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Luis Heredia Amaya, el escultor del pueblo gitano

  • La Fundación Euroárabe acoge una serie de obras en las que el artista plasmó a personajes anónimos del Sacromonte o tan conocidos como Carmen Amaya

En su corto periplo por tierras americanas llegó a esculpir los rostros de Gregory Peck o Ava Gardner, pero fueron los gitanos su auténtica pasión. La Fundación Euroárabe muestra 23 obras en terracota del escultor granadino Luis Heredia Amaya (1920-1985), un gran conocedor de la anatomía humana que, además, supo representar a la perfección el carácter gitano.

Personajes anónimos del Sacramonte o tan conocidos como Carmen Amaya, Juan Breve o El Cordobés fueron algunos de los modelos que posaron para el escultor, que sabía captar como nadie la expresividad y la tristeza. "Siempre decía que por mucho que los gitanos cantáramos o bailáramos, llevábamos la tristeza y el dolor por dentro". Para su hija, Luisa Heredia, era una de sus principales cualidades. Una característica que superaba la individualidad y pasaba a retratar toda una cultura. Miradas profundas, ojos ennegrecidos, labios rasgados, muecas de dolor y de júbilo reunían un personal recorrido del artista por la raza gitana.

Su polifacética personalidad atrajo a famosos hasta su estudio, pero también le llevó a buscar y esculpir a artistas de la calle, como el que aparece en la obra El Embrujo Gitano, donde representa a un guitarrista semidesnudo en la indigencia o el de una madre que llora por la pérdida de su hijo tras una pelea en el barrio del Sacromonte.

"Esculpía, recitaba o cantaba", y a la vez daba clases de anatomía en la Facultad de Medicina, donde "él mismo construía los esqueletos con los que practicaban sus alumnos".

Conocido como el único escultor gitano, expuso por primera vez en el 1948 en el Corral del Carbón y de allí pasó a Londres o Estados Unidos, donde quedó prendado por el temperamento de la actriz Ava Gardner, que "se presentó ante él y le pidió que le hiciese una escultura". Sin embargo, si había una obra a la que tenía especial aprecio era la de Carmen Amaya, quien vino a Granada cuando grababa su última película, Los Tarantos, "y ya estaba ya malita. Se interesó por conocer a mi padre y al final se quedó tres meses".

Entre las esculturas que se pueden ver hasta el próximo 23 de enero, se encuentran dos dedicadas a la cultura árabe. "Consideraba que gitanos y árabes éramos primos", explica su hija, "quizás por esa discriminación que había por entonces y por nuestro amor por la familia".

Hijo del Catite un herrero de fragua que en tiempos de Alfonso XIII hacia herrajes para los caballos, y de la Faraona bailaora del Sacromonte, el escultor realizó estudios en la Escuela de Arte y Oficios con los maestros Mariano Benlliure y Antonio Molina de Haro.

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