Crítica

Mirada apasionada a los mitos de la feminidad

  • Blanca Li y María Alexandrova llenaron el escenario del Generalife con la danza más pura

El espectáculo de la granadina Blanca Li. El espectáculo de la granadina Blanca Li.

El espectáculo de la granadina Blanca Li. / Carlos Gil

Blanca Li, la bailarina y coreógrafa granadina, afincada en el París que buscan todos los artistas que intentan superar los límites geográficos –el mismo Falla, Albéniz, Viñes, entre los de ayer y los de hoy- vuelve al Festival con una coreografía innovadora para dos bailarinas de la calidad de la granadina y una de las estrellas del Bolshoi, María Alexandrova. En Diosas y Demonias, estrenada en el Teatro de los Campos Elíseos, el 22 de diciembre de 2015, y en Madrid hace un año en los Teatros del Canal, tras sus giras por Francia y la presentación en Nueva York, realiza una rompedora idea coreográfica basada en los grandes mitos de la feminidad, entre el primitivismo y la contemporaneidad. Las dos caras de las mujeres, ayer y hoy, que lo mismo pueden ser diosas veneradas que odiosas demonias, exactamente igual que los hombres han dejado huella de su endiosamiento y de su perfil demoniaco. Por una caja de luz se supone –según la idea programática, que siempre me parece aleatoria, cuando no ridícula, como ocurre en la danza clásica y sus abominables libretos- que transcurren las diosas de la antigüedad, desde Deméter a Perséfone, ideales o vengativas, con la crueles Erinias griegas a las Furias romanas, pero también los grandes mitos de la modernidad. Yo no distinguí dónde estaban en el Generalife las diosas y las demonias. Sólo vi una sucesión sorprendente de imágenes, expresadas en el cuerpo de dos danzarinas de excepción , Blanca Li y María Alexandrova, con una calidad que se impone en su diálogo o soliloquio, al tedio que podía originar la propuesta, por la perfección técnica individual de las bailarinas, pero muy especialmente, por la originalidad de la resolución coreográfica. Creo que vale más esa alta impresión que adivinar, por ejemplo, si la que bailaba, de rojo, los Rumores de la Caleta o la Granada, de Albéniz, era diosa o demonia. Lo único importante es que había dos mujeres pletóricas de arte y comunicación con sus cuerpos y sus movimientos, solos o enlazados, dando vida a lo más puro de la danza a la que le sobran palabras y argumentos.

Abundan los efectos en juegos de luces y sombras, con proyecciones de vídeos formando parte esencial de la coreografía y una música electrónica, plena de efectividad de Tao Gutiérrez, utilizando músicas muy variadas, desde la Danza macabra, de Saint-Sëns, a Chopin o Albéniz, dando vida a los movimientos de los dos cuerpos femeninos, y subrayando su forma de expresar la síntesis de cada personaje como símbolo. Malas y buenas, generosas o vengativas, heroínas o malvadas, perversas o ideales. Mujeres, en resumen, seres humanos que, como sus congéneres, han dejado la huella de su bondad o de su abominable condición. Un repaso por los mitos femeninos realizado por dos mujeres excepcionales en sus calidades artísticas y creadoras.

90 minutos sin interrupción ni descanso, en un trabajo lleno de fuerza y delicadeza. Dos mujeres bastándose –con el apoyo de música y efectos especiales logrados- para rellenar el teatro del Generalife, cosa de extrema dificultad. De ahí la merecida ovación final y los aplausos de un público que, después –pese a no existir descansos-, no pudo refrescar su boca seca porque el habitual ambigú del Generalife estaba cerrado. Los responsables de la Alhambra han puesto severas condiciones este año, como que no puedan subir más de cuatro taxis a recoger al público que forma largas colas a la salida de un concierto en Carlos V.

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