Niño de Elche, honestidad y naturalidad que conmueve
Crítica de músicae
La ficha
'Momentos alhambra' Intérpretes:Niño de Elche. Compás y jaleos: Bobote. Lugar: Eshavira Club. Fecha: Viernes 26 de octubre de 2018. Aforo: lleno.
Momentos Alhambra En Flamenco eligió hace unos meses seis ciudades para un ciclo de flamenco. El viernes fue el turno de Granada. La verdad es que de un tiempo a esta parte, un acto de Cervezas Alhambra es siempre sinónimo de una propuesta con una estética preciosista, con pocos elementos pero muy puros y con mucha honestidad. Imagino que como la propia buena cerveza: agua, levadura y cebada. Y así resultó el evento. Sobrio, hipnótico y vibrante.
Soleá Morente, Lorena Álvarez, Alonso Díaz -de Napoleón Solo-, Florent y J de Los Planetas. Nadie se quiso perder el espectáculo. Decía que era el turno de Granada, ya que los Momentos Alhambra habían llevado a Rocío Márquez a Barcelona el 15 de septiembre y el 20 a Carmen Linares a las Reales Caballerizas de Córdoba. Ahora llegaba el momento del Niño de Elche.
El acto comenzó con la que sería la protagonista de la noche: la palabra. Rodeado de público que abarrotaba la sala pidió silencio, Niño de Elche presentó a Bobote, que le acompañaría al compás y al escritor David Pirce, que en principio ilustraría la noche con sus textos. Digo en principio porque pronto comenzaron los momentos intimistas en los que los comentarios llenos de naturalidad del Niño de Elche provocaban las intervenciones siempre agudas, rápidas y llenas de ironía de David, y que provocaron no pocas risas a lo largo de la velada.
Niño de Elche explicó que su planteamiento era bucear en los orígenes del flamenco y de la voz, y que todo se desarrollaría a capella excepto los ritmos y las percusiones en la pequeña mesa de madera que estaba en el centro del escenario, a cargo de Bobote, y las palmas y jaleos ocasionales del mismo, de David y del propio cantaor. Y así fue.
El artista ilicitano de memoria proverbial interpretó cinco palos de manera muy profunda, de mayor sobriedad a mayor dinamismo -alegrías, tango y bulería al final-. Ante la insistencia del público, no incluyó ningún cante más, sino que terminó con una narración recitada tan personal como todo el espectáculo, brillante y ácido, sobre historia y actualidad.
En medio de estos cinco palos, en los que demostró un buen dominio de la voz, Pirce fue narrando alguno de sus escritos, leyendo fragmentos de su obra. Muy provocador en sus contenidos, tanto en lo intelectual como en sus propuesta, ello hacía que el silencio fuera aún mayor pues un discurso, lleno de ironía, gracia y con tanta profundidad, no suele verse con frecuencia. El resultado fue poderoso. Niño de Elche provocaba a través de sus preguntas la reflexión y el diálogo con el público. Hacia el final del recital, preguntó a los allí presentan si estaban de acuerdo con su monserga. Una espectadora contestó que "regular" y él, en lo que ejemplifica muy bien su propuesta, dijo: "¡Esa es una respuesta muy socialdemócrata, y así no avanzamos!".
El concierto desde el principio no dejó indiferente a nadie. A priori, saber que un "concierto" flamenco no va a contar ni siquiera con la guitarra hacía dudar. Pero en seguida se vio que tenía todo el sentido. Los orígenes tan naturales del cante. Sin nada. La voz, un mensaje, ganas de compartirlo y alguna compañía. Y lo escenificó. En ese ambiente, letras como "la tierra se comerá mi dolor", "mis manos me duelen de tanto llamar" o "me creí que era más fuerte que las columnas de la alameda" cobraban un sentido que emocionaba.
Tras el primer cante, el verbo fino y afilado de Pirce hablaba de lo que era la voz y la guitarra, de esa dualidad no resuelta, que terminó con la frase de un guitarrista: "La guitarra es la guitarra, que todo el mundo tiene pulmones". Estaba claro que Paco Contreras, alias Niño de Elche, no se hace rodear de palmeros. En ese sentido, una de las anécdotas que contó, muy elocuente, era que buscando la autenticidad de la seguiriya de Cagancho escuchó los discos originales y lo que se oía se acercaba más al mundo de la cacofonía, ya que eran medios de grabación absolutamente arcaicos. Cantó lo que había escuchado, reprodujo esa "seguiriya", y efectivamente sonaba a cacofonía, y a continuación preguntó: "¿Cómo es posible que cantaores como Agujeta, puedan decir que se inspiran en esa seguiriya y plantear un cante absolutamente perfecto?".
La velada siguió con la voz poderosa de Francisco Contreras, derrochando clase, potencia, afinación, que denotan un control de la afinación y de la intensidad soberbio por momentos. Una propuesta que no dejó indiferente a nadie, y que nadie se quiso perder.
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