José Carlos Rosales | Poeta "Los héroes no necesitan monedas porque nunca pagan"

  • El escritor granadino presentará esta tarde en la Centro Lorca su último trabajo: una antología en la que reflexiona sobre el vínculo entre lo lírico y lo económico publicada en Vaso Roto

“Los héroes no necesitan monedas porque nunca pagan” “Los héroes no necesitan monedas porque nunca pagan”

“Los héroes no necesitan monedas porque nunca pagan”

José Carlos Rosales vuelve a las librerías con un volumen de poesía, aunque en este caso no firma los versos sino el interesante prólogo en el que reflexiona sobre los vínculos entre lo económico y lo lírico. A mi trabajo acudo, con mi dinero pago, una antología poética que recoge poemas de autores tan diversos como el Arcipreste de Hita, Góngora o Quevedo pasando por Bécquer, José Martí o Antonio Machado hasta llegar a García Lorca, Borges, Gloria Fuertes, Felipe Benítez Reyes, Manuel Vilas o Roger Wolfe.

–La idea de este libro surgió de una conferencia que pronunció en el Ateneo de Granada en el año 2013. ¿Cómo fue la evolución de ponencia a antología poética?

–Aquella conferencia sobre las relaciones entre poesía y dinero fue más bien una conversación entre amigos. Me sirvió para ordenar un poco mis ideas, para contrastar con otros las hipótesis que entonces me estaba planteando. También me motivó para seguir indagando, leyendo y discutiendo con amigos y poetas de confianza. A partir de ahí todo fue más fácil.

–Incluso, ya en el marco de aquellas charlas, temía el rechazo que este tema puede suscitar porque “el funcionamiento de las metonimias no se puede frenar” y de tanto “estar próximas” las dos ideas, “la avaricia y el dinero”, al final “una nombra y contamina a la otra”. ¿El dinero, entonces, sí es bueno?

–Pienso que el dinero no es, en principio, ni bueno ni malo. Depende de cómo se haya ganado, en qué se gaste o para qué se use. El funcionamiento del dinero de cada día es algo que va más allá de la avaricia. Hay, además, muchas clases de dinero, tantas como clases de hogueras; y no todas las hogueras se usan para quemar libros o personas. Con el dinero pasa algo parecido. Su cualidad moral depende de la de aquel que lo tenga.

–Esa tesis va contra la creencia abrazada –al menos públicamente– por los artistas en general y poetas en particular de rechazar el vil metal. ¿Cuántos conoce que, como decía Machado con ironía, “son filósofos nutridos de sopas de convento” que “contemplan impasibles el amplio firmamento”?

–La verdad es que conozco bastantes intelectuales que están nutridos de doctrinas inamovibles, lo que Machado llamaba sopa de convento, también llamada sopa boba, es decir, un menú con pocas ideas, un pobre menú al que sólo se puede aspirar tras mostrar una fidelidad servil al capellán de turno del convento dominante.

–¿Cómo se separa el dinero de lo que denomina “esa mugre moral”? ¿Lo que lo cambia todo es el concepto de trabajo?

–Bueno, me parece que el dinero que nos pagan por trabajar honradamente carece de mugre moral. Otra cosa sería lo que hagamos luego con nuestro salario; ya se sabe, hay muchas maneras de pudrirlo o malbaratarlo. Pero el dinero, en principio, no es algo sucio. Ya lo dice el poeta José Luis Piquero: “El dinero no es sucio. ¿Acaso tu mascota o tu bebé son sucios?”

–También encontramos aquí el tema del género. Una de las que lo señaló más claramente fue Virginia Woolf cuando dijo aquello de que “una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas”. ¿Coincide con ella en eso de que “la libertad individual depende de cosas materiales”?

–Habría mucho que hablar sobre esta idea. Pero no deja de ser cierto que, si no tienes qué comer o dónde dormir, difícilmente puedes ejercer tu libertad, sea intelectual o de otro tipo. Y eso es lo que sugería Virginia Woolf; sólo si las mujeres disponían de un espacio propio o del dinero suficiente para mantenerse, sólo de ese modo, podrían escribir poemas o ejercer su libertad de pensamiento.

–La mujer funcionó como mercancía intercambiable entre familias y tribus. En el libro apunta que la poesía lírica podría haber surgido cuando eso cambió. ¿Por qué?

–Las mujeres empezaron a dejar de ser una mercancía cuando reclamaron su derecho a escoger marido. Antes de eso fueron secuestradas, compradas o intercambiadas entre tribus y familias. El amor como mecanismo matrimonial es algo muy reciente: suponía la renuncia, por parte de los hombres, al uso de la fuerza; y con esa renuncia se facilitaba un espacio para la seducción verbal. La poesía lírica de Petrarca, y de otros poetas italianos de aquella época, nace en ese nuevo clima de relaciones entre hombres y mujeres, en ese espacio donde la fuerza del brazo ya no sirve para alcanzar el corazón o la voluntad de una mujer. De ahí que al pensamiento heroico no les gustara demasiado la poesía petrarquista. Lo dice Boscán cuando nos cuenta que ciertos poetas españoles tradicionalistas de su época sostenían con menosprecio que la nueva poesía era una poesía insustancial, sólo una poesía para mujeres, pues las mujeres no estarían capacitadas para entender “cosas de sustancia”.

–¿Cómo se cierra ese triángulo mujer, poesía lírica, dinero?

–Bueno, no sé si ese triángulo podría darse por cerrado. A las mujeres del mundo les queda todavía un largo camino que recorrer hasta alcanzar su plena libertad. Pensemos que todavía hay países donde es habitual el matrimonio por rapto, donde las mujeres no pueden asistir a la escuela o a la universidad, donde las mujeres no pueden aspirar a un espacio propio ni a un dinero propio. En esos lugares la poesía lírica no lo tiene muy fácil. Y la economía monetaria tampoco. Algo de ello puede verse en la película de La masai blanca, de 2005. O en la novela de Margaret Atwood El cuento de la criada.

–También tiene cabida en su libro una revisión de los nuevos modelos de vida y de relaciones on-line, un mundo en el que incluso el dinero físico está en riesgo con “el advenimiento de la economía virtual”.

–Si no conseguimos evitarlo, parece ser que así será: desaparecerá el dinero físico, el comercio presencial, los cines, las librerías y tantas cosas más; y la poesía se convertirá en una especie de desahogo trivial y efímero, intranscendente. Todo será virtual, invisible, el amor y la amistad también serán virtuales, efímeros. La desaparición del dinero, el desarrollo de la economía virtual y la instauración de las criptomonedas podrían suponer una andanada letal contra la soberanía de los Estados, contra la libertad sindical y contra la libertad personal de cada uno; nadie estará a salvo de los desaprensivos que controlan las falsas noticias, la economía sumergida o la destrucción del paisaje.

–El prólogo es un texto muy personal, con algunos fragmentos casi de prosa poética, como la reflexión sobre el tiempo con el que se abre. Además de escrito en primera persona. Asegura que “si no hay dinero propio no hay libertad intelectual ni tampoco posibilidad de escribir poemas lejos de toda esa cadena de imposiciones más o menos sutiles”. ¿Cuánto hay de su propia experiencia como poeta?

–Mi experiencia como poeta recorre cada una de las páginas del libro. Pero también mi experiencia como ciudadano y como sindicalista que siempre defendió la libertad de pensamiento y un trabajo digno para todos.

–Pero habrá casi tantos “tipos de dinero” como autores que se recogen en la antología. ¿Podría citar algunos?

–Pienso, entre otros posibles, en José María Cumbreño, en Begoña Ugalde, en Juan Carlos Mestre, en Fina García Marruz, en Antonio Orihuela, en Cristina Peri Rossi, en Luis Melgarejo o en Leticia Herrera. Todos sus poemas son magníficos y recogen tonos poéticos muy diversos y situaciones económicas muy dispares: el padre que no tiene dinero para satisfacer las ilusiones de su hijo, la economía final de las últimas monedas, el dinero excesivo del amor adulto, los abusos oscuros de los bancos, la música barata de las calles y las plazas, la contabilidad de los más pobres o la fantasía simbólica de ahorrar dinero para comprarte un avión y saludar desde el aire a tu hija.

–¿Qué excepciones hay que traten el tema del dinero de una forma positiva?

–Hay en esta antología más de un poema así. Pienso, por ejemplo, en el de Antonio Rivero Taravillo.

-Un aforismo de Wallace Stevens sirve como punto de partida a las reflexiones del libro: “El dinero es una forma de poesía”. ¿En qué sentido, “un soneto es una moneda”?

–La segunda idea procede de un soneto del poeta inglés Dante Gabriel Rossetti. Y no sólo dice eso, también dice Rossetti que “un soneto es un monumento al instante”. Las dos ideas son paralelas. De algún modo el soneto funciona como una moneda, ambas cosas son memoria de un instante, sólo son o existen mientras se gastan o se leen. Estas ideas de Rossetti son las que probablemente desencadenaron el aforismo de Stevens.

–¿Y por qué “el dinero es un monólogo”?

–Me parece que, en muchas ocasiones, todos llevamos en nuestra cabeza, de vez en cuando, de un modo u otro, monólogos similares a los que distraían a la desafortunada lechera de la fábula de Samaniego. Me refiero al cuento de la lechera.

–El poema más famoso de las letras españolas dedicado al dinero es el de Quevedo, tanto que uno de sus versos se ha convertido en un dicho popular: “Poderoso caballero es don Dinero”. ¿Se mofa Quevedo del dinero porque altera los mecanismos habituales de ascenso social?

–A Quevedo no le gustaba demasiado la movilidad social. Había nacido en la España del siglo XVII, en una rígida sociedad estamental, y no podía imaginarse otra forma de vida. Y como, con el desarrollo de las economías monetarias, esa sociedad estamental podía tambalearse, Quevedo se burlaba con ingenio muy agudo. Para él era insoportable que el dinero hiciera iguales al duque y al ganadero. De todos modos, como todo poeta genial, es capaz de elevarse por encima de su propia época o de su propio pensamiento y nos ofrece afirmaciones muy sagaces, por ejemplo, cuando dice que el dinero “ablanda al juez más severo” o que “quebranta cualquier fuero”.

–¿Por qué los héroes no llevan monedas?

–No las necesitan. Para conseguir algo les basta con la fuerza de su brazo o con la obligatoria cesión que los de abajo han de hacerles de toda clase de bienes y servicios. Por eso Don Quijote no quiere ni puede entender que el ventero intente cobrarle. Los héroes no necesitan monedas porque nunca pagan, en sus bolsillos nunca llevan dinero. Ni los héroes antiguos ni los de ahora.

–¿Qué criterios ha seguido para elegir a los poetas? De los actuales hay bastantes vinculados a Granada

.–Bueno, esos poemas no están porque sus autores sean de Granada. Están porque son poemas muy valiosos. Como todos los que hay en el libro.

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