Artes plásticas

Joaquín Peña-Toro vuelve su mirada a José Guerrero

  • El pintor granadino protagoniza la muestra Ruido blanco que podrá verse desde mañana hasta el próximo 22 de septiembre en el espacio de Diputación

Joaquín Peña-Toro vuelve su mirada a José Guerrero Joaquín Peña-Toro vuelve su mirada a José Guerrero

Joaquín Peña-Toro vuelve su mirada a José Guerrero / JULIO GROSSO

El pintor granadino Joaquín Peña-Toro protagoniza los meses de verano en el Centro José Guerrero con una exposición que se inaugurará mañana y que podrá verse hasta el próximo 22 de septiembre. La muestra, que lleva por título Ruido Blanco, pertenece a la serie La colección del Centro vista por los artistas, un interesantísimo proyecto de la Diputación de Granada que invita a figuras de las artes plásticas vinculadas a la ciudad a establecer un diálogo con la obra de Guerrero.

Con tal motivo, Peña-Toro ha elegido un conjunto de piezas que pertenecen a la etapa que el crítico de arte Juan Antonio Ramírez califica como “neoabstracta” o de “pintura-pintura”, iniciada en 1975. En concreto, la serie de bocetos sobre papel cuadriculado fechada en 1977-1978 contiene una gran variedad de soluciones formales que, como una batería de posibilidades, desarrolla el lenguaje presente durante toda esta etapa. El trabajo con diferentes tipos de papel, ya sea charol opaco en unos casos o seda translúcido en otros, materializa las masas de color que luego serán producidas por brochazos.

“Estoy especialmente interesado en los cuadros de “pintura pintura” de José Guerrero. La mezcla de rigor compositivo con su libertad para mantener los gestos marcados por el lienzo, sin repaso, que mantienen la energía y tensión del momento de pintar. Casi podemos escuchar las cerdas de brocha en un recorrido recio sobre el grano de tela”, señala el pintor granadino.

De la colección de José Guerrero se exhiben ocho lienzos, cuatro obras sobre papel y una serie de veinte collages; en cuanto a Joaquín Peña-Toro, se presentan seis obras sobre lienzo (dos de ellas acompañadas por las piezas musicales de Rubén Jordán), otras tantas sobre papel, cinco pinturas sobre tabla y tres serigrafías realizadas en el taller de Christian Walter.

Pero Peña-Toro no sólo ha querido dialogar con la obra pictórica de Guerrero, también con el propio continente realizado por el arquitecto Antonio Jiménez Torrecillas, un edificio con el que los cuadros también parecen dialogar a la perfección en lo que califica un acto de “justicia poética”.

El pintor, que ha contado siempre con la arquitectura como una de las fuentes de inspiración de sus trabajos, vuelve a mirar también a los “edificios de la vida cotidiana” para componer bellas obras que evocan azoteas de Nueva York pero sobre todo inmuebles de Granada como el cercano Mercado de San Agustín o bloques de apartamentos de la costa granadina.

Pero el pintor trasciende lo figurativo en una muestra con una serie de obras inspiradas en el propio proceso pictórico creadas ex profeso, pero también con un repaso a sus creaciones de las últimas dos décadas.

Con diferentes técnicas y soportes pero casi siempre con el acrílico como hilo conductor, el pintor centra su mirada la configuración formal generada por Guerrero. En el papel, las composiciones del maestro quedan supeditadas a los bordes producidos por el rasgado: amplios en su dibujo, imperfectos en su definición y disidentes de la rectitud.

Las piezas presentadas en esta exposición por Joaquín Peña-Toro dialogan con estos procesos creativos de José Guerrero. Subrayan que el uso del papel para abocetar las manchas (que Guerrero transformaría en pintura) condiciona la composición final establecida en los cuadros.

Al tiempo, Peña-Toro contrasta los planteamientos abstractos con imágenes figurativas “que se alojan en pliegues producidos por los gestos de pura pintura”.

“En la figuración que practico me demando exactitud pero soy consciente de que esa rigidez debe ser constrastada con las huellas propias de la pintura. La geometría compone mi trabajo pero me zafo de mis imposiciones congelando su forma: cubro los bordes de la zona que pintaré (la tarea de ese momento, como si fuera un fresco) de modo que, en lenguaje médico, preparo un campo quirúrgico”, detalla Peña-Toro, quien asegura que de este modo, trabajo despreocupado “con el vocabulario que más identifico con lo pictórico”: “Una vez completada la tarea, descubro los bordes y la forma queda intacta... pero conteniendo un infinito murmullo. Se escucha, al fondo de la figuración, el ruido de la pintura”.

En total, Ruido Blanco estará formada por más de cuarenta obras de ambos artistas, junto a un breve vídeo en el que Peña-Toro cuenta su proceso creativo. Además, en la tercera planta en el espacio que el director del Centro José Guerrero,Francisco Baena, ha denominado Cuarto Translúcido, puede verse una serie de vídeo creaciones de Pedro Puertas.

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