"Que haya habido menos literatura femenina no significa que sea de menor calidad”: Ángel Esteban arroja luz sobre las mujeres parisinas

El catedrático Ángel Esteban rescata en su último libro la vida y obra de treinta autoras que transformaron la escena literaria y artística de la capital francesa a finales del XIX y principios del XX

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Ángel Esteban posa junto a su libro.
Ángel Esteban posa junto a su libro. / G.H.

Ángel Esteban (Zaragoza, 1963) es catedrático de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Granada y experto en literatura latinoamericana y cultura hispanoamericana. Ha publicado más de setenta libros y ha impartido conferencias en universidades de Europa, América y Asia, consolidándose como una de las voces más reconocidas en su campo. En su último libro, París en femenino, descubre una ciudad distinta, llena de mujeres que escribieron, pintaron y contribuyeron decisivamente a la vida cultural de la ciudad de la luz, pero cuya huella permanecía casi invisible hasta hoy. Tras una gira de presentación dentro y fuera de España el autor llegará a la Biblioteca de Andalucía el 14 de abril, acompañado por Erika Martínez.

En su libro, Esteban explora cómo París, a finales del XIX y principios del XX, se convirtió en un espacio de libertad y creatividad para mujeres que buscaban vivir y escribir sin las restricciones que sufrían en sus países de origen. "Me inspiró el encanto de París, es una ciudad atractiva en todo sentido, no solo como lugar turístico, sino por el protagonismo que ha tenido en la cultura", explica el autor. Su interés surgió al observar que los manuales de la época apenas mencionaban mujeres: todos los grandes nombres eran masculinos. La obra de Gertrude Stein, escritora y mecenas de Picasso y Matisse, fue clave en su investigación. Stein no solo escribía, sino que orientaba y promovía a los artistas de su tiempo, algo que permanecía ignorado en la historia literaria.

El ensayo hace una parada también en los salones literarios de Rachilde, donde Oscar Wilde encontró apoyo para publicar El retrato de Dorian Gray. Esteban subraya la relevancia de revisar la historia con perspectiva de género: “Tenemos que leer a las escritoras con un criterio de igualdad. Que haya habido menos literatura femenina no significa que sea de menor calidad”.

El libro analiza cómo estas autoras, provenientes de distintos países, encontraron en París un lugar para desarrollarse con libertad. Esteban eligió treinta figuras representativas, incluyendo francesas, estadounidenses, rusas o latinoamericanas, seleccionadas tanto por su calidad literaria como por su influencia en la vida cultural parisina. Otras quince autoras se mencionan en el prólogo, dejando claro que la ciudad acogió a muchas más mujeres relevantes de lo que los relatos tradicionales sugieren.

La obra también pone de relieve cómo París funcionaba como un verdadero crisol cultural, donde mujeres de distintas nacionalidades y trayectorias podían intercambiar ideas, experimentar con la escritura y construir redes de apoyo mutuo. Cafés, tertulias y salones literarios se convirtieron en espacios de encuentro que favorecían la colaboración, la creatividad y la visibilidad de sus obras. En estos escenarios, las autoras podían debatir, leer sus textos en voz alta, criticar y ser criticadas, aprendiendo unas de otras y fortaleciendo su voz literaria. Según Esteban, este ambiente fue decisivo para que muchas autoras pudieran desarrollarse plenamente, explorar temas tabú para su época y dejar una huella duradera en la cultura parisina, pese a que la historia oficial apenas las reconociera. La ciudad se mostraba, así, como un refugio y un laboratorio cultural donde cada encuentro, cada conversación, contribuía a su emancipación intelectual y artística.

Entre los casos que más llamaron la atención del autor están María Bashkirtseff y Elsa Triolet. Bashkirtseff, pese a morir joven, escribió, pintó y participó activamente en las tertulias literarias parisinas. “Ella decía que si hubiera sido hombre habría conquistado Europa”, recuerda Esteban.

Por su parte, Elsa Triolet fue una escritora ruso‑francesa nacida en Moscú en 1896 que se estableció en París en la década de 1920 y se convirtió en una de las voces más singulares de la literatura francófona. Triolet no solo desplegó una obra literaria propia, publicada en ruso y francés, sino que también fue la primera mujer en recibir el prestigioso Premio Goncourt, en 1944, por su colección de relatos Le premier accroc coûte deux cents francs, consolidándose como una figura esencial en la narrativa de la época.

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