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Palabras compuestas

Sala Industrial Copera. Aforo: Lleno (1.000 personas). Fecha: Viernes, 4 de noviembre de 2011.

El caso de Supersubmarina pone a prueba a críticos y a enteradillos, al público selecto y a todos esos personajes que pululan alrededor del star-system de la supuesta escena independiente. Porque, siguiendo la estela de Vetusta Morla, han alcanzado el éxito desde la autogestión, desde la más estricta independencia (aunque en este caso Sony haya acertado con ellos), pero saltándose un paso, puenteando el patio de vecindad donde llamean las vanidades de los catedráticos del indie, esa cohorte de personajillos que otorgan y retiran credibilidades, los marcadores de tendencias para la élite. Y esos son los que no perdonan. Hace poco los chicos de Manel, ese grupo de Barcelona que canta en catalán y que en tiempo récord ha pasado de ser orgullo de alternativos, de secreto para iniciados a triunfadores de masas a cuyos conciertos asiste el mismísimo Pep Guardiola, se quejaban amargamente: "Nosotros somos los mismos, pero ahora los indies nos odian". Sí, amigos. Los que hasta hace nada presumían de cruzarse con ellos en los mismos bares, ahora reniegan de ellos. El motivo no es otro que ese ingrato compañero de viaje llamado éxito, el mejor abono conocido para hacer crecer la envidia y que transforma en desprecio lo que habían sido parabienes. En su hoja promocional Supersubmarina señala entre sus méritos haber compartido escenario con Russian Red. La noche del viernes competían con ella, que se presentaba en un escenario más noble de la ciudad ante una concurrencia que apenas llegaba a la mitad de la que ellos, sin apoyo institucional, habían logrado convocar. Una muestra más de las contradicciones de la industria y de los artistas en estos tiempos confusos en los que unos y otros andan desorientados. Las otrora infranqueables fronteras entre lo indie y el mainstream ahora se presentan difusas y ya nadie sabe donde acaba lo uno y donde empieza lo otro. Así Bisbal se disfraza de artista para minorías haciendo una gira de teatros para camuflar la deserción creciente de sus seguidores, Amaral se arrima a los alternativos en busca de una credibilidad que su cuenta de resultados revela que no necesita y se presenta en festivales como Sonorama o ¡Monkey Week! mientras que Vetusta Morla, Love of Lesbian o los mismos Supersubmarina cuelgan el cartel de no hay billetes en salas para más de mil personas. Es el signo de los tiempos. Y musicalmente también la cosa va por ahí. Los jienenses se visten de modernos y mencionan a Editors o Bloc Party entres sus referentes, pero su forma de cantar entronca de lleno con la de los cantantes melódicos de toda la vida, y tal vez ahí resida el secreto de su éxito, en borrar las fronteras entre el indie y lo comercial, entre Nacho Vegas y Bunbury, entre Popgrama y Operación Triunfo, entre Miguel Bocamuerta y Danny Daniel (si es que alguien se acuerda de cualquiera de ellos).

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