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Publicados los recuerdos de Bécquer escritos por un amigo de su época

  • La publicación del libro, realizado por el escritor y periodista Julio Nombela a mediado del siglo XIX, coincide con el 150º aniversario de la edición de las famosas 'Rimas y leyendas' del poeta sevillano

La semblanza que el escritor y periodista Julio Nombela (1836-1919) escribió de su íntimo amigo Gustavo Adolfo Bécquer en las páginas de sus memorias han sido publicadas por primera vez como libro independiente, con el título Bécquer, ahora que se cumplen 150 años de la publicación de las Rimas y leyendas.

Impresiones y recuerdos fue el título que Julio Nombela puso a sus gigantescas memorias, de más de mil páginas y que no se editan desde mediados los años setenta, y ha sido Javier Hernández, director de la sevillana editorial Mono Azul, quien ha tenido la iniciativa de seleccionar las páginas dedicadas a Bécquer en esa monumental obra para publicarlas como libro independiente.

"Desde hace años estoy emocionado con la impresión que me causó la lectura de estas páginas de Nombela; y me pasó con sus memorias lo que Miguel Ángel decía del bloque de mármol, que su Moisés ya estaba allí y 'sólo había que sacarlo'; pues eso mismo, que el libro sobre Bécquer estaba allí y sólo había que sacarlo", dijo el editor.

Para Hernández, el valor de estas páginas estriba en que proporcionan "la figura de un poeta desconocido por lo tan conocido que es, de mano de uno de sus mejores y más fieles amigos" y muestran a Bécquer como "uno de los reyes de la bohemia".

Según el editor, Nombela es alguien que admira a su amigo Bécquer, "pero que también observa su esplendor y su caída de manera fría, distanciada y objetiva", como cuando cuenta cómo ambos dan cuenta de una tortilla de patatas en el Retiro y cómo el poeta come su parte con más hambre que apetito.

Este libro, extirpado de otro libro, según Hernández, acercará a los lectores "de manera casi táctil al joven y apasionado Bécquer que se entregó en cuerpo y alma a la poesía y a quien de alguna forma vivió y murió por ella".

Los datos biográficos que Nombela aporta sobre el sevillano, los detalles de su personalidad, los rasgos de su carácter, cómo transcurrió su vida en Madrid y cuáles eran las costumbres y el devenir cotidiano de la época ayudan a conocer, según Hernández, la vida y la obra del poeta sevillano.

"Bécquer fue el poeta más significativo de una época en la que los poetas eran de un primitivismo maravilloso y la ingenuidad convivía de igual a igual con la dureza y la aspereza de una vida sin acomodos ni grandes liturgias", según el editor.

Hernández aseguró que, al leer estas páginas de Nombela, tuvo la certeza de que Nombela, en algún momento de su redacción tuvo la idea de editarlas como libro independiente, por lo que siguiendo esa impresión es cómo ha seleccionado los textos de Impresiones y recuerdos relativos a los momentos que ambos amigos vivieron juntos, debidos a años de amistad.

Como muestra del carácter de Bécquer y de su amistad con Nombela, valga este párrafo del libro: "Cuando mi tristeza era mayor, porque la verdad se imponía a la mentira, buscaba a Bécquer: necesitaba saturarme de su estoicismo. Él no salía ni un sólo instante de su esfera, se conformaba con su suerte. Por entonces, gracias al trabajo de su hermano, podía atender a las exigencias naturales, aunque con la frugalidad legendaria de las casa de huéspedes baratas; pero ni las necesidades físicas le apremiaban, ni siquiera le molestaban".

Si Bécquer es, para Hernández, "una pequeña luciérnaga en medio de un oscuro siglo", a la hora de definir a su amigo Julio Nombela, el editor recurre a lo que Azorín dijo de él: "infatigable y honrado obrero intelectual", tal vez refiriéndose a su trabajo como "galeote de la narrativa" ya que llegó a firmar y cumplir con contratos que le exigieron la escritura de una novela a la semana.

El propio Nombela se refirió a su vida como "mi larga y trabajosa marcha por el mundo", lo que no quiere decir que no fuese rica en acontecimientos, ya que durante la última guerra carlista fue secretario del general Cabrera y durante cuatro años se estableció en París, desde donde colaboró con la prensa española. Entre 1850 y 1860, Nombela trabajó como periodista en distintos periódicos de Madrid, trabajo que, pese a su extrema juventud, ya compatibilizó con la escritura de novelas cortas.

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