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Los gestos supremos de la expresión abstracta

  • El trabajo del artista Carlos León es una clarificadora lección de pintura abstracta

  • Nos ofrece obras de gran intensidad formal, una pintura de atrapa y convence

Obra de Carlos León. Obra de Carlos León.

Obra de Carlos León. / G. H.

La pintura abstracta posibilita varios desarrollos y desenlaces a los que sólo une la expresión de lo no concreto y, en cierta forma, la evocación de referencias. La exposición que se presenta en el Centro José Guerrero nos hace participar de esos planteamientos abstractos que, aunque muy diferentes entre sí; mantienen ciertas connotaciones que, al menos, hace pensar que dos artistas de naturaleza abstracta mantienen ciertos rasgos que los une y que dejan abiertas posiciones de mutua convivencia.

Carlos León acomete una pintura que nos hace transitar por el gran expresionismo

Carlos León es un pintor de Ceuta, de amplio recorrido pictórico y con márgenes suficientes para ser considerado como un acertado intérprete de esa pintura reduccionista, sometida a los ámbitos poderosos donde el color y la pincelada juegan sus basas más extremas. Su interés como artista no le ha hecho, sin embargo, un autor demasiado presente en los espacios artísticos andaluces. Pocas comparecencias para un pintor al que consideramos importante y necesario en el discurrir del arte que se ha hecho en España, desde la segunda mitad de la anterior centuria. El espectador, nada más enfrentarse a sus grandes piezas, se da cuenta de que está ante un artista profundo, que sabe lo que quiere y cómo llevarlo a la práctica. Su trabajo, de principio a fin, es una clarificadora lección de pintura abstracta. A saber: ausencia total de elementos concretos, contundentes modos formales, utilización adecuada de un color que se expande con vehemencia, acentuando los límites de un expresionismo rigurosamente distribuido, gestos plásticos extremos, concesión sutil y justa a la referencia evocadora y márgenes abiertos para la más absoluta emoción. En definitiva, todo un compendio de pintura abstracta, con clara afiliación al mejor expresionismo no figurativo. Y, ahí, en esos estamentos de la pintura expresionista abstracta es donde se produce el diálogo de la obra de Carlos León y la del maestro José Guerrero; un diálogo amplio que nos permite adentrarnos en los vastos registros de la mejor pintura no imitativa.

El diálogo entre la obra de José Guerrero y Carlos León nos permite adentrarnos en los vastos registros de la mejor pintura no imitativa

El visitante a los espacios del antiguo Diario Patria se siente envuelto, desde la primera planta, por un ritual de afortunada pintura. Los majestuosos formatos contribuyen a la vehemencia formal que desprende la obra de este autor. Un entramado cromático, desarrollado con pasional acción y gestualidad automática, nos lleva a pensar claramente en el action painting americano, aquella pintura de acción que Carlos León amó desde sus comienzos donde la fuerza de la actuación de Pollock o el sometimiento al automatismo de Twombly marcaba rutas que el ceutí transforma en un pintura, quizás, con rasgos más mesurados por una poética que atempera lo formal y subraya una mayor e íntima espiritualidad.

Conforme se va ascendiendo en el centro de la Calle Oficios, el diálogo con la pintura de Guerrero se hace más profundo. La Brecha, aquella todopoderosa pintura de José Guerrero del año 66, se ofrece expectante para que Carlos León ajuste posturas emotivas ante el maestro, con su La Brecha, homenaje a José Guerrero, de 2017. En la dedicada al magnicidio de Víznar existe mayor contención plástica; es pintura hacia dentro desde la fortaleza expresiva; en la nueva dedicada al pintor, se produce el efecto contrario; la emoción entrañable hacia el maestro se expande pasionalmente con toda la fuerza de los azules y los negros. No obstante, las dos, anida la más absoluta pasión. En la planta primera, también, encontramos otro guiño pictórico entre los dos artistas: El paisaje horizontal, obra de Guerrero de 1969, se enfrenta al Soneto en rojo de Carlos León. El diálogo es silente, de miradas duras; la fuerza impetuosa de los rojos encuentra acomodo en los gestos contenidos de la obra del granadino. Todavía hay un lugar más para el diálogo entre la fortaleza pictórica del maestro y el pintor de una generación posterior a la suya: Lateral negro de Guerrero y la serie de Los estanques –el de los labios azules, el de los helechos negros y el de los sembrados–. Guiños cómplices que marcan rutas tangentes.

Por todas las plantas Carlos León nos ofrece nos encontramos piezas de gran intensidad formalEl asno de oro, Verde loco o la bella serie Pink requiem– que generan una realidad estética, en pasional abstracto, hasta inundar de gestualidad y rigor formal una pintura que atrapa y convence.

Era de justicia que un pintor de esa naturaleza expresionista encontrase un hueco en el templo donde habita la imperecedera obra de nuestro más pasional pintor abstracto. Carlos León acomete una pintura que nos hace transitar por el gran expresionismo, ese que inunda de temperamento y gestos formales una realidad artística que nunca puede dejar indiferente.

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