Juan Cano Pereira ('Los niños de las caras'): "Iker Jiménez se valió de las caras de Bélmez" "Probablemente, ya nunca sepamos qué son las caras de Bélmez"

  • 'Los niños de las caras' (editorial Sial Pigmalión) de Juan Cano (1965) es un tratado biográfico sobre los críos coetáneos al misterio de este pueblo de Jaén

Juan Cano (1965), autor de 'La niña de las caras' Juan Cano (1965), autor de 'La niña de las caras'

Juan Cano (1965), autor de 'La niña de las caras' / G. H.

Juan Cano Pereira nació un 5 de noviembre de 1965 en Granada, aunque es de Bélmez de la Moraleda –belmoralense– por los cuatro costados. Fue uno más de niño de aquellos que salían pululando en las fotos de Pueblo y en las imágenes de la televisión nacional o internacional cuando toda España centraba su atención en unas caras surgidas en una pared de una casa de un pueblo de Jaén. Una historia que llevaba dentro y que ha llevado a su primera novela: Los niños de las caras, editada por Sial Pigmalión.

–¿Cómo fue el proceso creativo?

–Con 55 años, y con una vocación literaria temprana de la que algo hablo en la novela –un librito compartido con otro autor en el que se recogen mis relatos adolescentes: Escritos de la anteguerra, edición no venal, del año 83–, se puede adivinar que este libro comencé a escribirlo muchas veces. Un libro que hablara de la peculiar historia del pueblo donde nací y lo que me marcó de una manera u otra. Pero precisamente, el hecho que más determinó la trayectoria de Bélmez de la Moraleda durante las últimas décadas del siglo XX, era para mí el principal hándicap a la hora de desarrollar mi propósito.

–Habla mucho de García Márquez y otras fuentes de inspiración en la obra, ¿cuáles son sus escritores de referencia?

–Hablo de mis primeros referentes literarios, sí: de García Márquez, de Valle Inclán, del húngaro László Passuth… Porque la casualidad o causalidad los puso en mis manos a través de las de aquella entrañable bibliotecaria, como el encargado que hubo anterior a ella me había aficionado a los cómics a través de Tintín. Luego hay alguna referencia a Kundera… Creo que leer y reconocer el talento de muchos escritores y, por supuesto, el genio de esos pocos elegidos me ayuda a intentar ser mejor escritor. García Márquez, siempre será un referente para mí, porque está en mi inquietud por contar historias desde el principio. Luego él me llevó a su maestro en esto del realismo mágico: Juan Rulfo porque puede que mi Bélmez de la Moraleda sea mi Comala particular, ¿no? De las inquietudes literarias que me bullen en la actualidad estaría La piel de Curzio Malaparte, y en cuanto a la literatura en castellano, no puedo dejar de nombrar a Eloy Tizón, a quien considero el mejor cuentista actual en lengua española.

–¿Tenía desde el principio pensado hacer una autoficción o los recuerdos le fueron llevando ahí?

–Lo que tenía más claro desde el principio es que la historia la tenía que contar ese niño de casi seis años que yo era aquel 23 de agosto de 1971. Lo digo mucho, pero es mi verdad sobre el proceso de este libro: mi yo actual se sentía en deuda con aquel niño al que debía, al menos, intentar liberar de sus frustraciones, haciéndole contar su historia, que en definitiva es reflejo de las historias de otros niños de las caras; de mis paisanos nacidos antes, durante y después del fenómeno –la historia de Bélmez tal vez haya que expresarla a partir de ahora así, como antes y después de las caras–. De ahí que, el proceso de documentación sirviera de liberador de la memoria, haciendo surgir unos recuerdos que estaban escondidos debajo de toda la marabunta de noticias que sobre las caras de Bélmez se dieron principalmente entre agosto del 71 y febrero del 72.

–¿Cómo fue para un niño ver tantas cámaras, periodistas y revuelo en un pueblo como Bélmez?

–Cuando eres un niño de esa edad y te estás iniciando en el descubrimiento de las cosas, lo que ves en tu día a día lo consideras la normalidad. Si estás creciendo en mitad de una guerra, lo normal para ti es la muerte; si has nacido hijo de un famoso, lo normal para ti son los privilegios y también las trabas de la fama; si has crecido en Bélmez de la Moraleda y cuentas ahora mismo entre cincuenta y sesenta años, la normalidad en nuestra infancia era el revuelo de prensa, televisión, invasión del pueblo, y unas extrañas figuras que salieron en el suelo de la cocina de nuestra vecina María, las cuales nos despertaban tanta curiosidad como capacidad de sorpresa tiene un niño; es decir, mucha. Pero eso sí, nunca miedo, ya que prácticamente nacíamos a la vida a la vez que las caras.

–¿Es cierto que había gente le daba vergüenza ser de Bélmez y decía "soy de un pueblo de Jaén"?

–Esa es una experiencia ya de mi adolescencia, de cuando sales de Bélmez y te vas a estudiar o a trabajar fuera. No es muy agradable que te llamen “el cara de Bélmez”, porque tú, como habitante y sufridor de Bélmez, no entiendes que tu pueblo y los hechos acontecidos en él se hayan convertido en algo que ya no te pertenece a ti, sino que está en la cultura popular; hasta un simple chiste te parecía hiriente. Pero eso no quiere decir que renegaras de tu pueblo, más allá de lo que puede ser normal en la lógica evolución personal. Es más, considero que fue necesario en el proceso vital de los habitantes de Bélmez ese rechazo para poder aceptarse después tal y como uno es con respecto a este pueblo y sus caras.

–Conozco gente para la que sería un motivo de orgullo ser de un pueblo como Bélmez de la Moraleda...

–Eso es muy común entre las nuevas generaciones de amantes de este tipo de casos, ¿no? A mí, en particular, que no soy nada amigo de la parapsicología por mucho que haya estado pululando por mi vida, o precisamente por ello, me parece muy respetable y hasta entendible.

–¿Sigue pasando que haya gente a la que le dé vergüenza decir que es del pueblo de las caras?

–No, el círculo, la herida, aunque haya mucha gente que no la entienda, se cerró con la realización del Centro de Interpretación de las Caras. Sobre todo, porque el enfoque que tiene su exposición encierra la manera de abordar el fenómeno que tenemos la mayoría de belmoralenses cuando se nos pregunta sobre él: esto es lo que ocurrió, aquí se lo presentamos y, ahora, ustedes saquen sus propias conclusiones.

–¿Le ha costado alguna pelea defender sus raíces?

–Las redes sociales han dado voz a todos y en todos los asuntos. Alguna vez, imagino que como a todos, me he enzarzado con una de esas nuevas eminencias. Con los mismos que de pronto son epidemiólogos, al momento son parapsicólogos o entendidos de las caras sin haber estudiado medicina o sin haber visto, leído, mucho menos abordado antes la historia de las caras de Bélmez. Aparte de eso, me enfadó mucho que unos emprendedores de ropa surfera decidieran utilizar las caras de Bélmez como imagen, incluso en el mismo nombre de su marca. Pero volvemos a los mismo: Bélmez, sus caras, ya son parte de la cultura popular, y esta gente se limitó a registrar un nombre comercial y una imagen que nadie tenía registrados.

–¿Ayudó Iker Jiménez al fenómeno de las caras o al contrario?

–Definitivamente, al contrario. Iker se valió, con todo el esfuerzo y trabajo que ello le supuso, de las caras para hacerse un nombre. Luego hay que mantenerse, y eso ya ha sido trabajo suyo.

–¿Cómo valora la conocida como operación tridente de las caras?

–Esa teoría desarrollada por Iker Jiménez y Lorenzo Fernández es, a rasgos generales, la opinión más generalizada que siempre pululó sobre el tema en Bélmez. Ellos la ordenaron, sistematizaron y documentaron. La valoro como un gran trabajo periodístico, y se lo agradezco tanto al señor Jiménez, el más mediático y famoso, como al señor Fernández, que desde mi punto de vista es el más periodista.

–Si le pidieran una explicación, un breve resumen de la historia de las Caras de Bélmez, ¿cuál sería?

–Si me pidieran una explicación, diría que, aún la ciencia ,o porque no se ha puesto en serio con ello o porque aún no ha nacido la mente privilegiada o el adelanto tecnológico pertinente para efectuarlo, no ha dado con la explicación de lo que son. Probablemente, debido al estado actual de algo que ha perdurado en el tiempo durante cincuenta años, ya nunca sepamos qué son las caras de Bélmez.

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