Manolo Bello: un fotógrafo de otro tiempo

El accitano deja tras su muerte un legado repleto de fotografías poéticas, escenas mágicas de la realidad

Manolo Bello: un fotógrafo de otro tiempo
Manolo Bello: un fotógrafo de otro tiempo
Manuela De La Corte

27 de abril 2009 - 05:00

Dos semanas antes de morir, el fotógrafo Manuel Bello pidió a su gran amigo Vicente del Amo el libro Los americanos, de Robert Frank, "como si quisiera llevarse sus imágenes en la retina". Hasta ese punto era apasionado y caprichoso en lo suyo. Si algo le describe, dice Del Amo, es su fantástica fotografía poética. Es el legado que ha dejado tras su muerte la semana pasada.

Poco conocido entre el público, sorprende la gran admiración que Bello despierta entre sus compañeros de profesión. Estuvo unos años en prensa pero decidió dejarlo y trabajar como freelance. También estuvo en una compañía de seguros -donde casualmente conoció un día al también fotógrafo Vicente del Amo- y participó en la exposición Cuatro direcciones en el Reina Sofía en el año 91 o en las revistas Tribuna, Tiempo, Interviú, o El Europeo, pero "no tuvo nunca una carrera rectilínea porque su personalidad no se lo permitía".

Bello era como un fotógrafo de otro tiempo. También de otro lugar. Fotografió paisajes nocturnos, hizo retratos femeninos (no buscando a la persona sino a la mujer con mayúsculas), gatos encorvados. Fotografió a su hijo... Pero la diferencia es que sus personajes, a pesar de pertenecer a la realidad, parecían salir de un mundo mágico.

"Él tenía una temática muy variada porque lo que le importaba era envolver la escena con ese aura tan particular. No le interesaba tanto el detalle". Explica el profesor de Bellas Artes que en ese sentido eran totalmente diferentes. "Él trasmitía esa abstracción poética que yo tanto le he admirado, mientras que mis fotos son más hiperrealistas".

Sus fotografías, siempre en sepia, no son precisamente nítidas "porque siempre introducía algo de movimiento". Tanto le interesó ese otro color que probó todas las variaciones posibles de la imagen con el virado al selenio y los papeles de emulsión cálida.

Él vivía a otro ritmo, el de su mente. Un ritmo que no incluía detenerse en cuestiones burocráticas. Y era tremendamente fiel a sí mismo huyendo de todo aquello que no le interesaba: "No guardaba el dinero pero se preocupaba por tener el último aparato en fotografía. Era absolutamente disciplinado y ordenado en su trabajo, pero nada disciplinado en llegar a tiempo a citas si no le interesaban".

"Manolo vivía una vida de fantasía. Tenía los pies en la tierra pero la cabeza en el cielo" y esa cualidad fundamental en su carácter forjó su trabajo tan personal como fotógrafo.

De su personalidad, Del Amo destaca su generosidad, su sinceridad absoluta y esa contradicción que "tienen los andaluces que aun estando tristes sonríen"; aunque vivió profesionalmente ese conflicto que le alejó de exposiciones y dar a conocer sus fotografías, "era muy sociable y simpático".

Artísticamente, su fotografía poética sólo era posible gracias a la capacidad que tenía para fantasear todo el tiempo. "Era fantasioso pero no se engañaba. Su propia lucidez era la que hacía que a veces necesitara esos momentos. Al fin y al cabo, no dejaba de trabajar, porque para un artista esa es su realidad".

Aunque pasó el "sarampión" de Cartier Bresson "por el que pasa cualquier fotógrafo en sus comienzos, nadie le influyó como Frank", recuerda Del Amo. Le gustaron sus dos fases: la primera de Los americanos (50), "donde mostraba una mirada de América ácida, escéptica y satírica" y su otro lado más onírico y poético de los años setenta.

Lo cierto es que le influía Frank pero también la música y la literatura. "Uno de los libros de los que más me hablaba era El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, pero también leía últimamente a Enrique Vila-Matas. En música, dedicaba su tiempo a la música clásica del Barroco, Bach y Händel".

Las últimas fotografías que Del Amo vio del artista son tres en las que aparecía una imagen desde su ventana, un autorretrato cuando ya estaba muy enfermo y otra de su madre.

El adiós a uno de los fotógrafos que más huella han dejado en los últimos años, tanto por su obra artística como por su trato humano.

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