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Sultana Wahnón busca el Holocausto en la poesía española

  • La catedrática de Literatura ingresa en la Academia de las Buenas Letras con un discurso sobre el impacto de Auschwitz en los autores de la posguerra

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La catedrática de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada Sultana Wahnón es desde ayer la nueva integrante de la Academia de las Buenas Letras de Granada al ocupar el sillón Y que dejase vacante Juan Jesús León. Wahnón fue respondida en su discurso de ingreso, celebrado en el Paraninfo de la Facultad de Derecho, por el poeta y miembro numerario de la academia José Gutiérrez.

Wahnón ofreció un discurso realmente interesante y sorprendente: El campo y las cenizas. Imágenes del Holocausto en la poesía española de posguerra, en función de un estudio que ha hecho de rastreo por la literatura española en busca de alusiones a la matanza de judíos que se llevó en Alemania en los años treinta y cuarenta.

"No es un estudio exhaustivo y puede que haya muchos poetas que no he descubierto", decía ayer, "pero el caso es que he descubierto poetas". La investigadora partía del famoso dictum del filósofo alemán Theodor Adorno, que señaló que "después de Auschwitz, no se puede escribir poesía", porque la que se había considerado como la cultura superior, la europea, había demostrado ser una cultura de barbarie. "Yo quería rebatir ese dictum y demostrar que no sólo se puede escribir poesía después de Auschwitz, sino sobre Auschwitz", señaló Wahnón, que comenzó a investigar a poetas españoles que hubieran escrito sobre el Holocausto. Encontró a Max Aub, escritor español y judío en el exilio que escribió su drama San Juan, sobre un barco lleno de refugiados a los que ningún país deja entrar en puerto.

"También estudié a un poeta melillense, Miguel Fernández, que escribió el poema Las tumbas de los judíos, en el que, tomando como referencia el cementerio de Melilla, en realidad se refería al Holocausto".

La poesía más significativa sobre el Holocausto comenzó a aparecer en los años sesenta, liderada sobre todo por Max Aub y León Felipe, que escribió en 1965 Oh, este viejo y roto violín, y que Sultana Wahnón considera como fundador del género. También se unirían poemas escritos por Jorge Guillén y Rafael Alberti.

"Pero son poemas de los años sesenta", dice Wahnón. "¿Qué ocurrió en la poesía cuando lo de Auschwitz estaba ocurriendo, en los años treinta y cuarenta?". La investigadora se encontró con un extraño silencio al respecto. "He encontrado cosas de Rafael Cansino Assens y, por indicación de José Gutiérrez, referencias en Antonio Machado".

En los años cuarenta, Wahnón encontró referencias, pero siempre plasmadas de una manera velada por temor a la censura franquista, como fue el caso de Dámaso Alonso con Mujer con alcuza, que en un comienzo se iba a llamar La superviviente. "No sé si era por el miedo o porque el impacto de lo que supuso Auschwitz fue tan tremendo que se quedaron mudos", dijo Sultana Wahnón.

Otros poetas, sin mencionarlo, tuvieron en mente para muchos poemas el drama del Holocausto, como puede ser el caso de Blas de Otero, "que sufrió de una tremenda angustia producida por la experiencia histórica". "El impacto se notó en muchos poetas aunque el tema no se tratase de una forma abierta", añadió.

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