La Maquiné | Crónica Un circo de acento francés

  • La compañía granadina cautiva a espectadores de todas las edades con montaje en el que se acerca al mundo del circo a través de los ojos de Picasso

Un momento del espectáculo de La Maquiné. Un momento del espectáculo de La Maquiné.

Un momento del espectáculo de La Maquiné. / Álex Cámara

La Maquiné volvió a sorprender ayer al público del Festival de Música y Danza de Granada con un montaje que podrá verse por partida triple en el Teatro Alhambra: esta tarde, mañana y el jueves. El circo, ese circo familiar, pobre y decadente pero también poético es la fuente de inspiración de su último trabajo. La compañía ha sabido mezclar con acierto en esta coctelera destinada a espectadores de todas las edades la magia de un espectáculo que parece caduco con un mensaje tan emergente como el del respeto a los animales. Y el resultado es una obra bella y delicada que mira al circo a través de los ojos de un genio como Pablo Picasso.

Acróbata y Arlequín es título de esta obra escénico-musical que tiene como punto partida el universo circense del pintor malagueño durante el Periodo rosa (1904-1907). Por este motivo, y con el peso que tradicionalmente tienen la música en los espectáculos de La Maquiné, se han elegido composiciones de las primeras vanguardias a través de músicos de este periodo: Erik Satie y Francis Poulenc.

“En 1887 Picasso, aún adolescente, sucumbió al encanto de Rosita del Oro, amazonas del Circo Tívoli de Barcelona, quien le abrió las puertas al mundo mágico del circo, no sólo del espectáculo, sino de su trastienda”, ese es el detonante de una historia que tiene como hilo conductor el personaje de Pablo, un joven vagabundo que vive en la calle pasando hambre y frío.

El Teatro Alhambra acogió el estreno de 'Acróbata y Arlequín'. El Teatro Alhambra acogió el estreno de 'Acróbata y Arlequín'.

El Teatro Alhambra acogió el estreno de 'Acróbata y Arlequín'. / Álex Cámara

Un día, un circo llega a la ciudad y el joven queda fascinado por este mundo de encantamiento, magia y emoción. Siguiendo a la bella trapecista que más tarde protagonizará uno de los números más poéticos del montaje, Pablo entra como ayudante en el circo.

Pablo sueña con salir a la calle y ser parte de la familia de saltimbanquis. Y en ese recorrido vital y artístico, tendrá que aprender a respetar y cuidar de los animales del circo. Por eso su principal misión es cuidar de una acróbata muy especial: la cabra Rosita.

Porque La Maquiné conjuga la fascinación por este espectáculo milenario que parece batirse en retirada con los nuevos derechos de los animales porque, como explica su director, “la compañía está completamente en contra de los circos con animales pero en este caso el trabajo con títeres permite utilizarlos de todas las escalas”.

Y es que el circo de La Maquiné reúne en una sola pista de circo malabares, acróbatas, números de clown, teatro de actores, títeres, sombras, marionetas y proyecciones, además de piano en directo a cargo de la magnífica labor de José López-Montes, mientras que Noé Lifona es el actor-narrador y cantante que guía la escena con acento francés para el mejor entendimiento de la obra.

Todo vale y todo encaja a la perfección en este proyecto de la investigación de La Maquiné con diferentes géneros en un intento de romper los estereotipos. La plástica, la música, el teatro de títeres coreografiados con técnicas variadas de manipulación, una cuidada escenografía e iluminación, junto con las proyecciones audiovisuales, son los recursos estéticos que la compañía emplea para conseguir ese objetivo de entretener y educar a públicos de todas las edades.

El objetivo conseguido de La Maquiné es describir la riqueza y pluralidad de varios lenguajes a través de un circo que “en una ocasión cambió la vida de un muchacho” hasta que comprendió, a través de la magia, la poesía y todo el humor de este espectáculo que todos, animales y humanos, “latimos con un mismo redoble de tambor”.

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