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Yerbabuena, en esencia

APARIENCIAS

Programa: Apariencias, espectáculo ideado por Eva Yerbabuena con música de Paco Jarana y Antonio Coronel. Intérpretes: Eva Yerbabuena, Lorena Franco, Christian Lozano, Fernando Jiménez, David Coria y Ángel Fariña. Músicos: José Valencia y Alfredo Tejada (cante), Paco Jarana (guitarra), Ana Sinkëy (voz), Antonio Coronel (batería). Lugar y fecha: Teatro del Generalife, 30 de junio de 2016. Aforo: Lleno

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Eva Yerbabuena llenó la noche del Generalife con su arte y su concepción contemporánea del flamenco a través de un espectáculo que, bajo el título Apariencias, presenta una amalgama de inspiración impresionista, que según la artista surge de "una profunda reflexión donde nada es lo que parece ser". Para deslumbrarnos y encantarnos estuvo rodeada en escena por cinco bailarines de su compañía y por la música en directo de los cantaores José Valencia y Alfredo Tejada, junto a la parte instrumental de Paco Jarana a la guitarra y Antonio Coronel en la percusión.

Ver bailar a Eva Yerbabuena es siempre asistir a un espectáculo del más puro flamenco, pues esta bailarina tiene eso que llaman duende y que Federico García Lorca ya definía como la cualidad misma del alma flamenca. Efectivamente, esta bailaora y coreógrafa muestra un hondo saber de los principios más esenciales del baile flamenco, ahondando en su raíz más ortodoxa y pura, y eso es algo que muestra en su forma de bailar y de concebir las coreografías de sus espectáculos. Pero Eva ofrece algo más: una visión clara de que el arte no tiene fronteras, y que su fluir puede buscar fusiones sumamente interesantes con otras músicas y otras tradiciones. Así, Apariencias es un espectáculo que descontextualiza la imagen de lo que consideramos flamenco, y lo hace incorporando elementos muy sugerentes, desde las referencias al fado portugués o la inclusión de elementos de la danza contemporánea.

El espectáculo se desarrolló a partir de las composiciones de Paco Jarana y Antonio Coronel, que fueron también los intérpretes en directo de la música discretamente ocultos entre las brumas del humo escénico y los haces de luz que configuraban la escena. Efectivamente, la iluminación jugó un papel importante en este espectáculo, pues de forma magistral iba centrando la atención del espectador en elementos escénicos concretos. Así, cada bailarín aparecía asociado a un foco de luz, que se transformaba en forma y color conforme iba desarrollándose la coreografía.

Si bien el espectáculo resultó semánticamente poco atrayente, en lo artístico consiguió altas cotas de calidad que evidencian la maestría y el arte de Eva Yerbabuena y el buen criterio para escoger a sus compañeros de escena. Desde el inicio se establece un contraste entre la bailarina Lorena Franco, que representa una tendencia más contemporánea del baile flamenco, con movimientos compulsivos y quiebros articulares más propios de la danza contemporánea, y la figura de Eva Yerbabuena, que con unas realizaciones precisas y en ocasiones de gran virtuosismo recordaron al público por qué es una de las grandes de este género. Particularmente artística fue la figura con mantón que la Yerbabuena realizó sobre una malagueña en solitario, llenando la escena con la simplicidad de un traje negro, un mantón de tonos azules enrollado en su torso y el arte de su suave contorneo y el floreo de sus manos. También es digno de destacar el doble zapateado sobre peteneras que realizaron dos de los bailarines, o la incursión de un fado aflamencado cantado en la suave y cautivadora voz de Alana Sinkëy.

Las realizaciones coreográficas de los bailarines se iban engarzando con la intervención de los cantaores José Valencia y Alfredo Tejada, que cantaron al alimón la mayoría de los números en una conjunción llena de arte y poderío; lástima que la megafonía distorsionase en ocasiones su voz, y la mala compensación del volumen llegase a ser desagradable a los oídos.

Cerrando el espectáculo Eva Yerbabuena se marcó un zapateado sobre una soleá digno de entrar en el museo de la fama del flamenco. Durante casi diez minutos seguidos la bailaora fue engarzando en sus pies diversas series rítmicas con gran ingenio y fuerza, en un ejercicio de virtuosismo interpretativo en el que el oído percibía lo que el ojo no llegaba a ver.

Magia en movimiento, arte flamenco en esencia reencarnado en la figura de Eva Yerbabuena, que fiel a su ideario, no dejó indiferente a nadie en su visita a Granada.

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