Paco Roca | Dibujante

"Si tenemos más público hoy día es gracias a las novelas gráficas, no a los superhéroes"

  • El ilustrador valenciano publica 'El tesoro del cisne negro' (Astiberri), una historia basada en hechos reales donde se narra la lucha por recuperar el botín de un barco español hundido hace dos siglos

  • El artista lo presenta este jueves acompañado del dibujante granadino José Luis Munuer en Subterránea Cómics Discos a las 18:00

El dibujante Paco Roca, autor gráfico de 'El tesoro del Cisne Negro', en una imagen reciente. El dibujante Paco Roca, autor gráfico de 'El tesoro del Cisne Negro', en una imagen reciente.

El dibujante Paco Roca, autor gráfico de 'El tesoro del Cisne Negro', en una imagen reciente. / Manuel Bruque / EFE

Seguramente a más de uno le suene la historia. Año 2007. La compañía de cazatesoros Odyssey Marine Exploration encuentra un pecio con 500.000 monedas de oro frente a las costas del Algarve. El barco hundido se trata de Nuestra Señora de las Mercedes, un buque de guerra español. Dos años después, un juez de Florida obliga a la empresa a devolver el tesoro hallado en el Cisne negro -así habían apodado al barco- al Gobierno de España.

El escritor y diplomático Guillermo Corral, que vivió lo ocurrido en primera persona, le propuso a Paco Roca (Valencia, 1969) llevar al cómic esta historia. Así nace El tesoro del cisne negro (Astiberri, 2018), un relato de intriga donde se narra la lucha contrarreloj por recuperar el botín del pecio español. El dibujante valenciano presenta este jueves su nuevo libro, acompañado del historietista granadino José Luis Munuera, a las 18:00 en Subterránea Cómics Discos.

-¿Cómo surge ilustrar esta historia escrita por el diplomático Guillermo Corral?

-Lo conocí de casualidad. Fui a presentar la película Arrugas a Washington. Él, en aquel momento, trabajaba en la Embajada de España allí. Me dijo que tenía una historia que podía funcionar muy bien en un cómic. Cuando te dicen eso, echas a temblar porque nunca sabes cómo salir de esa situación.

-¿Le ocurre con frecuencia?

-Sí, claro. Muchas veces. Suena a tópico, pero es así.

-¿Es más difícil trabajar solo o con un guionista?

-Las dos cosas tienen su grado de dificultad. Cuando trabajas sin nadie te enfrentas solo a las dudas y, en cierta medida, te acomodas al tipo de historias que te interesan. He trabajado poco con guionistas, pero he tenido la suerte de coincidir con gente increíble. Si no tuviera feeling con ellos sería imposible hacer el trabajo por mucho que quisiese.

-"Aquí toda la acción surge de los despachos y la investigación", comenta en una entrevista. ¿Cómo confecciona una historia tan apasionante en despachos?

-Era uno de los retos. Es una aventura de despachos, con muchas conversaciones, pero no queríamos renunciar a eso porque es lo que hacía que una historia como ésta tuviese un poso de realidad. Intentamos que, por medio del dibujo y de los diálogos, las partes en los despachos fuesen atractivas. Nosotros de todas maneras nos dirigimos a un público adulto que está acostumbrado a leer novelas y cosas del estilo. Así que perdimos el miedo.

-La historia del hundimiento de la Mercedes también aparece dibujada en el cómic.

-Le queríamos dar a esa parte otra dimensión. El lector se mete en una historia de aventuras con un tipo de ilustración diferente, parecida a los libros del siglo XVIII, XIX. Al público le viene bien para despejarse de la otra historia, además de leer algo como si fuese de la época.

Unas viñetas de 'El tesoro del Cisne Negro'. Unas viñetas de 'El tesoro del Cisne Negro'.

Unas viñetas de 'El tesoro del Cisne Negro'. / G. H.

-¿Cómo se ha documentado? Imagino que le ha habrá supuesto una labor periodística y documental importante.

-Sí. Queríamos que todo el cómic respirase realismo. Para eso necesité estar en casi todos los sitios donde sucedieron las historias. Aproveché desde una visita que tenía que hacer al Ministerio de Cultura para hacer de jurado a unos premios –se escapó e hizo unas fotos por dentro–, a un viaje a la Embajada de España en Washington, otro a Madrid. Incluso estuve en el Museo Naval. Guillermo tenía fotografías de sitios a los que no podía ir. Toda esa parte de los juicios y de Florida. Si hubiese tenido que inventarme cómo era esa cámara secreta –el centro de seguridad donde se guarda el tesoro del pecio antes de que se traslade al Banco de España–, seguramente hubiera hecho algo más épico. Pero parece una ferretería con cubos de plástico y estanterías. La realidad a veces es cutre. Jajaja.

-¿Ve en la realidad el verdadero filón de los cómics?

-No sé, es lo que me gusta. Ésas son el tipo de historias que me llenan.

-Sus protagonistas, a veces, parecen de carne y hueso.

-Los personajes son una parte importante del cómic. Al final, al lector lo que le cala, más que la historia, son los personajes.

-Su nuevo cómic tiene como protagonistas a "esas personas que jamás se llevan el mérito mientras el ministro de turno se pone las medallas". 

-Normalmente en este tipo de historias estamos acostumbrados a verlo todo desde el otro punto de vista, es decir, desde el aventurero cazatesoros que choca contra una burocracia y unos funcionarios. Aquí le damos la vuelta a eso. Nos acercamos a la realidad. Un cazatesoros al final hace un expolio. Los funcionarios recuperan el tesoro y no reciben ninguna recompensa, ni reconocimiento oficial. Esta gente, que recupera y cuida el patrimonio, trabaja de forma anónima y vocacional.

-Juanjo Guarnido, Gabriel H. Walta, José Luis Munuera, Jorge Jiménez, Belén Ortega, Sergio García, Ana Belén Rivero. ¿Tiene Granada una de las mejores canteras de dibujantes del país?

-Sí. Hablamos de dibujantes número uno y todos son estupendos. Los trabajos de Munuera y Guarnido se conocen a nivel mundial. No sé a qué es debido. Imagino que será porque Granada es una ciudad muy universitaria y con mucho movimiento cultural.

-Me dijo Munuera que "hablar de la industria en España en relación con el cómic hoy en día es ridículo". "La industria del tebeo en Francia y el peso de éste en el sector de la edición en general es incomparable a nuestro país", sentenció. ¿Está de acuerdo?

-Todo es muy matizable. Está claro que no tenemos una industria como la de Francia. El caso de Francia es muy particular. Diría que único en el mundo. Para ellos el BD -cómic francés- es algo casi propio. En España no tenemos un cómic que venda un millón de ejemplares. Ellos llevan muchas generaciones consumiendo cómics. En España tenemos otras tradiciones. En este país, en general, se lee poco. El cómic ha estado de capa caída en algunos momentos y se ha perdido esa continuidad generacional.

-¿Cómo se pueden conseguir más lectores de cómics?

-Tiene que haber autores que publiquen buenos tebeos y que trabajen pensando en un público español. Los autores tienen que emigrar a los mercados más favorables, pero el objetivo tiene que ser crear industria aquí. En Francia venden cientos de ejemplares y eso crea una pirámide de autores. Arriba están los que venden muchos. Luego esas ventas mantienen a todos los autores que no venden tanto. En España esto no pasa. No hay superventas que permitan a las editoriales ser fuertes y hacer que muchos autores puedan vivir de ello. Por otro lado, hay que conectar con el público español, que está y crece cada día.

Paco Roca posa en su estudio junto a los bocetos de 'El tesoro del cisne negro'. Paco Roca posa en su estudio junto a los bocetos de 'El tesoro del cisne negro'.

Paco Roca posa en su estudio junto a los bocetos de 'El tesoro del cisne negro'. / Manuel Bruque / EFE

-¿Cree que el término novela gráfica ha contribuido a la difusión del tebeo?

-Sí. El público generalista que hemos conseguido últimamente no ha sido gracias a los superhéroes, sino a las novelas gráficas. Tiene que ver con el formato, que es muy parecido a la novela. El cómic de todas maneras reúne cualidades de la novela y del cine.

-¿Cuándo le pico el gusanillo de los cómics?

-Siempre me han gustado. De pequeño, leía los cómics de Bruguera y a Tintín. Me gusta también el dibujo y contar historias. Todo eso estaba en los cómics. Los dibujantes no nos dedicamos a esto para hacernos ricos, pero la recompensa de nuestro oficio es impagable: la respuesta de los lectores. En el fondo, sólo queremos que nos comprendan después de soltar nuestras fobias, neuras e inquietudes en nuestras obras.

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