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Rosendo se despide como siempre: emocionando

Rosendo Mercado, en un momento de su concierto de ayer en Granada. Rosendo Mercado, en un momento de su concierto de ayer en Granada.

Rosendo Mercado, en un momento de su concierto de ayer en Granada. / Carlos Gil

El pasado 5 de marzo del presente 2018, Rosendo Mercado anunció a través de un comunicado que iniciaba su gira de despedida, y que no quería "ni quemarse ni desvanecerse", quería "dejarlo en lo más alto". Como no me lo creo, más que nada, porque no quiero creérmelo, me acojo a los tres puntos suspensivos del propio nombre de la gira, en los que veo, muy en su estilo tan elegantemente sugerente… una puerta abierta a que no sea su retirada absoluta.

Con ese "rumor" de despedida y ambiente de que si no el último, sí será de las pocas ocasiones en que volvamos a disfrutar de esta historia de la música rock española viviente que es Rosendo empezaba la velada. El ambiente era enorme, mucha gente, varias generaciones, padres y madres con hijos y aún con nietos. Cariño, ganas de pasarlo bien y la sensación de día importante. De hecho, por ahí iba la propia propuesta de Rosendo, que se ha hecho acompañar en esta gira de su propio hijo Rodrigo Mercado, que demostró que es un gran artista. Y es que se trataba de esto, de despedir por la puerta grande a una de las personalidades más respetadas de nuestro país. Yo me acordaba (y perdónenme las distancias) de Chiquito de la Calzada, que tras su fallecimiento, se demostró algo, ya casi imposible en nuestro país, que es conciliar el inmenso cariño de todo el público. Como digo, y salvando las distancias, Rosendo es una figura de consenso, una persona querida, admirada, un músico humilde y enorme que tanto ha hecho por la buena música en nuestro país. Por eso no podíamos faltar a la convocatoria. Y fue un disfrute.

Su carrera, como el concierto, está basada en la honestidad y la autenticidad

Rosendo Mercado (Madrid, 1954) se crió en Carabanchel, donde sigue residiendo, algo que ya me parece conmovedor y lo lleva implícito su música, su autenticidad. Comenzó a tocar en un grupo, Fresa, que hacía versiones de música de moda, de ahí y con algunos eso mismos compañeros funda Ñu, una de las grandes bandas de la época de la transición española. Tras esa etapa abandona el grupo para crear un nuevo proyecto, Leño, y comienza la leyenda. Leño es un grupo que desde que debutan como teloneros de Asfalto en 1977 han creado obras maestras como El tren, Éste Madrid, ¡Corre corre!, Maneras de vivir, Sorprendente… canciones sencillamente necesarias y que concierto tras concierto el público sigue esperando que interprete. Será con Leño y junto a nuestro Miguel Ríos, cuando en 1983 se produzca una de las giras más recordadas en la historia reciente de la música española, el Rock de una noche de verano, y en pleno éxito se fue. Y comienza su etapa en solitario, que se inaugura con Loco por incordiar en 1985, editado por RCA. Desde entonces, más 20 discos, giras con Barricada, directos desde el Palau de la Música de Barcelona o desde la cárcel de Carabanchel, discos homenaje por todos los grandes de nuestra música, etc.

Como decía anteriormente, su carrera es la autenticidad, hecha desde la independencia y un actitud única. Buena música y buenas letras. Siempre tocando temas relevantes pero con una fina ironía solo al alcance de las grandes "plumas", sirva como ejemplo Veo veo mamoneo, Aguanta el tipo, Flojos de pantalón,Agradecido o Un capullo en un jarrón. Siempre combativo, siempre ingenioso. Respecto a la música, Rock, el Rock de siempre, con el que tanta gente se ha criado y crecido.

El único vaivén, es la incorporación o no de los teclados, algo resuelto de un tiempo acá con su fiel formación actual: batería, bajo eléctrico y coros y guitarra eléctrica y voz. El otro vaivén es de la Fender Stratocaster a la Gibson que tuvo un tiempo (aunque con pastillas de Fender) y como en lo referido de los teclados, de un tiempo acá volvió a su eterna Fender Stratocaster, que en sus manos es una auténtica prolongación de su alma.

Sus fieles Mariano Moreno, a la batería y Rafa J. Vegas al bajo son parte también del éxito. Los tres se conocen, se admiran y se complementan, como ejemplo, el hecho de adelantar la batería para que quede claro que la música es cosa de los "tres". Comienzan con "aguanta el tipo". La puesta en escena impecable, un fondo de imagen preciosista y variado, entre imágenes del grupo y trabajos del grupo y demás imágenes. Sigue con Por meter entre mis cosas la nariz. Impresionante la voz de Rosendo, un torrente de energía, afinación, agudos… tremendo, no evita un solo agudo en todo el concierto. La prima Elena, El ganador siguen, y está claro, conciertazo, en el escenario ni un cable ni monitores, limpio.

El maestro se cuida y nos cuida. Las canciones que uno no conoce en seguida reconoce, por el estilo y por su sello, son momentos en los que se da uno cuenta de que mientras estabas en otra cosa él ha seguido sacando discos, "currando" como dice el, y todavía te emocionas más. Siguen sus famosos Muchas gracias, y temas como No dudaría, No son gigantes… tras la 16ª canción se dirige al público y dice "Granada, la ciudad más bonita… bueno, de las más bonitas ( es un hombre prudente) esto de las despedidas es muy triste" y suena de manera atronadora El tren , Flojos de pantalón; Masculino singular, Pan de higo y Navegando a muerte. El sonido, desde la mesa de sonido sube de decibelios de manera atronadora, épico. Se van.

Vuelven con Agradecido,Loco por incordiar, y Maneras de vivir. El Palacio de Deportes vibraba, saltaba, daba igual la edad. Rosendo dice " Gracias, se os quiere, un placer; como siempre". Se vuelven a ir pero tienen que volver, y de nuevo Leño, Qué desilusión y el consabido y esta vez temido "hasta siempre Granada".

Una maravilla de encuentro con nuestro Rosendo, te estamos agradecidos ¡maestro!

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