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Sigue el saqueo del almacén televisivo

Acción, EEUU, 2010, 121 min. Dirección: Joe Carnahan. Guión: Michael Brandt, Derek Haas, Skip Woods. Fotografía: Mauro Fiore. Música: Alan Silvestri. Intérpretes: Liam Neeson, Bradley Cooper, Quinton Rampage Jackson, Sharlto Copley, Jessica Biel, Patrick Wilson, Gerald McRaney. Cines: Cinema 2000, Kinépolis, ArteSiete Alhsur, Los Vergeles.

Creada cuando las series televisivas ya no tenían glamour -en los terribles 80, la década de Cheers, Dinastía, Falcon Crest, V, Las calles de San San Francisco, Remington Steele, Miami Vice o MacGyver- El Equipo A (emitida entre 1983 y 1987) es un mito para las generaciones que no conocieron la edad de oro televisiva de los años 50 y 60, digamos que de Rin Tin Tin (1954) a Misión: Imposible (1966). Esas generaciones -los niños o jóvenes de los años 80- son hoy una parte considerable del público mayoritario que llena las salas de cine. Nada de extraño tiene que la revisión de tebeos, películas y series televisivas que parece empeñada en rellenar con nuevas versiones el vacío de ideas que aqueja al actual cine comercial americano se haya decidido por resucitar lo que para las generaciones de los 80 es un mito televisivo. Al modo de El Padrino II (perdón por la comparación) la película une el pasado, para mostrar por qué se convirtieron en malditos, y el presente. Para actualizarla la han trasladado a Iraq y la han rellenado de efectos digitales no siempre conseguidos. El realizador Joe Carnaham -Ases calientes, Narc- ha dicho que si en los tiempos de la serie hubieran existido estos efectos, los habrían utilizado. Puede que tenga razón, pero por el bien de la vieja (y avejentada) serie no fue así. Porque los efectos han generado una especie de somnolencia entre los guionistas y de pereza entre los directores que perjudica una gran parte del último cine de acción. Puede ser un recurso útil; pero cuando el recurso se convierte en parte esencial de la película ésta pierde, inevitablemente, consistencia. Lo mejor de esta resurrección es el punto de locura pop que a veces alcanza. Lo peor, tomarse a ratos en serio y el ya citado abuso de efectos no siempre logrados.

Y un aviso para Liam Neeson: El equipo A dio una última popularidad y supongo que buenos ingresos a su antecesor George Peppard. Pero también fue su tumba. Cuando grabó los episodios hacía más de una década que no interpretaba una película importante; y tras la serie sólo rodó dos títulos más y se retiró. Tan lejos estaba aquel Peppard de su personaje de Desayuno con diamantes como Liam Neeson de su Schlinder. La televisión era la más o menos lujosa tumba de los actores desechados por el cine. Hoy tal vez sea el propio cine la tumba de las erráticas carreras de grandes actores para los que, al parecer, no hay grandes películas.

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