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El arte permanecerá en la calle Oficios

  • La Colección de Arte Contemporáneo de la Diputación de Granada tomará el testigo de los cuadros de José Guerrero en el centro de la institución provincial

El Centro José Guerrero no se quedará huérfano si se concreta el traslado del legado del pintor  al Centro Cultural CajaGranada Museo de la Memoria. La Colección de Arte Contemporáneo de la Diputación de Granada, con obras de cerca de cincuenta autores tan determinantes como Manuel Rivera, Joan Hernández Pijuan, Guillermo Pérez Villalta o Manuel Rivera, posee  dos lienzos del pintor granadino: Súplica (1975) y La brecha III (1989).

Esta exposición será la primera en llegar al Centro de la calle Oficios si los Guerrero dicen adiós. “Tenemos muchas ganas de exhibir estas obras porque es una colección importantísima  que queremos seguir dotando de contenidos”, explica la diputada de Cultura, María Asunción Pérez Cotarelo. “En los últimos años no hemos podido mostrarla a los granadinos porque los herederos de Guerrero se han negado”, puntualiza sobre unos cuadros que son además los cimientos de la futura Fundación de Arte de la Diputación.

 La colección comenzó a gestarse en 1988 con José Olea como presidente de la institución provincial y José Rodríguez Tabasco como diputado de Cultura. La comisión que puso en marcha el proyecto estaba integrada además por Antonio García Bascón, Miguel Ángel del Arco, Miguel Rodríguez-Acosta, José María Rueda, Jesús Conde, Eduardo Quesada Dorador y Yolanda Romero.

En principio nació con el espíritu de adquirir obras de autores granadinos que, por aquellas fechas, no tenían presencia alguna en colecciones públicas de la ciudad pese a ser fijos en los mejores museos nacionales e internacionales. Con este planteamiento, las primeras obras adquridas fueron de José Guerrero, Manuel Rivera y Manuel Ángeles Ortiz, tres figuras clave de la modernidad granadina.

“La colección que la Diputación decidió empezar a crear quería dar testimonio de una Granada renovada con el siglo XX, completando así el ciclo que otras instituciones públicas, fundamentalmente la del Museo de Bellas Artes, le dedican a los periodos anteriores”, escribe Rodríguez Tabasco en el catálogo de la colección. Este nuevo modo de acercamiento a la ciudad está definido en una colección de obras de arte que va desde la concepción laberíntica de Manuel Ángeles Ortiz, Rivera, Torner o Soledad Sevilla hasta una mirada  irónica de la urbe a través de los trabajos de Luis Gordillo, Arroyo o Perajaume. Y de la tendencia al ensimismamiento de Granada con las creaciones de Ismael de la Serna, Chema Madoz, Judith Barry o Pedro G. Romero a la apertura que representan José Guerero, Miguel Ángel Campano, Bello o Juan Vida. Más de sesenta obras de más de cuarenta artistas capitales de la modernidad para tomar el testigo de los  sesenta lienzos de José Guerrero que todavía se encuentran en el museo de la Diputación. La Colección de Arte Contemporáneo está articulada en torno a cuatro bloques temáticos que parten de Granada para desterrar los tópicos y los localismos.

Paisajes

Este apartado intenta desmontar la imagen pintoresca de la ciudad modernizando su iconografía. Sobresalen obras de tres artistas de la misma generación: Ismael de la Serna (El macetero, 1927) Hermenegildo Lanz (Estampas de Granada, 1926) y Manuel Ángeles Ortiz (Paisaje granadino, 1963 y Albaicín, 1967). También están presentes Miguel Rodríguez Acosta, Vicente Brito, Mitsuo Miura, Rosa Brun y fotógrafos como Manuel Bello, Vicente del Amo y  José Muñoz. También el granadino Juan Vida con  El ingenio de San Juan (1990), “una obra que transgrede los escenarios tomados del paisaje en torno a uno de los ingenios que pueblan nuestra vega, con un humor que apela a nuestra complicidad y nos traslada a sugerentes espacios oníricos”, afirma Yolanda Romero en el catálogo Granada de fondo publicado en 2003.

Tramas

“Es curioso observar cómo existe una tradición geométrica que inspira, hasta la actualidad, el encuentro de muchos artistas con Granada”,  descubre Yolanda Romero. Y aquí descolla Manuel Rivera  con las obras Espejo roto nº 2  (1986) y Sublimatorio (1988), donde utiliza la materia tramada “para expresar las esencias poéticas de su tierra natal”, continúa Romero. Susana Solano indaga también en Nura II (1998-1999) en la plasticidad de este material industrial. Frente a estas obras se encuentra la solidez del acero de La rectitud de las cosas (1986) de Gustavo Torner o las geometrías de Pablo Palazuelo.

Soledad Sevilla se adentra explícitamente en la Alhambra con Patio de los leones I (1986) y Legado que hace leves a los montes (1986). La artista, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1993, también incluye  la instalación En Granada la que recita poesía es ella, “donde la rigidez el cobre es alterada por la caída del agua en un ciclo sin fin”, comenta Romero en el catálogo. Destaca una obra de Guillermo Pérez Villalta (El agua oculta o el navegante interior, 1990) que fue un encargo directo de la Diputación y donde el artista inundó en el lienzo una de las salas de la Fundación Rodríguez Acosta. También están presentes Juan Uslé (Carmen del negro. Celosía, 1999), Ferrán García Sevilla (Serie Xa-81, 1996), Luis Gordillo (La pregunta de la respuesta, 1986), Joan Hernández Pijuan (Granada nocturna, 1993) o Carlos Vega (Silent move, 2002).

Elejías

Contiene una de las piezas ‘estrella’ de la Diputación, La brecha III de José Guerrero, pintada en los últimos años de su vida y que gira simbólicamente en torno al asesinato de García Lorca en el Barranco de Víznar. En torno a la memoria histórica también giran lienzos como La luz de Aynadamar de Roberto Matta o Camino II de Miguel Ángel Campano. En este ciclo pictórico está también presente Frederic Amat con Estigma (1991), donde habla de la radical inocencia de las víctimas. La metáfora histórica es el leit motiv de otros trabajos como La furia de los santos (1995-1996) de Francesc Torres, otro encargo directo de la Diputación en el que partiendo de los lienzos de Sánchez Cotán culmina una instalación que explora las relaciones entre la fe y la pasión como motores de la Historia.

Ironías

Sin dramatismos y con mucho sentido del humor. Es el denominador común de trabajos como Bazar o la Alhambra que sobrevivió (1995-2001) de Rogelio López Cuenca, donde monta un particular ‘tenderete’ recopilando los souvenirs más peregrinos para denunciar la doble moral de Occidente “que admira un falso exotismo oriental y lo convierte en objetivo de las agencias de viajes pero al mismo tiempo desprecia la cultura que lo inspira”, detalla Romero. Javier Longobardo da otra vuelta de tuerca en Zaidín monumental (2000), elevando las contradicciones del barrio a la categoría de monumento. Win Delvoye (Marble floor, 1999), Eduardo Arroyo (Granada, 1991) o Pedro G. Romero (Coda 1/ Coda 10, 1999) completan este trazado por la Colección de Arte Contemporáneo de la Diputación, un conjunto de obras con un itinerario bien definido pero que rebasa los límites de Granada.

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