Distinción

Rafael Manzano, un clásico de la arquitectura de hoy

  • El arquitecto gaditano recibe mañana la Medalla de Honor de la Academia de Bellas Artes de Granada

Rafael Manzano, un clásico de la arquitectura de hoy Rafael Manzano,  un clásico de la arquitectura de hoy

Rafael Manzano, un clásico de la arquitectura de hoy / Archivo

Rafael Manzano es un clásico de la arquitectura contemporánea, aunque su afabilidad y simpatía chocan con esta condición. Ayer hacía un receso en la deliberación del premio que llevan su nombre, y que cuenta con una dotación de 50.000 euros, para responder a unas preguntas sobre la concesión de la Medalla de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de Granada, que recogerá este viernes por la tarde en el mismísimo Palacio de Carlos V.

Manzano agradece la distinción, cuya entrega considera “muy emocionante” porque la concede “un grupo de amigos muy querido”, pero bromea sobre sus propios méritos. “La medallas son honores tardíos, algo de viejos porque se dan casi en la ancianidad”.

A sus 83 años sigue al pie del cañón y el sábado participará en un acto de conmemoración de las bodas de plata de la Escuela de Arquitectura de Granada, de la que el gaditano también fue profesor. “Hay que viajar de Granada a Sevilla por la mañana y volver por la tarde. Si se viaja de Sevilla a Granada por la mañana y se vuelve por la noche se lleva siempre el sol de frente. Era duro pero me compensaba”, recuerda el arquitecto, que se declara un enamorado de Granada.

“Como Falla, yo me enamoré de Granada. Primero me enamoré de una mujer de Alhama y a través de ella me enamoré después de la ciudad”, rememora sobre los orígenes de su matrimonio con Concepción Pérez Montes, ya fallecida y del que nacieron dos hijos, Julia María y Miguel Ángel.

Dice que en la ciudad de la Alhambra -de la que fue vocal del patronato “hace muchos años”- tuvo muy buenos maestros, como Torres Balbás o Gómez Moreno. Pero, sobre todo, numerosos discípulos, “que al final son de los que más aprendes”.

Entre ellos destaca especialmente el arquitecto Carlos Sánchez, uno de los máximos exponentes de la restauración en Granada pero del que subraya con frecuencia en la conversación “su gracia”. “Él los aglutina a todos, pero eran muchos. Por ejemplo, también estaba Monserrat Castelló, que fue mi ayudante en la enseñanza y ahora también es profesora de la Escuela de Arquitectura”.

Sánchez, que además de su discípulo es amigo y ahora también anfitrión en sus visitas a la tierra de su esposa, será el encargado de ofrecer mañana un discurso en el acto de concesión de la Medalla, unas palabras que mencionarán la historia de los Abencerrajes pero de las que poco más se puede adelantar para no revelar el misterio.

Pero en la entrega de esa distinción no sólo está el cariño de un grupo de amigos, también el reconocimiento a una trayectoria dedicada, como reza en los premios que el mecenas estadounidense Richard H. Driehaus le dedicó, “a la nueva arquitectura tradicional”. “Estos premios intentan cubrir un vacío. No tenemos nada en contra de la arquitectura de tendencias actuales pero queríamos reconocer esa otra forma de ver la arquitectura que intenta no rivalizar en prestancia con las construcciones del pasado sino que intenta coordinarse con ellas”, explica el Catedrático de la Escuela Superior de la Universidad de Sevilla.

Manzano ha dedicado su vida al estudio del Clasicismo, tanto en Occidente como en el mundo islámico, en su actividad académica y también restaurando múltiples monumentos en España. Y, además, realizando una arquitectura que, dentro de la modernidad, no ha renunciado nunca a los valores del legado clásico.

Como defensor de estos valores, Rafael Manzano Martos fue ganador del Octavo Premio Richard H. Driehaus de Arquitectura Clásica, concedido en los Estados Unidos en el año 2010. Coincidiendo con la entrega del mencionado premio en los Estados Unidos, Richard H. Driehaus anunció la creación de un nuevo premio en defensa del patrimonio urbanístico español y de las tradiciones arquitectónicas españolas que más tarde se extendería también de las portuguesas.

Además de su faceta docente en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, de la que llegó a ser decano, estuvo a cargo de la conservación de los Reales Alcázares de Sevilla desde 1971 a 1981. Y aunque el destaca sobre todo su vinculación sentimental con Granada, presidió la comisión de obras del Patronato de la Alhambra y el Generalife de 1971 a 1981 (Premio Shiller de Restauración de Monumentos en el año 1980). Además ejerció el cargo de Director-Conservador de la antigua ciudad califal de Medina Azahara desde 1975 hasta 1985.

Además de la de Granada, es miembro de numerosas instituciones académicas españolas entre las que destacan la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y las Reales Academias de la Historia y de Las Bellas Artes de Granada, Córdoba, Cádiz, Málaga, Écija, Toledo y La Coruña, y la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Unas instituciones que sirven para el enriquecimiento de sus miembros porque afirma que “aprenden de sus compañeros”, pero también de las ciudades que los acogen, porque se debaten cuestiones que afectan a su arquitectura. Aunque, con el humor que caracteriza su conversación, ironiza: "El debate siempre es bueno. Aunque, al final casi nunca se hace según mi opinión”.

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