Mariluz Escribano | Obituario Se apaga la voz sumergida

  • Muere a los 84 años la poeta granadina Mariluz Escribano, Medalla de Oro al Mérito de la ciudad y premio Andaluz de las Letras

  • Fue exponente tardío de las letras y la enseñanza

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Se apaga la voz sumergida

La voz de Mariluz Escribano se apagó ayer. La suya era la de una mujer de 84 años con versos por vida y obra. Su palabra, la de una mujer de sentir líquido, estaba sumergida dentro de su propio género y su generación. Llegó a la poesía de manera tardía, sus circunstancias la abocaron tanto a esa espera en el estallido como a la inevitabilidad de prender la mecha.

Conoció la pena y el látigo de lo incomprensible desde pequeña: fue una hija de padre fusilado y madre represaliada por lo que el agua de su obra siempre eligió las ramblas del compromiso social. Con tres poemas por pilares, Los ojos de mi padre, Escribiré una carta para cinco y Cuando me vaya, se podría construir toda una obra literaria. Derrame de mirada introspectiva y de verdad incontrolable.

Mariluz, como pedía que la llamaran aquellos que la felicitaron cuando recibió hace un año el X premio de las Letras Andaluzas –lo comparte con Antonio Gala, Manuel Alcántara, Pablo García Baena, Rafael Guillén o Josefina Molina–, no se perdía una sola edición del Festival Internacional de Poesía de Granada y su ciudad, con la que se comprometió a través de la Universidad, le rindió también pleitesía con la entrega de la Medalla de Oro al Mérito. Ella, como siempre, recordaba aquellos méritos con humilde elegancia. “Antes escribía más”, comentaba con risa suave al tratar la preponderancia de su obra.

La suya fue también voz de mujeres y grito de madre sola. Escribiré una carta para cinco es un poema clave para entender por qué la suya es una voz sumergida, errante entre esa cotidianeidad del azar que a veces te rompe los espejos. Mariluz Escribano crió sola a sus cinco hijos tras la muerte de su marido, profesor de universidad. Fue voz de mujeres porque como catedrática de Didáctica de la Literatura en la UGR, estuvo vinculada colectivos como Mujeres Universitarias o Mujeres por Granada, que fundó y lideró durante varios años.

Esta profesora de masas, se vertió también en publicaciones científicas. Sin filtro entre el empirismo y lo vaporoso su última firmada apareció en 2013, Umbrales de otoño, con la que ganó el Premio Andalucía de la Crítica. También se relacionó con la prosa, en textos como Cartas de Praga, con el prólogo a cargo de Luis García Montero. También se dejó caer por la prensa, fue columnista y directora desde su fundación de EntreRíos. Revista de Arte y Letras.

Su sombra llegó hasta las alturas. Ayer, tras conocer la noticia, la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo, lamentó la muerte de la poeta granadina recordándola como “una creadora de universos y sueños plasmados en la que ya es su obra inmortal”.

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