Juan Castilla Brazales | Escritor “Jamás habría sospechado que esta historia atraparía tanto al lector”

  • El presidente del Ateneo de Granada presenta su nuevo libro, 'Al oeste de los sueños'

Juan Castilla Brazales, autor de la novela. Juan Castilla Brazales, autor de la novela.

Juan Castilla Brazales, autor de la novela. / G. H.

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La trayectoria de Juan Castilla Brazales (Linares, 1961) como arabista está respaldada por la publicación de numerosos artículos y libros de contenido científico y divulgativo, su participación en proyectos de investigación y su actividad como docente en la Universidad de Granada. Ahora presenta su nuevo libro de la mano de Ediciones Miguel Sánchez: Al oeste de los sueños.

–¿Por qué este título?

–Surgió de manera espontánea, si bien guarda estrecha relación con el desarrollo de la historia que se narra en la novela y, especialmente, con la experiencia vital del protagonista, un joven de familia acaudalada que abandona todo por seguir los pasos de una chica de condición humilde. Lo que comienza siendo la actuación apasionada y arriesgada de un muchacho enamorado que atraviesa los condados de un Reino Unido sumido en la hecatombe de la Segunda Guerra Mundial, irá transformándose en una sucesión de acontecimientos que lo obligarán a hacer frente a su pasado, plagado de escenarios que ignora, de secuencias que desconoce, de episodios que jamás antes supo calificar. Su proceso de madurez no se hará esperar. Le llegará a través de muchos capítulos de su existencia a los que ahora pondrá nombre. Todos tenemos sueños: Unos se dejan atrapar; otros, en cambio, se nos escapan. Estos últimos quedan estacionados en algún lugar del que nos alejamos por las razones y circunstancias más imprevisibles. A partir de ahí podemos acabar en cualquiera de los puntos que marca una brújula.

-¿Puede contar algo más sobre su libro?

–Un exceso de simplificación me llevaría a decirle que éste tiene que ver con el devenir de un joven que, después de llevar una vida aparentemente apacible, libre de zozobras, ha de hacer frente a su enigmático pasado cuando menos lo espera. Sin embargo, la novela es mucho más que eso. Rinde culto al amor, la lealtad, el honor, pero, sobre todo, a la amistad.

–¿Es Al oeste de los sueños una novela bélica?

–Tiene unas coordenadas temporales, la Segunda Guerra Mundial, otras espaciales, Reino Unido, y una estética y una ambientación que se corresponden con las de los años cuarenta. Sin embargo, la novela no trata sobre la guerra ni hace especial hincapié en el paisaje urbano y rural británicos. Son elementos de fondo que, al igual que otros aderezos, acompañan a la historia. El relato contiene elementos propios de la novela negra o, si se quiere, policíaca, pero no cabe en absoluto encasillarlo en este género o subgénero. Como ya es habitual en mí, exploro la ambivalencia del alma humana, reflejada en los conflictos que enfrentan a los personajes y en las situaciones que componen la trama. Todos ellos arrastran tras de sí su propia historia y creo honestamente que eso enriquece el contenido de la novela.

–¿Alguna curiosidad?

–Jamás habría sospechado que esta historia atraparía tanto. Me emociona oír decir a los lectores que las páginas de esta novela se leen de un tirón. Más de uno me ha confesado que se ha mantenido despierto más allá de las doce de la noche movido por el afán de conocer qué ocurre en el siguiente capítulo. Creo que para alguien que escribe no cabe mayor recompensa.

–El 25 de marzo le vimos presentando su libro en Granada. ¿Qué le ha aportado esta ciudad?

–No creo descubrir nada nuevo si digo que es la ciudad en la que llevo viviendo más de media vida y ha hecho de mí gran parte de lo que soy. Me ha dado mucho sin pedirme nada a cambio. En ella me he formado como profesional y he crecido como persona. Gracias a ella he tenido la fortuna de acumular valiosas experiencias que, probablemente, no me habrían brindado otros lugares. Todas ellas, positivas y negativas, me han ayudado a aprender, a superarme, a no rendirme nunca y a mantener intactos y en continua renovación mis sueños e ilusiones. También en Granada construí una familia. Ella constituye el pilar fundamental en el que me apoyo para emprender cualquier tipo de aventura o proyecto. En suma, ¡cómo no!, le debo mucho a Granada.

–Es el director del proyecto de investigación Catálogo y estudio de las inscripciones árabes de la ciudad de Granada. ¿Puede explicar en qué consiste esta labor?

–El título ya define con bastante precisión la labor que un equipo de investigación de la Escuela de Estudios Árabes, del CSIC, venimos desempeñando desde hace un año. Consiste en catalogar, estudiar y analizar todas y cada una de las inscripciones árabes que aún hoy día permanecen en pie en los edificios granadinos de origen árabe. Ya lo hicimos en su momento con el Conjunto Monumental de la Alhambra y Generalife y recibimos con agradecimiento un premio nacional por nuestro trabajo. Eso alimentó sin duda la idea que yo personalmente. venía concibiendo desde hacía un tiempo: después de la Alhambra, tocaba el turno a la ciudad de Granada. Es un proyecto ilusionante de cuyos resultados iremos dando cuenta.

–¿Puede decir algo más sobre su papel como guionista y autor de documentales?

–No tiene nada de especial si se tiene en cuenta que llevo muchos años comprometido con la labor de difusión y divulgación del pasado araboislámico de la Península Ibérica, tratando de dar a conocer entre un público no especializado las claves históricas, sociales y de la vida cotidiana que cabe extraer después de estudiar nuestro patrimonio monumental y documental. Al hilo de lo que vengo diciendo, nunca han faltado llamadas de productoras que han depositado generosamente su confianza en mí para encargarme la elaboración de guiones relacionados con las etapas de la historia a las que vengo refiriéndome.

– ¿Puede adelantar algo sobre sus futuros proyectos?

–Los tengo, sin duda. Sin embargo, nunca me ha gustado explorar nuevos continentes sin antes dejar bien controlados y consolidados los que dejo atrás. Si de algo puedo sentirme satisfecho es de una particularidad y es que rara vez he dejado incompleto algo en lo que me haya involucrado.

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