mariche huertas. directora del festival de jazz de granada

"Tener cultura musical también es saber quién fue Charles Mingus o Tete Montoliú"

  • La excoordinadora de la cita musical pasa a primera línea de acción con un programa lleno de mujeres solistas, actividades solidarias y conciertos paralelos en distintos espacios de la ciudad

La nueva directora del Festival de Jazz de Granada, en una fotografía reciente. La nueva directora del Festival de Jazz de Granada, en una fotografía reciente.

La nueva directora del Festival de Jazz de Granada, en una fotografía reciente. / g.h.

Mariche Huertas es, ni más ni menos, que la primera mujer en dirigir un festival de jazz en España -concretamente el de Granada-. Licenciada en Derecho y técnica superior en gestión cultural por la UGR, Huertas ha llevado desde 2003 la coordinación técnica y artística del Festival de Jazz de Granada, el Festival Jazz en la Costa, el Festival de Jazz y Blues de Busquístar y el ciclo Jazz Hecho en España en Corral del Carbón. La bloguera ha sido miembro del jurado durante varios años del Concurso de Intérpretes de Jazz y colabora en revistas especializadas en el género musical. En su primer año como directora, Huertas ha apostado por un atractivo cartel lleno de mujeres solistas, actividades solidarias y conciertos paralelos en distintos puntos de la ciudad. La saxofonista chilena Melissa Aldana inaugurará el programa de la 39 edición del Festival de Jazz con un concierto en compañía de su banda. Antes, dará una clase magistral en la Escuela de Jazz Ool Ya Koo.

-¿Qué significa el jazz para usted?

-El jazz nació de personas inmersas en la absoluta marginalidad. Me llamaba la atención cómo esas personas que sufrían encontraban paz en el jazz, esa música que ellos mismos iban creando y cuyo lenguaje lo hacían incomprensible para el que les oprimía. La ira y la rabia se transformaban en energía positiva. El jazz y el blues representaba libertad y, especialmente para las mujeres, fue la banda sonora de una lenta pero imparable liberación y de un incipiente feminismo que se hacía necesario. Era el acompañamiento perfecto en su rebeldía contra el racismo, el machismo y esa moral de principios de siglo que las asfixiaba. Ese efecto liberalizador aún pervive y es apasionante. Invito a quienes no lo conozcan que lo descubran. A veces posee una belleza no tan explícita como en otras músicas pero a medida que se va conociendo se vuelve adictivo. El jazz es pura belleza. Hay una frase que me gusta mucho: "El jazz no es tú debes, sino tú eres".

-El cartel de este año está repleto de mujeres solistas. ¿Tiene que ver con que haya asumido la dirección?

-El hecho de asumir la dirección me ha permitido aportar cierto matiz femenino de una manera amable sin demasiado ruido extremista ni radicalismos. Simplemente he dado un ligero toque, pero reconociendo que la programación ha sido buscada. Creo que no hay ninguna directora de festivales de jazz en España que sea mujer. No es casualidad tampoco que se clausure con Stacey Kent y que, entre medias, se programe a Eliane Elias. Ni tampoco que todas ellas sean líderes de banda.

-¿Qué me puede decir del concierto inaugural, con una pujante Melissa Aladana?

-Después de estudiar muchas propuestas Melissa Aldana era la más acertada por varias razones. Era instrumentista, había sido la primera mujer que había el ganado prestigioso concurso Thelonius Monk, y en mis conversaciones en camerinos con los músicos de jazz, a quienes tanteo con frecuencia para recabar datos más directos sobre otros músicos de jazz, había unanimidad ante la afirmación de que estábamos ante un nuevo fenómeno y posiblemente la legítima heredera de Sony Rollins. A ello se añadió que Cecil McLorin, con la que mantuve interesantes conversaciones cuando vino al Festival de Almuñécar, me avalara esas opiniones.

-Hay dos conciertos distintos porque se destinan a niños y enfermos.

-En la edición anterior la solidaridad estuvo presente en el Festival de Jazz de Granada. Por segunda vez se ha querido repetir y se ha contado de nuevo con la Obra Social la Caixa patrocinando un concierto didáctico solidario dirigido a niñas y niños en condiciones de especial vulnerabilidad social, con minusvalías psíquicas y físicas. Y luego, sabedores de la dureza de los tratamientos de quimioterapias, junto con dos doctoras oncólogas y contando de nuevo con la Obra Social, decidimos organizar un concierto, para esos enfermos y enfermas. Nuestro propósito: alegrarles y lanzarles el mensaje de que no nos olvidamos de ellos y de que el jazz puede ser también una excelente terapia.

-Llegan ya casi a los 40 años -se celebra la 39 edición-, y en tiempo de crisis, ¿cómo se presenta esta edición?

-Acepté el relevo en la dirección sabiendo ese escaso apoyo financiero público. Y, lejos de victimismos, con un programa marcado por la excelencia se hizo una campaña de captación y se ha aumentado de manera considerable el patrocinio privado. Hay que ser optimista. Como he dicho antes apenas ha costado trabajo conseguir que locales programen jazz, el cartel de este año es exquisito y el aficionado lo sabe. Los abonos se han agotado en muy poco tiempo y las entradas se están vendiendo a una velocidad considerable.

-¿Porque se financia básicamente de los espectadores, no?

-Efectivamente. Es alentador que este festival ha contado y sigue contando con el apoyo del público, que es quien lo hace posible. Cada vez se está tomando más conciencia, de que cuando se compra una entrada del Festival de Jazz o asistiendo a cualquiera de las actividades en paralelo, se está contribuyendo al desarrollo cultural de la ciudad, generando trabajo, riqueza y la posibilidad de que el festival pueda seguir celebrándose.

-¿A quién echa de menos en el festival?

-Echo de menos mayor presencia de quienes están relacionados con la docencia y el aprendizaje musical: conservatorios, estudiantes, profesores. Tener cultura musical no es sólo conocer a Bach o a Beethoven, sino también saber quien fue Cannoball Adderley, Tete Montoliú, Abbey Lincoln o Charles Mingus, por ejemplo. El jazz merece el mismo respeto que otros estilos y esta necesitado de una mayor alfabetización. La oportunidad de escuchar en directo a grandes maestros es un lujo nada despreciable.

-El programa paralelo refleja la intensa vida musical de la ciudad.

-Somos conscientes de la rica vida musical de la ciudad y de la demanda del público, que cuando sale del teatro Isabel la Católica tras haber asistido a algún concierto del programa central, desea seguir disfrutando de jazz de calidad. Había que potenciar, lo que ya se venía haciendo desde hace años: jazz en paralelo. Por ello, se elaboró una lista de músicos granadinos que, por cierto no para de crecer, a la que llamamos Jazz en Granada, para facilitar la elección de músicos y alentar a que los locales programaran jazz y blues. El resultado ha sido un éxito, no solo por el entusiasmo y disposición de los músicos, sino también por la respuesta de los organizadores de estas jam sessions que, aun sin recibir ninguna ayuda económica, no dudaron en sumarse a la iniciativa. Como todos los años, Granada, en noviembre, se vestirá de jazz.

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