juega hábilmente con el diálogo entre solista y orquesta.

Para finalizar el plato fuerte fue, sin lugar a dudas, Legacy, concierto para oboe y orquesta de Oscar Navarro. La obra de este joven compositor, compuesta en el 2015, fue interpretada por primera vez en Granada de la mano de un granadino: el joven oboísta Ramón Ortega, que pese a su juventud demostró un dominio del instrumento prodigioso. Esta partitura, enormemente compleja tanto por su rica textura orquesta como por lo enrevesado de la parte solista, fue el broche de oro de la velada. Ramón Ortega estuvo colosal, salvando con maestría y control los múltiples fragmentos de figuraciones y arabescos melódicos que el compositor exige al solista, y demostró un dominio de la respiración y la emisión prácticamente prefectos. Como en las ocasiones anteriores, los asistente (todos ellos buenos conocedores de las técnicas interpretativas y dificultades de las obras) premiaron el esfuerzo de solista y orquesta con una prolongada ovación que puso fin a una velada en la que Granada fue más internacional que nunca.

Múltiples actividades (conciertos, clases magistrales, conferencias, sesiones colectivas...) llenarán varios escenarios durante jornadas de más de doce horas de duración toda la semana, que incluirá la certificación por parte del libro Guiness de los récords de esta concentración de instrumentistas de lengüeta doble como la más numerosa de la historia; será el viernes 31 por la noche en la explanada del Palacio de Congresos, con entrada libre. Toda una oportunidad para ser testigos de la historia.

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