Crítica de Cine

Sobrevivir en tiempos del gigante Marvel

Un fotograma de la película. Un fotograma de la película.

Un fotograma de la película. / g.h.

No sé ustedes, pero uno tiene la impresión de que siempre hay una película de Marvel en la cartelera, otro nuevo blockbuster de colores saturados y metálicos y superhéroes franquiciados dispuesto a perpetuar esa nueva dictadura del Hollywood global en las taquillas de todo el mundo. Así, Deadpool 2 llega antes de que uno recuerde que hubo un Deadpool 1, que por lo visto era la apuesta más gamberra (sic) de la casa, la que tiene al personaje más macarra, deslenguado y, como mandan los cánones de la hiperposmodernidad, más autoconsciente y autoparódico de todos los salidos de la factoría gráfica ahora en manos de Disney.

Pero no, la autoconciencia y la autoparodia, ni mucho menos las insoportables largadas supuestamente ingeniosas y sarcásticas de nuestro héroe quemado y enmascarado (bajo cuyo disfraz se esconde el sosainas y a la sazón coguionista Ryan Reynolds), son suficientes para atravesar la enésima y pueril escalada de acción y destrucción masivas de CGI a propósito de una risible venganza con los abusos infantiles y el duelo familiar como pretextos para la alianza de una pandilla multicultural de superhéroes de usar y tirar incluso en su versión más ridiculizada. Si el espectador ideal de estos productos es la adolescente empalomitada que reía a carcajada limpia en la fila de delante, se diría que esta atronadora, autopromocional y marvelizada concepción del cine de gran espectáculo tiene para rato.

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