Vanessa Montfort | Escritora

"Ganarme la vida con la literatura es el principal milagro al que yo he asistido"

  • La autora catalana presentará su nueva novela, 'El sueño de la crisálida' (Plaza & Janes), el domingo en el espacio central de la Feria del Libro

  • En ella cuenta la "hermosa historia de amistad entre dos mujeres, rebeldes con causa, que no estaban destinadas a encontrarse"

Vanessa Montfort (Barcelona, 1975), en una imagen reciente. Vanessa Montfort (Barcelona, 1975), en una imagen reciente.

Vanessa Montfort (Barcelona, 1975), en una imagen reciente. / G. H.

A los seis años, Vanessa Montfort (Barcelona, 1975) ya escribía textos. Algunos los cosía en un libro y los regalaba a sus familiares y amigos, con dedicatoria incluida. "Tenía asumido el mundo editorial", recuerda entre risas mientras pasea por Granada, "una de las ciudad más hermosas del mundo". La escritora y dramaturga catalana, con 20 años de trayectoria impecable a sus espaldas, presentará el domingo su nueva novela en el espacio central de la Feria del Libro.

El sueño de la crisálida (Plaza & Janes), resume, cuenta "la hermosa historia de amistad entre dos mujeres que no estaban destinadas a encontrarse". Las dos, una periodista y la otra ex religiosa, "van a tener que dejar a un lado toneladas de prejuicios para poder entenderse, comprenderse y respetarse", señala Montfort. A ambas les une una vida marcada por los abusos (de todo tipo: sexuales, psicológicos; en el colegio, en el trabajo, en la congregación). La cambiarán enfrentándose a su destino con pericia y coraje.

-Jesucristo, Buda y Mahoma aparecen mencionados al inicio del libro. ¿Quién es su verdadero líder espiritual, si es que lo tiene?

-Nunca he sido muy grupi de ningún profeta o religión. Siempre he bebido de filosofías de vida. Era una declaración de intenciones que esta novela la encabezaran las cinco frases de diferentes filosofías de vida. Son formas de ver nuestro espíritu y nuestro interior. Creo que es algo que no tenemos muy trabajado y que, a veces, por huir del concepto de religión nos olvidamos de que muchas de ellas beben de filosofías de vida muy interesantes, que nos pueden ayudar a construirnos por dentro.

-El sueño de la crisálida cuenta la historia de una metamorfosis. ¿Cuánto cuesta aceptarse a una misma?

-Supongo que toda una vida. Es un camino de autoconocimiento. Hay gente que se conoce antes, otros que después, y algunos que ese viaje al interior no lo hacen nunca. Hay un momento en la novela en el que Patricia –una de las protagonistas– está asistiendo a clases de meditación porque no sabe muy bien a qué agarrarse para empezar a equilibrarse.

Portada del libro 'El sueño de la crisálida'. Portada del libro 'El sueño de la crisálida'.

Portada del libro 'El sueño de la crisálida'. / G. H.

-"Mi superpoder era escribir", dice su álter ego, Patricia.

-Sí, y también otro, que es que todo el mundo le cuenta su vida (ríe). Esa virtud la compartimos. A mí todo el mundo me cuenta en décimos de segundo una intimidad. No te puedes imaginar hasta qué punto. Eso es un tesoro para cualquier periodista y para cualquier escritor. Tengo he tenido la suerte de conocer a personas muy interesantes de diferentes latitudes y distintas profesiones, que me han prestado sus experiencias y sus historias. De quien más aprendo, más que documentándome en cualquier parte para mis novelas, es de las personas y de sus historias sin escribir más que los libros. En cuanto a las crisálidas y a las transformaciones, ese viaje a nuestro interior es lo importante. Nos entretenemos en viajar por todo el mundo, a cada rincón del planeta, para descubrir cosas increíbles, pero hacemos pocos viajes viajes interiores y a veces está todo muy desordenado.

-Una de sus protagonistas, Patricia, sufre primero acoso en el colegio. ¿El peor golpe es el que no se da?

-Exacto. A veces no sabes ni que lo estás recibiendo. Es tremendo.

-Cuando ocurre no sabemos ni nombrar ese dolor.

-Claro. En esta novela se habla mucho de la falta de empatía, del peligro que corremos cuando no nos importan los demás, cuando no nos detenemos a hablarnos a nosotros mismos y a conocer a los demás. Ese es un peligro tremendo porque nos deja a merced los unos de los otros. Rara vez te vas a interesar por alguien que no conoces en absoluto. Hay una escasez de mirarnos a los ojos, de conversación real.

-Además vivimos hiperconectados, pegados al móvil.

-La tecnología nos puede acercar, pero también alejar. ¿Cuándo nos aleja? Cuando se convierte en un sustitutivo de algo que tenemos más a mano. La tecnología te acerca cuando estás al otro del oceáno y puedes llamar a tu madre y verla por Skype, y preguntarle cómo se hacen unos lentejas. La tecnología te aleja cuando la tienes a 10 minutos y llevas una semana sin verla.

-"El colegio me había enseñado lo duramente que se castigaba salirse del conjunto", se lee en su novela. ¿No observa una tendencia en este siglo XXI tan global del odio, la violencia, hacia el diferente?

-Eso es muy habitual. En España no nos gusta lo que destaca, ni por encima, ni por debajo. Creemos que nos gusta la diversidad pero no es cierto. No estamos acostumbrados a ello. Ya no digo en España, digo en Europa. Ya escaneamos a una persona cuando lleva una ropa o pelo diferente. Si eso lo llevas a tener un criterio propio, a tener una visión propia de la vida, multiplícalo por tres. Esta novela explora mucho esta circunstancias porque los dos personajes, una de manera más reciente, que es Greta, porque ha sido expulsado hace unos meses de su congregación por ser contestataria. Ella habla de cosas como la situación de las religiosas y por qué están invisibilizadas, por qué no pueden dirigir un retiro espiritual. Ella es la esperanza de su congregación y cuando luego cae en comunidades más pequeñas donde sienten celos de ella y la cuestionan. Cuando una persona es un hereje en el sentido no religioso, es decir, desafíalo establecido, todos los demás se tienen que hacer preguntas por sí mismo y acerca de su comportamiento. A Patricia le pasa en el mundo del periodismo. Ella choca con el criterio de otras personas que le dicen: "No, es que esto ha sido siempre así y no nos toques las narices porque entonces vamos a tener que hacer algo al respecto".

-A la mujer siempre se la cuestiona más.

-Sí. A nosotras se nos cuestiona doblemente. Pero al igual que a una persona más joven siempre se le cuestiona más que a una persona mayor.

-¿Cree que la mujer podrá asumir otros papeles de mayor relevancia en la Iglesia en poco tiempo?

-Eso es una cuestión de tiempo, sí. Las religiosas ya han empezado a revelarse. Cuando me estaba documentando para la novela prácticamente ninguna religiosa había hablado no sólo de abusos sexuales, sino de poder.

-Su anterior novela, Mujeres que compran flores, también habla del hermanamiento entre mujeres. ¿Estamos más unidas que nunca?

-Sí. Hay una conciencia de que debemos hacer cadena. También con el hombre. Defiendo un feminismo muy cómplice con el hombre y no agresivo porque no llega a un lado. La tarea pendiente del feminismo es sumar a los hombres en nuestras reivindicaciones.

-¿Ganarse la vida con ello es un milagro hoy día?

-Sí. Es el principal milagro al que yo he asistido (ríe). Con esta novela cumplo 20 años de profesión, desde que estrené mi primera obra de teatro. Siempre pensé que lo que quería era esto. Quería levantarme por las mañanas y saber que era escritora. Ha tardado 20 años en llegar.

-Mujeres que compran flores la convirtió en un fenómeno de ventas. ¿Eso en qué se traduce a nivel creativo y personal? ¿Agobia?

-A mí me ha dado más libertad que agobio. Claro que sientes la presión editorial. Eso siempre está. Sin embargo, el regalo que te dan los lectores, de recomendarte, leerte, te da fuerzas para escribir hasta quedarte sin aliento, vacía. La literatura era y es mi juguete, no me puedo imaginar mi vida sin ella.

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