'Días como aquellos. Granada 1924' | Reseña Los tiempos felices de Juan Ramón, Lorca y Manuel de Falla

  • Alfonso Alegre presenta 'Días como aquellos. Granada 1924', el ensayo sobre el encuentro de tres de los artistas más grandes del siglo XX

Los tiempos felices de Juan Ramón, Lorca y Manuel de Falla Los tiempos felices de Juan Ramón, Lorca y Manuel de Falla

Los tiempos felices de Juan Ramón, Lorca y Manuel de Falla / Fotos cedidas por Fundación Lara (GRANADA)

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“Nosotros no hemos olvidado nunca aquellos días de Granada, en que ustedes nos acompañaron tanto, haciéndonos un doble paraíso de su ciudad maravillosa”. Estas palabras de Juan Ramón Jiménez sirven al ensayista Alfonso Alegre como preámbulo a su estudio de la visita que el poeta realizó a la familia Lorca en el año 1924. Una estancia que el onubense recuerda así:“Cuando estábamos en Madrid mirábamos aquellas fotografías que nos hicimos juntos en tanto sitio hermoso. Días como aquellos se viven pocas veces en la vida”.

Precisamente unas palabras de esta cita, “Días como aquellos”, dan título al volumen que recrea el encuentro de dos genios como Juan Ramón y Lorca en la Granada de 1924. Este viaje en el tiempo, que ahora ve la luz editado por la Fundación Lara, ha merecido el Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2019.

La propuesta de Alegre refleja un paréntesis temporal único en el que se recorre paso a paso la ciudad de Granada con Juan Ramón y su mujer Zenobia de la mano de Federico y su familia, así como de Manuel de Falla y otros intelectuales granadinos.

La particularidad de Días como aquellos. Granada 1924 es que intenta revivir esa luminosa etapa desde el presente mismo en el que transcurren. Y lo hace a través de su producción poética y de sus cartas. Es a través de estos textos, Alegre invita al lector a pasear por Granada junto a tres de los artistas más importantes del siglo xx. “Yo defiendo que la poesía es el mejor modo de entrar en el tiempo porque es sobre todo presencia: la palabra poética te lleva al instante mismo en el que el poema surge. Y las cartas también son otra ventana a ese momento”.

Partiendo de ese material, todo en el libro rezuma la sabiduría de su autor, su fructífero trabajo de documentación y también su profundo amor a la poesía y a estos artistas. No en vano, Alfonso Alegre Heitzmann (Barcelona, 1955) es poeta además de ensayista. En 1987 fundó con Victoria Pradilla la revista semestral de poesía y arte Rosa Cúbica, que juntos dirigen desde entonces. Con otros poetas creó en 1997 Hablar/Falar de Poesía y ha publicado varios libros de poemas: La luz con el tiempo dentro (Tenerife, 1993); Sombra y Materia, (Barcelona, 1995), libro de poemas que recoge gran parte de su producción poética escrita entre 1984 y 1991, y La luz en la ventana (Barcelona/México, 2001). Además, en los últimos años ha colaborado en diversos suplementos literarios de periódicos nacionales y revistas literarias.

Pero, sobre todo, en este ensayo hay una profunda delicadeza y generosidad en el tratamiento de la figura de Juan Ramón Jiménez, del que realizó una edición crítica de su última poesía bajo el título Lírica de una Atlántida (Círculo de Lectores, Barcelona, 1999) que reúne los cuatro libros de poemas que escribió durante su exilio.

Quizás por eso este libro se centra en la generosidad del poeta consagrado para con el joven discípulo y la exquisitez del trato con la familia de un Lorca ya mito pero cruelmente asesinado.

Por ese motivo el libro recoge las palabras que Juan Ramón escribió a partir de su encuentro con Lorca en Madrid en 1919. Un “bello texto” que el autor de Espacio abrió con la recomendación de Fernando de los Ríos: “Ahí va ese muchacho lleno de anhelos románticos; recíbalo VD. con amor, que lo merece, es uno de los jóvenes en que hemos puesto más vivas esperanzas”.

Una cita generosa que el poeta corrobora evocando la magia de Lorca –que califica como “un muchacho de la luna”– y a la que responde: “Su poeta vino y me hizo una excelentísima impresión. Creo que tiene gran temperamento y la virtud esencial, a mi juicio, en el arte: entusiasmo”.

Alegre aprovechaba la presentación este jueves en Madrid de su ensayo para insistir en esa magnanimidad del onubense con el autor de Yerma. “En el año 19 Lorca tiene 20 años y Juan Ramón es un poeta reconocidísimo de 37. Le ayudó mucho a publicar en las revistas de la época cuando aún no era nadie. Hay que tener en cuenta la perspectiva, porque ahora ya sabemos quien es Lorca pero Juan Ramón lo entiende entonces perfectamente. Se da cuenta de la calidad del personaje y de su misterio. Se alegra de que surjan poetas como él y se lo comunica a sus amigos. Pero todo esto forma parte de esa historia que no se cuenta. Esto también ayuda a entender que a veces Juan Ramón hable de Lorca casi como un hijo a pesar de que al final de su vida ya es un mito”.

El ensayista recuerda que “en ese primer momento Juan Ramón fue fundamental” y a su vez el posterior encuentro en Granada fue esencial para su amistad.

Por esa abnegación hacia Juan Ramón prefiere no contestar a preguntas de los posibles distanciamientos. “Se insiste tanto en las polémicas posteriores que Juan Ramón tuvo con sus discípulos que yo lo que he querido, por ser justo con la historia, es centrarme en ese momento en el que tenía una relación excelente no sólo con Lorca, con todos los poetas a los que en esa etapa estaba aupando”.

En esa línea, Alegre señalaba esta semana la buena sintonía del escritor de Platero y yo con la nueva generación “desde el año 19 hasta el año 27, año del homenaje a Góngora y cuando empieza un poco la deriva vanguardista de los nuevos, la relación de Juan Ramón con todos los poetas jóvenes es excelente”. “Todos los poetas lo admiraban como el gran innovador porque en realidad era Juan Ramón, un vanguardista que no se declara tal. Él ayuda a cada uno de los poetas del 27 y podría decir de que forma. Y luego en cambio hay un distanciamiento que es normal en unos discípulos que necesitan quitarse de encima una sombra tan enorme. Eso ha hecho que la historia no haya sido nada justa y al final ha afectado a la recepción de su obra. Por eso yo prefiero centrarme en un momento concreto de esa historia y ver lo que significó”.

Y ese instante, ese corte “sincrónico” de la historia de esta amistad, es nada más y nada menos que un periodo tan fértil de la historia de la cultura española que ha recibido el calificativo de Edad de Plata. “Es un momento fundamental porque son unos días en los que coinciden en una ciudad como Granada tres protagonistas fundamentales, además de dos generaciones diferentes. Por un lado Manuel de Falla y Juan Ramón Jiménez, el Novecentismo. Y por otro Lorca, la Generación del 27”.

Pero esa visita no sólo significa el encuentro de dos generaciones, también el encuentro de un alumno con dos genios consagrados. “Federico coincide durante unos días en Granada con dos de sus maestros: en lo poético, Juan Ramón; y en lo musical, Falla. Esa coincidencia en el tiempo, en el corazón de la Edad de Plata, 1924, me pareció un tema interesantísimo para ahondar en él. Esa es la razón del libro”, cuenta Alegre sobre el trabajo que le ha llevado un año de encierro para su escritura pero muchos de maduración hasta su planteamiento.

Y esa Edad de Plata de la cultura española se vivió de forma especial en la ciudad de la Alhambra que sirve de escenario a este encuentro. “Granada vivió su particular Edad de Plata. No hay más que recordar los intelectuales que participaban en la tertulia de El Rinconcillo con figuras como Hermenegildo Lanz o Manuel Ángeles Ortiz. Por eso, la otra gran protagonista es sin duda la ciudad de Granada”, cuenta Alegre.

Ese encuentro de varias semanas durante 1924 no sólo tuvo consecuencias en lo personal, para la amistad de los dos poetas, también en lo literario. “Juan Ramón a partir de ese viaje estuvo trabajando en Olvidos de Granada, basado en diferentes momentos de esa visita. Este libro adquiere un gran protagonismo en mi ensayo, en el que hay dos capítulos que intentan entender dos de esos textos relacionándolos con la visita”, destaca Alegre, quien subraya que en ese mismo año Lorca también inició la escritura del Romancero gitano. “Hay similitudes muy sorprendentes entre lo que en ese momento escribe Juan Ramón y Lorca”, precisa.

Una influencia que surge de un viaje que afianza lo que Alegre califica como “un momento feliz de encuentro entre dos poetas, cada uno con su voz poética ya formada”. “Sobre todo Juan Ramón, porque está ya en plena madurez, pero también Lorca, que está en una etapa también interesantísima. Son muy diferentes pero ambos extraordinarios. Son los dos grandes poetas del XX por lo que cada uno de ellos ha significado. Juan Ramón fue un maestro de la generación joven y punto esencial para entender la poesía del XX. Y Lorca, una figura única que en pocos años de vida crea una obra única e inimitable, con una calidad asombrosa”, resume sobre esa confluencia de dos genios.

Pero la diferencia entre este interesante y ensayo y otras aproximaciones académicas es la calidez que aporta la revisión de los textos más íntimos, como la correspondencia epistolar entre los protagonistas, con algunas piezas inéditas hasta la fecha, y también algunas memorias. Eso aporta un lado humano que no sólo aclara ciertos aspectos textos literarios y también hace indudablemente mucho más atractiva su lectura.

“Dispongo de las cartas entre ellos y de Juan Ramón y Zenobria, porque ella volvió a Madrid antes a cuidar a su madre. Y luego las cartas que se escribieron posteriormente Juan Ramón con Federico o Isabelita. Concha con Zenobia... Incluso las cartas de Federico con otros escritores como Melchor Fernández Almagro en el que le explica la visita de Juan Ramón. Todo eso permite ir reconstruyendo lo que aquello debió de ser o acercase lo más posible”, resume el escritor sobre parte del material consultado.

Es quizás ese ‘plus’ lo que ha hecho a esta obra merecedora del Premio de Ensayo Domínguez Ortiz. “Supongo que lo más destacado es lo que tiene de acercamiento inédito a la relación entre Lorca y Juan Ramón. Eso al mismo tiempo ayuda a conocer mejor la figura y la obra de cada uno de ellos. Además de los elementos inéditos claro”, comentaba esta semana Alegre al ser preguntado sobre los alicientes de este libro para el jurado del galardón.

Y de ese gran tapiz bibliográfico que el autor hábilmente expurga, Alegre destaca algunos materiales. “Las cartas son lo que menos se conocía. Hay una fundamental de Zenobia a la familia Lorca cuando todavía Juan Ramón está en Granada agradeciéndoles todo lo que han hecho por ellos. Es una preciosidad y por la evocación que realiza puedes entrar en las cosas que han hecho juntos. Así se descubren elementos inéditos en esta relación”.

Pero, ¿todavía quedaban cosas por desvelar de dos figuras tan conocidas y estudiadas como estos dos genios? Alegre lo tiene claro. “Como ocurre con todos los grandes poetas de la historia, queda mucho por descubrir tanto de Lorca como de Juan Ramón. La poesía de ambos es en realidad inagotable, y, al serlo, también cabe decir lo mismo de ellos y de los momentos que hicieron posible el milagro”.

Sobre la organización de ese fondo documental en las páginas del ensayo, el autor ha decidido dividirlo en tres partes: “La central es la que da título al libro y retrata los días que pasaron juntos en Granada. Es la parte más importante pero el volumen comienza en Nueva York, cuando ya ha muerto en Federico y cuando todos se han exiliado. En esa primera parte trato de reconstruir la relación de Juan Ramón y Zenobia con la familia Lorca durante y después de la Guerra Civil. Ese capítulo termina con una carta de Juan Ramón del año 45 cuando muere el padre de Lorca. Entonces evoca los días que vivieron todos juntos mucho tiempo antes, en 1924 y dice:“Días como aquellos se viven muy pocas veces en la vida”, precisa sobre el contenido de la cita que abre el libro y lo titula. “A partir de esa carta me retrotraigo al pasado, al año 1919, cuando se conocen, y paso en seguida en seguida a 1924”.

Esa segunda parte o central es que se recrea en esas dos semanas que convivieron en Granada Juan Ramón, Federico y los Lorca. Y la tercera y última parte “es otra vez el final de la Guerra Civil y el Exilio, pero vistos ya a través de los ojos de Falla”.

Y sobre lo más novedoso, Alegre dice sentirse especialmente contento de los dos capítulos citados, titulados El ladrón de agua y El cielo bajo, aunque prefiere “no revelar demasiado su contenido y que el lector lo descubra por sí mismo”.

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