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Las bodas de Marchena

  • Una nueva edición sobre el cantaor más revolucionario del flamenco, producida por el coleccionista Manuel Cerrejón, incluye un documento cinematográfico familiar inédito

Marchena sigue seduciendo. A 110 años de su nacimiento, y 37 de su muerte, sigue siendo uno de los referentes fundamentales del flamenco. Su estela se puede apreciar en el cante de artistas tan dispares como Miguel Poveda, Estrella Morente, Arcángel o Rocío Márquez quien, por cierto, se halla inmersa en la grabación de un disco con el repertorio del cantaor marchenero que se publicará en 2014.

El Niño de Marchena y Pepe Marchena son los dos nombres artísticos que utilizó José Tejada Martín (Marchena, 1903-Sevilla 1976), uno de los más importantes intérpretes de este arte, el más en opinión de muchos. A pesar de ello la discografía de nuestro intérprete sigue encontrándose hoy en una situación bochornosa, en especial la de su primera época, la obra anterior a la Guerra Civil. Marchena, sin dejar de ser nunca preciosista, lúdico y vital, resulta más melancólico que trágico, cosa que algunos confundieron con falta de profundidad.

Una audición minuciosa de su obra grabada nos permite el raro privilegio de asistir al proceso en vivo y ante nuestros ojos de la historia de este arte. Marchena transfiere su personalidad libérrima a todos los estilos, conociendo a conciencia el legado clásico. A pesar de lo cual, y en este sentido su proceder es flamenquísimo, Marchena crea su propia tradición. No hablo, o al menos no principalmente, del marchenismo, sino de la música y la lírica popular. Marchena acarrea hacia el cante material de diversa procedencia popular, española e iberoamericana, que eran tradiciones por él manejadas y vividas. El ejemplo más extremo es el de los mal llamados cantes de ida y vuelta. Sus grabaciones parten de su conocimiento de las fórmulas decimonónicas, pasando por las versiones más evolucionadas de Escacena para estilizarse y hacerse personales más tarde, con sus propias contribuciones al género. Asistimos así al prodigio del nacimiento de un nuevo cante, último en incorporarse al canon flamenco: la colombiana. Ello ocurre en una grabación de 1931, la primera llevada a cabo de este palo, un dúo con el Niño de la Flor, que incluye esta edición. La denominación del estilo es puramente casual ya que nada tiene que ver con Colombia: José Manuel Gamboa aclaró que las músicas y los textos en los que se basó Marchena para crear la colombiana proceden de México y del País Vasco. De hecho en una de las primeras grabaciones por colombianas de Marchena encontramos el subtítulo Cante de Guatemala, lo que evidencia la indefinición nominal del cante en esta primera época. Simplemente el primer disco grabado con este palo se titulaba Mi colombiana, como podía haberse llamado de otra manera. Marchena era así: genial, anárquico, raro, estrambótico y elegante. Bello y zumbón. Su creatividad consistía, en gran medida, en estilizar un repertorio cancioneril. Hay que destacar en estos primeros registros de Marchena la colaboración de Ramón Montoya, que los convierten, como a todos sus trabajos a dúo, en auténticas joyas de sutileza, estilización y virtuosismo. Un caso insólito de compenetración.

De los muchos documentos enjundiosos que encierra esta edición, me quedo con la entrevista del programa radiofónico Vidas y canciones del año 1962, en la que el cantaor marchenero repasa su vida artística y da cuenta de su filosofía de vida: egotismo (confiesa que no ha tenido maestros), liberalidad ("tengo la cuenta corriente a cero, por eso tengo que cantar este verano"), ínfimo bagaje intelectual y máxima cultura popular, y carpe diem ("yo to lo que tengo me lo gasto, porque aquí se pasa superior, en el otro lado no sé cómo será, pero aquí está superior"). Además de sus confesiones, el corte nos ofrece soleares deliciosas, fandangos personales, reivindicación de lo propio, incluyendo el flamenco, y unas seguiriyas trianeras a capella verdaderamente espeluznantes. El documento apareció en Así era el Niño de Marchena, disco compacto publicado hace diez años por Pasarela y producido, al igual que la presente edición, por Manuel Cerrejón. También son de enorme interés, pese a las lógicas deficiencias técnicas, las dos grabaciones en directo, fandangos y soleares, del año 1971, con la guitarra de Benito de Mérida, estas sí, según creo, inéditas. Y digo según creo porque yo no las he escuchado antes: lo cierto es que la edición no ofrece mucha información al respecto, ni tan siquiera de cuál es la voz que escuchamos al inicio de la soleá, grabada en Elda, que es la del dueño de la grabadora: se trata, en efecto, de un registro privado, circunstancial. El resto del disco son cantes que ya habían sido editados en formato CD, aunque en casi todos los casos con distintos títulos, los originales.

El disco compacto sonoro se acompaña de un vídeo en DVD en el que se repasa la carrera y la vida de Pepe Marchena, con el apoyo visual, en la mayor parte de su extensión, de imágenes estáticas. No obstante se ofrece un documento inédito de enorme valor como es el rodaje casero de seis minutos de duración del enlace matrimonial del cantaor con Isabel Domíngez Cano, el 8 noviembre de 1969, con unos perritos tan zumbones y juguetones como el propio cantaor. Vemos en él que Pepe Marchena, siempre pendiente de la cámara, conserva su vocación cinematográfica. Vemos al cantaor caminar, disfrutar del banquete de bodas con sus amigos y hablar a cámara, a pesar de que el documento es silente. Y comprobamos que el cantaor gastaba la misma fantasía que para su cante, su vida, su ropa, sus zapatos y sus sombreros, para el diseño de la piscina de su casa.

En su carácter fragmentario y su aire naif esta edición ofrece auténticas joyas sin pulir para acercarnos a y gozar de esta irrepetible figura del cante jondo, acaso el mayor genio que en el cante flamenco ha habido, y sin duda su revolucionario mayor. Una revolución hecha desde los caracteres que señalaba arriba: el egotismo, la liberalidad, el divismo, el carpe diem y la popularidad.

Exhibicionista, virtuoso, circense, excesivo, lujoso y lujurioso. Marchena sigue seduciendo. A pesar de lo cual, sigue siendo un desconocido. Por la nefasta situación de su discografía, ya mencionada, y por la ausencia de una biografía completa, definitiva.

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