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La crisis total de Juanjo Sáez

  • El autor barcelonés presenta su nuevo trabajo, 'Crisis (de ansiedad)', una obra sobre las convulsiones en el seno de su familia y en el mundo exterior de la economía y el desempleo

"La vida es maravillosa", escribe Juanjo Sáez en una de las viñetas de su nuevo libro, "incluso cuando es moderadamente mala". Una cosa así sólo la puede decir -creyendo firmemente en ella- una persona que ha masticado los frutos más agrios y vivirá ya con el recuerdo de aquel sabor. En un lapso de menos de dos años, murió primero su perra Chispeta, después su abuela, más tarde su madre, y cuando parecía que nada podía empeorar, también falleció su padre, que previamente había sido despedido de forma miserable de la empresa en la que llevaba trabajando desde joven. En Crisis (de ansiedad), un recién publicado por Reservoir Books de Mondadori, el relato de estas "penurias salvajes" sirven de argamasa para la selección de viñetas que lo completa, una serie de ilustraciones seleccionadas por el propio dibujante (Barcelona, 1972) de entre las más de 300 que en los últimos dos años y medio ha firmado -y sigue firmando- para el periódico Ara.

"Cuando llevaba un año haciéndolas, vi que todas iban tomando cuerpo y personalidad, que valía la pena reunirlas. Porque la prensa es, inevitablemente, muy efímera. Y porque era un material acotado a Cataluña y a los lectores del diario. Como creía en el material y estaba orgulloso de él, se lo planteé a mis editores y les pareció buena idea porque era un tema de actualidad, esas cosas... Pero en el fondo el libro sigue la misma estela de todos los anteriores: es muy personal", dice Sáez, que firma el que hasta ahora es, "sin duda", su libro "más duro, el que tiene menos humor, el más descarnado". "Todos los libros que he hecho tratan de una etapa de mi vida -añade-, y todos han significado para mí el final de una etapa. Pues éste, igual. Han pasado unos años en mi vida, tanto personal como socialmente, en los que todo era... muy chungo. Por suerte, los libros hablan del pasado siempre".

Tras satirizar en Viviendo del cuento a los esforzados apóstoles de la vida urbana guay de Barcelona, y de proponer un recorrido por sus artistas favoritos -a la vez que por su inconfundible credo estético, donde lo naïf se alía con una aparente inocencia de espíritu casi punk- en El arte: Conversaciones imaginarias con mi madre, dos de los libros de este dibujante autor también de Buenos tiempos para la muerte, Arroz pasado o de una conocida página mensual para Rockdelux, Sáez vuelve con un libro a veces colérico, también tierno y con ocasionales ráfagas de vitalismo, pero sobre todo lleno de corrupción, vileza política y trabajadores machacados.

"Influye el hecho de estar ahí, día tras día, trabajando para un periódico. Aunque a mí siempre me ha interesado la gente. Cómo vivimos, cómo nos relacionamos entre nosotros. Pero es verdad que antes mi vida era más... de joven. Más egoísta tal vez. Más hedonista, seguro. Desde luego no pensaba tanto en el futuro. Pero te vas haciendo mayor y te paras a pensar en todos los problemas que tuvieron tus padres para criarte bien. Son cosas que vienen con la edad, ¿no? En cualquier caso, yo siempre hablo de lo que me rodea. Si en el futuro la vida aprieta y acaba trabajando en una panadería, entonces haré un libro sobre el pan", dice este barcelonés al que sus padres obreros le inculcaron valores "muy sencillos": "compartir, ponerse del lado del débil -escribe en el libro-, ayudar a los demás", cosas "tan básicas y sencillas -añade- que en el fondo son mis ideas políticas".

Todos los trabajos de Juanjo Sáez parten de una mirada personalísima, intransferible, pero nunca antes se había atrevido -tampoco lo había experimentado aún- a hablar de algo tan íntimo, tan delicado y brutal como la muerte de los seres más queridos. "El pudor... bueno, el pudor se sortea no pensando", dice. "Todo mi trabajo tiene un punto inconsciente. Cuando me siento a dibujar y escribir sólo pienso en mí y en la gente que me rodea. Nunca pienso que eso lo va a leer tanta gente, y creo que esa es también mi fuerza, ser honesto, sin pensar si me va a dar pudor o lo voy a pasar mal, que hay momentos que sí, claro, y en este libro más. Pero creo que ese también es el valor de mi trabajo, esa visceralidad, ese rollo salvaje. Porque luego en mi vida cotidiana no lo soy nada, pero en ese espacio sí, en el papel me desato".

Es habitual encontrarse en sus libros palabras tachadas, correcciones hechas sobre la marcha, imperfecciones, "titubeos", dice él, convencido de que "a veces un tachón dice más que lo que está escrito después". "Es que los virtuosos que alardean me parecen gente un poco pobre", se explica. "Esa cosa de que te vean como un genio, ahí, lejanísimo... Mira, qué pereza. A mí es que me gusta que me den cariño, estar con la gente, acompañadito", dice Sáez sobre su estilo "coherente" con su forma de ser: "Soy muy vago, y quiero hacer las cosas rápido, porque soy impaciente, aparte de que soy muy disperso... Pero tenía necesidad muy fuerte de comunicarme, y como la tenía, busqué la manera de hacerlo en función de mis limitaciones. De joven quería dibujar superhéroes, fui a una academia y todo, pero no había tu tía. Y además me aburría mogollón. Al final empecé a quitar, a quitar... Y a poner la idea por encima: si la idea es buena, no hace falta tanto ornamento. Y simplemente me puse a hacer las cosas que ya hacía en los márgenes de las libretas de la academia para hacer reír a los colegas...".

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