Crítica | Orquesta Ciudad de Granada

Buenas expectativas para la Orquesta Ciudad de Granada

  • La formación estrena director artístico, el oboísta y director Lucas Macías, cuya formación y trayectoria internacional son el preludio de lo que parece será una espléndida incorporación

El director de orquesta Lucas Macías, en primer plano, durante el recital de la OCG El director de orquesta Lucas Macías, en primer plano, durante el recital de la OCG

El director de orquesta Lucas Macías, en primer plano, durante el recital de la OCG / OCG

La marcha de Andrea Marcon la pasada temporada había dejado una incógnita en el aire: quién ocuparía el podio de director artístico este año. Pues el público granadino ha podido por fin descubrir esta incógnita, ya que este fin de semana se ha presentado en el Auditorio Manuel de Falla como director titular de la OCG Lucas Macías Navarro, que estará al frente de la formación durante, en principio, tres temporadas. La recepción de Lucas Macías no pudo ser mejor, ya que una audiencia entregada aplaudió efusivamente el magnífico programa que interpretó, con Le tombeau de Couperin de Maurice Ravel y la Sinfonía núm. 3 Heroica de Ludwig van Beethoven.

El concierto se abrió con una de las obras más personales e intimistas de Ravel; el compositor francés la escribió en los últimos años de la Primera Guerra Mundial, en un momento vital de pérdidas emocionales y dolor colectivo. Así, podría decirse que este tombeau, homenaje musical figurado muy propio del barroco francés, en el caso de Ravel es a su vez una obra que rinde culto a la historia de su país y tributo a las pérdidas sufridas durante la Gran Guerra. Musicalmente esta obra aúna el impresionismo vital del autor con una incipiente tendencia neoclásica que le haría explorar el rico patrimonio musical francés.

Organizado como una suite, con un preludio y sus respectivas danzas, esta página orquestal (originariamente para piano) resulta muy evocadora en lo que al timbre y la melodía se refiere. Los oboes, tan queridos para Ravel, toman presencia de solistas en la obra, siendo los responsables (oboe y corno inglés) de iniciar y concluir la obra en lo que al material temático se refiere. Entre medias, el suave discurso de las cuerdas se entreteje con apariciones solistas de las flautas y los clarinetes, así como de ensortijados contrapuntos de los fagotes y las trompas. La obra es una joya de orfebrería tímbrica, circunstancia que Lucas Macías aprovechó para tomar el pulso a una OCG entregada. Magnífica estuvo la sección de vientos de nuestra orquesta, como acertadas y empastadas estuvieron también las cuerdas. El director, dirigiendo en todo momento de memoria, calibró a la perfección cada elemento motívico en un discurso equilibrado y muy bien construido.

Imagen del estreno de Lucas Macías al frente de la OCG este fin de semana en el Falla Imagen del estreno de Lucas Macías al frente de la OCG este fin de semana en el Falla

Imagen del estreno de Lucas Macías al frente de la OCG este fin de semana en el Falla / OCG

Sin menospreciar la obra precedente, el plato fuerte de la noche fue la Sinfonía núm. 3 en mi bemol mayor Heroica op. 55 de Ludwig van Beethoven, en la que Macías volcó todo su brío al abordar la obra con unos tempi bien entendidos que dotaron de dinamismo su interpretación. Esta partitura es muy exigente en lo que a su interpretación se refiere, a la par que una página bien conocida por la audiencia y con un amplio catálogo discográfico desde los mismos orígenes de la fonografía que condicionan a menudo su audición. Macías, cuya carrera internacional llena de éxitos le respalda como un director serio y con criterio, atacó con acierto el Allegro con brio inicial, dentro de una intencionalidad vívida y alegre muy adecuadas para el inicio de una sinfonía subtitulada Heroica; si bien iba a estar dedicada a Napoleón Bonaparte, las aspiraciones imperialistas del comandante francés decepcionaron a Beethoven, sin que esta circunstancia supusiera una merma en la fuerza y energía de su movimiento inicial.

El segundo movimiento es la célebre marcha fúnebre, un Adagio assai contenido y doliente cuya interpretación estuvo muy ajustada en tempo, potenciando el carácter contrito de su melodía principal; hemos de destacar el trabajo de balance entre planos sonoros de Lucas Macías, quien súbitamente retomó hacia el brío inicial en el Scherzo, con un incisivo ostinato en las cuerdas graves que sirve como arranque a todo el ritmo motor del movimiento. Magnífica la sección de vientos en el trío central, en la realización de los motivos secundarios y en el refuerzo de las cuerdas agudas en los momentos en los que Beethoven juega con el diálogo tímbrico. Si hasta ahora el público asistente había disfrutado de un bien entendido Beethoven, Macías culminó la velada con un enérgico y resuelto Allegro molto que cerró la sinfonía y le sirvió para meterse a la audiencia en el bolsillo, ya que fue definiendo el tema principal del movimiento en un crescendo emocional bien llevado, concluyendo con un aire triunfal y optimista muy apropiados para esta Sinfonía Heroica de Beethoven.

Si lo que escuchamos la pasada noche es un presagio de lo que Lucas Macías puede ofrecer al frente de la OCG, podemos esperar grandes cosas de él. Bienvenido a Granada.

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