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Rafael e Ignacio Hierro recuperan la historia musical de Granada

  • El libro 'Granada en la música clásica universal' recorre las vivencias y la relación de compositores fundamentales con la ciudad de la Alhambra

Gran conocedor de todos los paisajes de Granada, Rafael Hierro propone junto a su hijo Ignacio un apasionante viaje por la historia musical de una ciudad que ha inspirado a autores de la talla de Falla o Debussy. Granada en la música clásica universal es un compendio de partituras de compositores que la vivieron y de otros que nunca estuvieron aquí, pero sí la soñaron. Ocurrió con Lindaraja, que surgió cuando el músico francés quedó prendado por unas fotografías de la arquitectura, patios y jardines de la Alhambra que nunca pisó.

El libro desgrana las vivencias y la poderosa relación con esta tierra de músicos fundamentales desde el siglo XV hasta hoy y ofrece algunos ejemplos de su música más significativa en un CD que acompaña a la obra de 70 minutos de duración.

La publicación del libro ha sido posible gracias al empeño y el entusiasmo de sus autores. Rafael Hierro explica que la crisis ha reducido en parte el apoyo institucional pero la ilusión que tenían puesta en él ha sido suficiente para que viera la luz hace poco.

Desde Carlo Verardi, quien celebró en 1492 la conquista de Granada con la frottola Viva el Gran Re Don Fernando con la Reyna Don Isabella, a Luis García Román, pasando por Falla, Albéniz, Barrios, Listz, Glinka o Tárrega, el libro se convierte en un estudio indispensable para entender la relación de esta ciudad con la música de todos los tiempos.

El camino se inicia en los siglos XV y XVII, cuando se produjo primero el impulso de la Granada musical -al mismo ritmo que la expansión de esta ciudad en todo el mundo-. Repasa momentos tan vitales como el triunfo del orientalismo, en el siglo XVIII, donde surgieron las primeras óperas granadinas, como Isabel y Fernando, basada en una obra de Calderón de la Barca sobre la conquista de Granada, del francés Stanislas Champein. Prosigue la guía con un momento fundamental. El del romanticismo y los ensueños del siglo XIX, cuando los viajeros extranjeros llegaron a la Alhambra enamorándose de ella. La visitaron Listz (en 1844) "en uno de sus interminables peregrinajes en busca de inspiración" y de su paso quedó Rapsodia Española. Pero también Mikhail Glinka, que guiado de la mano del guitarrista Manuel Rodríguez Murciano, trataría "de llevar al pentagrama los ritmos de la seguirilla sin llegar a lograrlo plenamente". No escribió nada para Granada, pero según los autores fue aquí "donde se le vino a la mente fundar un Nacionalismo musical en Rusia". Edouard Lalo viajaría por España (estuvo en Granada en 1872) y compondría como consecuencia de su viaje Sinfonía Española, dedicada a Sarasate.

Pero si hubo un año significativo para el impulso en esta época de Granada fue 1882, cuando vino el compositor y pianista Isaac Albéniz, quien quedó encantado con esta tierra y en honor de la cual compondría obras como Serenata morisca, Granada, nº 1 de la Suite Española o Torre Bermeja.Les seguirían Emmanuel Chabrier, el tenor Tamberlick, Tomás Bretón, Ronconi o Francisco Tárrega, quien dejó a la ciudad Recuerdos de la Alhambra y Capricho Árabe.

La explosión del alhambrismo comenzaría en el XX, cuando el monumento pasaría de ser fuente de inspiración a la protagonista misma de la mayoría de las composiciones. Bajo el auspicio de Falla, García Lorca y Antonio Gallego Burín, se gestaría el Concurso de Cante Jondo de 1922, con Ramón Montoya, La Niña de los Peines, el Niño de Jerez... El compositor gaditano llevó el nombre de Granada a París y Madrid con joyas como La vida breve o El retablo de Maese Pedro. No fue el único. Ángel Barrios le cantaría con el Trío Iberia y legaría títulos como La Danza de la Cautiva, Danza Gitana, Amanecer en Granada o Saeta granadina.El libro pasea también entre las creaciones de los músicos de la República. Muchos de ellos dedicaron temas a Falla, Lorca y Granada, como las óperas Bodas de Sangre (hasta cinco). Tras ellos, los autores recorren las composiciones de autores que florecieron tras la guerra civil, como Joaquín Rodrigo.

Destaca la obra el papel del Festival Internacional de Música y Danza y los Cursos Manuel de Falla, que ha supuesto desde 1952, una proyección fundamental en la historia musical granadina.

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