Novedades editoriales

La llamada de Cthulhu

  • Alianza publica los volúmenes antológicos con las mejores piezas de H. P. Lovecraft: 'Los pilares de Cthulhu' y 'En las montañas de la locura y otros relatos'

H. P. Lovecraft, en una ilustración. H. P. Lovecraft, en una ilustración.

H. P. Lovecraft, en una ilustración. / G. J.

¿Cuál es la pronunciación exacta de Cthulhu? No sabría decirlo; nadie sabría. Cthulhu es un empasto de letras que imita una palabra anterior a la invención de las palabras. Cthulhu es una gárgara, un gorgoteo, un chapoteo. A H. P. Lovecraft se le apareció en un sueño y los sueños son, según el propio escritor, "más antiguos que el inquietante Egipto o la contemplativa Esfinge".

En este sueño, Lovecraft se veía a sí mismo intentando vender una escultura propia al museo de antigüedades de Providence, su ciudad natal. El director del museo se mostraba primeramente reacio a la adquisición pero, al ver la escultura, cambiaba de actitud e intentaba comprársela haciéndole una oferta desproporcionada. El escritor la rechazaba porque sabía que el otro destruiría la escultura nada más obrar en su poder. Todo esto ocurría en 1920.

Portada del libro 'En las montañas de la locura' de Lovecraft (Alianza). Portada del libro 'En las montañas de la locura' de Lovecraft (Alianza).

Portada del libro 'En las montañas de la locura' de Lovecraft (Alianza). / G. H.

El autor de novelas de ciencia ficción volvió a invocar ese nombre impronunciable en febrero de 1925, cuando un seísmo sacudió los cimientos del edificio donde vivía allá en Brooklyn. A partir de estas dos circunstancias -la pesadilla, el terremoto-, Lovecraft escribió La llamada de Cthulhu (1926), un libro donde habla de un mundo anterior al mundo, hollado por seres provenientes de lo más profundo del cosmos, expulsados de la superficie del planeta en un tiempo anterior al tiempo, que ahora vagan por el vacío sideral o dormitan acovachados bajo tierra en espera de una segunda oportunidad. Cthulhu ya existía cuando el hombre todavía no había aparecido sobre la faz de la Tierra.

Esta narración cimentó una prolija mitología habitada por criaturas entre la hipérbole y la hipertrofia y, con posterioridad, una cosmogonía asimismo aberrante, basada en la antigua teoría de la panspermia, según la cual la vida sobre la Tierra es de origen extraterrestre (Lovecraft era un apasionado de astronomía).

Los mitos de Cthulhu inspiraron asimismo una serie de relatos propios y extraños, alguno tan extraordinario como El color surgido del espacio (1927), y algunas novelas breves muy sugerentes: El horror de Dunwinch (1928) o La sombra sobre Innsmouth (1931), todas ellas recogidas en Los pilares de Cthulhu (Alianza). Entre ellas, destaca la apasionada y obstinada En las montañas de la locura (1931) -también en la editorial Alianza- que toma prestado el título de un texto de Lord Dunsany incluido en el volumen Cuentos de un soñador (1910).

En las montañas de la locura sería una secuela tardía de La narración de Arturo Gordon Pym, ya saben, la novela inconclusa de Edgar Allan Poe; a través de la ficción, Lovecraft rinde homenaje al maestro, desahoga su interés por las expediciones a la Antártida y, según Lin Carter, exorciza su extrema sensibilidad al frío, una exégesis tan atractiva como insensata o de un atractivo proporcional a su insensatez. Junto al vértigo y la náusea, el frío glacial es una sensación poderosa en el relato.

H. P. Lovecraft y Edgar Allan Poe, juntos en 'Los Simpson'. H. P. Lovecraft y Edgar Allan Poe, juntos en 'Los Simpson'.

H. P. Lovecraft y Edgar Allan Poe, juntos en 'Los Simpson'. / G. J.

Lovecraft hace un relato pormenorizado de una expedición a la Antártida -un mundo otro- y del descubrimiento de una ciudad anterior a la construcción de las primeras ciudades conocidas. El escritor siempre hizo gala de un gusto exacerbado por el paisaje que supo recrear en sus mínimos particulares, tanto en su esplendor como sobre todo en su deterioro; al escritor le inquieta el mantillo en descomposición amontonado en algunos rincones del bosque o la erosión de la roca por la acción tenaz del viento.

El autor dedica esta novela casi por entero a la descripción puntillosa de la ciudad oculta entre el hielo milenario, una arquitectura abominable que luego reencontraremos en algunos relatos de Jorge Luis Borges. Sin esfuerzo aparente, Lovecraft crea una atmósfera malsana, opresiva, y transmite al lector esa sensación de asombro y repulsa de quienes se enfrentan a algo que no saben describir porque su nombre no es exactamente un nombre.

Lovecraft repite sottovoce el axioma shakesperiano de que hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que imagina nuestra filosofía. En sus historias, el ser humano se descubre ínfimo y precario ante la inmensidad e indiferencia del cosmos, y abraza la ignorancia para no sucumbir a la locura.

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