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La comedia en el cuerpo

  • Adam Sandler, Will Ferrer, Ben Stiller o Sacha Baron Cohen prolongan la estirpe 'keatoniana' en sus comedias de éxito

Este domingo, la Sexta pasó Billy Madison, una comedia de 1995. En ella podíamos ver a un crecidito Adam Sandler como improbable alumno de una prototípica escuela norteamericana rodeado de niños y haciéndose pasar por uno de ellos, aunque con ganas de ligarse a sus madres. Semejante argucia argumental le permitía a Sandler desplegar así lo que más le gusta, encerrar a un niño gamberro en un cuerpo de adulto.

Sandler ha explotado una y otra vez esta premisa en sus títulos más taquilleros de los noventa (El chico ideal, El aguador, Little Nicky), y como él, también lo han hecho otros cómicos norteamericanos de éxito de las últimas dos décadas. Piensen en Will Ferrer (Pasado de vueltas, Patinazo a la gloria, Hermanos por pelotas), especialista en hacer de su desgarbado tipo de casi dos metros un recipiente (vacío) para los comportamientos más pueriles, absurdos y surrealistas, un cómico desaforado y salvaje plenamente consciente de su físico como ilimitado arsenal para el transformismo, el disfraz o el combate contra las agresiones del mundo (adulto), un mundo liberado ya para la más iconoclasta e irreal de las representaciones, un espacio deliberadamente antirrealista en el que todo es posible.

Este mismo fin de semana también hemos visto la excelente y agridulce Hazme reír, generosa declaración de principios sobre los oscuros cimientos de la comedia y sobre el cómico (Adam Sandler) como figura trágica dispuesta a la expiación. Con el espléndido papel que le ha escrito su amigo Judd Apatow, Sandler busca un segundo camino de redención (el primero llegó con Embriagado de amor, de Paul Thomas Anderson) desde la plena autoconciencia del oficio (él mismo comenzó como monologuista y colaborador del Saturday Night Live), riéndose de sus papeles en tantas y tantas comedias mediocres y dejando ver lo que hay tras las cortinas del show-business.

Hazme reír, como tantos otros títulos de la factoría Apatow, conjuga dos tradiciones de la comedia norteamericana: el peso y la frondosidad de la escritura y el gag verbal con el protagonismo de la singularidad del cuerpo del comediante. Tal y como nos recordaba Carlos Losilla en un artículo para Letras de cine, "la comedia americana de los noventa tiene su centro en el actor más que en el director, pues su terreno de juego es el rostro, todavía más que el cuerpo". En efecto, Sandler, como Bill Murray, Ben Stiller, Jim Carrey, Jack Black, John C. Reilly, Sacha Baron Cohen, Billy Bob Thornton, Steve Carell o Will Ferrer, cada uno en su registro y a partir de la singularidad (inequívoca) de su físico, "aportan una gestualidad de estirpe beckettiana que procede de Buster Keaton". La incorporación de nuevos rostros, cuerpos y voces singulares (Owen Wilson, John Heder, Seth Rogen, Jason Segel, Danny McBride) al paisaje habitual de las últimas comedias de éxito no hace sino corroborar este extemporáneo vínculo con el slapstick mudo fundado sobre los pilares del cuerpo en constante desafío contra los elementos y en el rostro (sometido a la mueca, la torsión o el pasmo) como principal sello de identidad de personajes definitivamente integrados con su intérprete.

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