Susurros de la mente para el alma

Crítica clásica ine

Un momento de la actuación.
Un momento de la actuación.
Gonzalo Roldán Herencia

07 de febrero 2016 - 05:00

CONCIERTO SINFÓNICO OCG

Programa: Einojuhani Rautavaara, 'Suite Lorca'; Juan Alfonso García, 'Seis Caprichos', 'Cien jinetes enlutados' y 'Tríptico'; Francesc Vila, 'Nocturnos de la ventana'; Héctor Eliel Márquez, 'La madre' (estreno absoluto). Coro y Orquesta Ciudad de Granada. Director: Carlos Federico Sepúlveda. Solistas: Solveig Samúelsdóttir (mezzosoprano) y Moisés Marín (tenor). Recitador: José Manuel Ruiz. Lugar y fecha: Auditorio Manuel de Falla, 05 y 06 de febrero de 2016

El Coro y la Orquesta Ciudad de Granada ofrecieron un sentido homenaje a Juan Alfonso García, fallecido el pasado año, en un concierto vocal en el que la poesía de Federico García Lorca sirvió como eje vertebrador. El coro de la OCG, cuya dirección ha tomado en sus manos recientemente Héctor Eliel Márquez, demostró con este concierto su calidad y profesionalidad, estando a la altura de las principales formaciones corales de nuestro país al abordar un extenso y complejo programa íntegramente consagrado a la música vocal. En este sentido, Héctor Eliel Márquez ha recogido el testigo de excelencia que deja su predecesor Lluis Vilamajó, el cual no sólo está manteniendo, sino que seguramente lo desarrollará más allá de cualquier expectativa dada su musicalidad y profundo conocimiento de la música coral.

La primera parte del concierto fue todo un retablo musical consagrado a Lorca, profano y popular pero a la vez espiritual en esencia, a través de la particular visión de tres autores contemporáneos. El primero de ellos fue Einojuhani Rautavaara, compositor finlandés que se acercó a la poesía lorquiana para componer su Suite Lorca, en la que el autor explora las reminiscencias que la poesía del poeta andaluz despertaba en su subconsciente musical. Le siguió Seis caprichos de Juan Alfonso García, un gran enamorado de Lorca que rindió tributo a su poesía con una música sorprendentemente expresiva que transmite a la perfección la esencia misma de la lírica lorquiana. Estos Seis caprichos exploran no sólo la línea semántica de los textos, sino también su condición musical en sí, al ahondar en las onomatopeyas, redundancias silábicas y juegos sonoros de cada verso; a ellos se unió la canción Cien jinetes enlutados como lógico epílogo a ambas obras, y los Nocturnos de la ventana de Francesc Vila. Bajo la dirección de Carlos Federico Sepúlveda, el Coro de la OCG estuvo impresionante en cada interpretación de estas obras, demostrando su enorme capacidad expresiva y el perfeccionado sonido.

La segunda parte se inició con Tríptico de Juan Alfonso García, una obra sublime en su concepción sinfónica que nos recuerda cuán gran compositor ha perdido la ciudad de Granada. Escrita como homenaje a Manuel de Falla y Valentín Ruiz Aznar, maestros de Juan Alfonso, la pieza explora en una armonía extendida las capacidades tímbricas de la orquesta para susurrar al alma los secretos de la conciencia. Sepúlveda realizó una magnífica interpretación de la partitura, que sirvió como prólogo para la última obra del programa: el estreno absoluto de La madre de Héctor Eliel Márquez.

La madre es una obra para orquesta y coro estructurada en cinco números que ahonda en el ideario estético y emocional del compositor. Con un amplio despliegue de medios tímbricos, la escritura orquestal resulta audaz y bien construida, creando atmósferas sonoras muy sugerentes y de gran carga emotiva. A ello se une la presencia del coro y dos solistas, que interpretan los textos seleccionados de autores como José Antonio Muñoz Rojas, Antonio Carvajal, José Ignacio Morenodávila o Vicente Huidobrol, sin olvidar a Federico García Lorca.

De este modo, el compositor aprehende de estos autores la expresión de cada episodio de su discurso, y al yuxtaponerlos en esta obra los está convirtiendo en una recreación personal puesta al servicio de sus intenciones expresivas. Los textos, que llegaron a él desde muy diversas tradiciones y semánticas, ahora cobran una nueva dimensión al ser puestos en música y ensamblados en este magnífico collage sonoro. El resultado es una partitura difícil de definir en su género, bella a los sentidos y a la razón por igual, que desde su primera nota penetra en el alma del oyente.

A nivel interpretativo cabría destacar la magnífica voz del tenor Moisés Marín en la Anunciación de la carne, página que, a modo de romanza, transmite bellamente el amor de una madre hacia su hijo y la satisfacción de ver su felicidad; la interpretación de Moisés Marín estuvo a la altura de las exigencias técnicas y la potencia necesarias para compensar la rica dialéctica con la parte orquestal.

También resultó impactante la recreación para coro y orquesta que realizó Héctor Eliel Márquez de Los cuatro muleros, canción popular armonizada en su día por Federico García Lorca y que ahora toma nueva entidad en una magistral realización cargada de viveza, de fuerza y de expresividad. Magnífico también el Coro de la OCG, no sólo en esta página popular, sino en toda la obra, pues su presencia es importante tanto semánticamente como también a nivel tímbrico. Márquez, un buen conocedor de la música coral, ha escrito una pieza que trabaja a la perfección la dinámica de texturas vocales, potenciando los juegos sonoros y los múltiples efectos.

Así, en el último número Absalon fili mi toma como referencia un motete de Josquin des Prés para después ir desintegrándolo y transformándolo maravillosamente en un conmovedor treno por la muerte del hijo.

Estamos ante una gran obra, fruto de la creatividad de un gran artífice de la dirección y la composición, y sin duda el público granadino no quedó indiferente con este estreno de La madre de Héctor Eliel Márquez, del que podemos esperar grandes cosas en un futuro no muy lejano.

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