"Contar historias de población vulnerable es más que necesario ahora mismo"

Álvaro Montes presenta en Granada 'Vientres de arena', un cortometraje documental dirigido junto a su hermano sobre la vida de los refugiados en Tinduf

“La cultura es lo que nos salva a cualquiera de una catástrofe”

Álvaro Montes, codirector del corto. / Alba Marquez / Picwild

"De pequeño recuerdo recoger comida para enviar a los saharauis y cómo muchos venían a pasar aquí el verano, no entiendo ese abandono ahora", rememora Álvaro Montes, codirector junto a su hermano Pablo de Vientres de arena, un corto documental que relata cómo se afronta la celiaquía en la región argelina de Tinduf, que alberga a más de 170.000 saharauis en campos de refugiados y que a su juicio es solo una excusa para "hablar de la crisis humanitaria que lleva ya 50 años en los campamentos, aquí se habla de esa situación de abandono, del contexto geopolítico, de la relación con Marruecos y los cambios que ha habido por parte del gobierno de España".

El cineasta regresa a Granada, ciudad en la que nació aunque después emigró a Jaén, para presentar el corto documental en la Facultad de Ciencias Políticas, que busca, no lo niega, un espaldarazo de cara a las nominaciones de los Goya, donde compite en la categoría de Mejor cortometraje documental, aunque admite que la decisión última la tienen los académicos, y ahí es más difícil llegar.

De forma involuntaria, Vientres de arena tuvo una de sus mayores campañas con su veto del World Food Forum Film Festival, promovido por la FAO, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, que previamente lo había premiado como uno de los mejores trabajos de 2024. Un veto para el que los dos hermanos tienen un claro culpable: Marruecos. "Es una cosa que no deja de ser sorprendente porque, claro, es un festival que depende de la ONU, que es una organización que se supone imparcial políticamente y que no debería obedecer a los intereses de ningún país en concreto y nos sorprende mucho que el día de la ceremonia desaparezca nuestro título y nuestra mención", explica Montes.

Álvaro, antropólogo social, y Pablo, periodista, han estudiado la zona en la que se desarrolla el corto y los cambios geopolíticos de la misma, incluyendo la "normalización de relaciones, que implica el aceptar parte de la autonomía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental o el no tocarla mucho cuando ha tenido siempre una relación con España muy fuerte porque fue colonia", reflexiona el codirector.

Ese control marroquí se aplica también a los recursos, que lleva a una carencia de alimentos que agrava el problema de la celiaquía en los campamentos, donde se estima que la incidencia de la enfermedad supera entre cinco y seis veces la media del resto del mundo, algo que se agravó con la irrupción del Covid-19. "Al final creo que a quien más daño le hace esa censura es a las propias personas, a los pacientes de celiaquía y a las propias personas refugiadas que viven allí desde hace 50 años en una situación inhumana" concluye. 

A modo de ejemplo de la escasez de recursos, el propio documental explica que la canasta básica que proporcionan a los refugiados, gracias a la que sobrevive la mayoría de gente en los campamentos, tiene 17 productos, de los cuales, los celíacos solo pueden consumir cinco.

En un ámbito más personal, el codirector reconoce que, lógicamente, aquel veto también les susupo un daño a ellos, pues quedaron fuera de "un escaparate muy grande para una productora pequeña [Cárabo Producciones] que llevamos un tiempo haciendo documentales que cuesta mucho hacer".

Pese a todo, Montes no se achanta y reconoce, con orgullo, que "el hecho de poder hacer algo importante con pocos recursos, también habla de la necesidad de hablar de estos temas y de la capacidad que tenemos de contar historias que merecen ser contadas". Para él, "contar historias de población vulnerable es más que necesario ahora mismo y creo que también a la gente le interesa. Además, estamos en un contexto político y social en el que creo que es muy necesario hablar de estas cosas", argumenta, asegurando que seguirán caminando por la misma senda.

Problema cultural

Más allá del conflicto político, Vientres de arena refleja otro más cultural, el de cierta parte de la población de estos campamentos que no acepta la comida sin gluten, ello sumado a prácticas como la de comer todos juntos, y con las manos, o no usar distintos utensilios de cocina, lo que contribuye a la contaminación cruzada.

"Obviamente todavía falta mucho por hacer allí porque la celiaquía sigue siendo un tema tabú, porque es una enfermedad que ha tenido una prevalencia relativamente reciente y con el paso de las generaciones ha ido surgiendo mucho más", reconoce Álvaro, quien confía en que la proyección del corto en los propios campamentos haya ayudado a derribar ciertos mitos sobre la alimentación que ayuden a la población de los campamentos.

"Al llegar a Argelia, porque el Tiduf está en Argelia, y en Argel nos requisaron el equipo técnico durante tres días, fue un poco complicado", relata el director de aquella etapa, pero a renglón seguido añade que "en los campamentos sí que nos ayudaron mucho, siempre nos abrieron las puertas de su casa, de sus jaimas, y siempre estaremos muy agradecidos con ellos, la verdad".

El cortometraje fue producido en 2023 y ha recibido varios reconocimientos por su contenido social y de cooperación internacional, entre ellos el Fescila (Festival de Cine de La Almunia), donde se alzaron con el premio a Mejor corto documental, que le han aupado a estar a las puertas de aparecer entre los candidatos finales para la próxima edición de los Goya.

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