Crítica | Estrella Morente | Lorca y Granada en el Generalife Dos estrellas sobre las tablas del Generalife

Dos estrellas sobre las tablas del Generalife Dos estrellas sobre las tablas del Generalife

Dos estrellas sobre las tablas del Generalife / Jesús Jiménez / Photographerssports

Voz: Estrella Morente y Enrique Morente Carbonell; Voz y violín: Jallal Chekara; Guitarra: Dan Ben Lior, José Carbonell “Montoyita” y José Carbonell “Monti”; Palmas y coros: Antonio Carbonell; Percusión: Pedro Gabarre “Popo”; Laúd y coros: Mustafa Bakali; Kanun: Youssef El Mezgeldi; Violín: Rabie Yakoubi; Darbuka y coros: Youssef Chair; Pandero: Mouhcin Bakali; Teatro del Generalife. Cuatro estrelas.

 El espectáculo empezó 12 minutos más tarde debido al retraso de algunas autoridades. Sentadas sus impuntuales señorías y la luna en cuarto creciente sobre el eje central, por encima de los cipreses que cubren el fondo del escenario, apareció Estrella en un alto del lado Este del recinto ataviada con un traje plateado del mismo color de los astros que salpicaban el cielo acendrado de la noche. Callaron las chicharras y comenzó la primogénita de los Morente Carbonell con una evocadora letra que nos situó en el contexto poético-espacial: “(…) Si mi cante es de esta tierra (…)”, con lindas alusiones a Granada y la Alhambra…

Estrella es una mujer convertida ya en historia jonda de esta ciudad y continuadora de esa valiente estirpe de flamencas donde despuntan nombres tan brillantes como África La Peza, María La Gazpacha, Chata La Jampona, La Lili, Lola Medina, Tere Maya o Mariquilla. Estrella, que guarda en el frasco de sus esencias lo mejor de las anteriores, ofreció una breve pieza desde aquella altura alhambreña para descender posteriormente a un escenario en el que aguardaban su hermano José Enrique, Jallal Chekara y el celebrado guitarrista israelí Dan Ben Lior.

Ya sobre la escena suenan las voces afinadísimas de los hermanos Morente, con su característico y vitoreado arco melódico en el que resaltan los bellísimos semitonos, las modulaciones precisas, el quejío dulcemente pellizcado, el barroquismo y la policromía. Estos atributos fueron la tónica de toda una noche levemente empañada por acoples de sonido. Suenan ecos saeteros, suena La Estrella y unos pregones en aires de seguiriyas y saetas, y suena la voz de Federico, “que es como de la familia”, diría después la cantaora. El poeta de Fuente Vaqueros tuvo un papel preponderante en la noche morentiana. El tema inicial se resuelve con pinceladas de la Toná chica y un final polifónico de interesante efecto finiquitado con subida de ritmo y remate zapateado por Popó Gabarre.

Estrella Morente. Estrella Morente.

Estrella Morente. / Jesús Jiménez / Photographerssports

El ejército de flamencos que se anunciaba cubre la parte derecha del escenario con Estrella en el centro. Se ponen manos a la obra por alegrías donde la cantaora evoca a las salinas y se sumerge correcta en los aires de Cádiz. Por ella descendieron Pastora y la Perla, hasta conseguir uno de los momentos más bellos de la noche junto con los tangos ulteriores, nutridos de Lorca y de recuerdos al gran creador que inició la saga, Don Enrique Morente: La Lola canta Saetas, Sacerdote de Leonard Cohen grabado en el emblemático disco Omega y El lenguaje de las Flores. Chapó.

Dan Ben Lior sale al escenario para poner su virtuosismo jazzístico, esa noche moderado, al servicio de Estrella que canta un hermoso poema leído sobre el papel. A este instante, y sola en el escenario, le sigue la interpretación de una conocida Taranta grabada por Manuel Vallejo en los años 30: Tú la joya y yo el joyero, cante que la Morente acompañó con una creación en aires mineros que realizó su padre sobre el lorquiano poema Asesinato en 1998. Montoyita, a la guitarra, atento y preciso.

Sale José Enrique Morente Carbonell al escenario. Pesa sobre las tablas, domina la escena, controla su voz modulando con muy buen gusto cada tercio. Pero antes recita el poema “En castellano” escrito en 1959 por Blas de Otero: “Aquí tenéis mi voz alzada contra el cielo de los dioses absurdos (…)” y continúa con un emocionante “Silencio”, tema que cautivó por su intimidad al recinto y donde José Enrique consigue conmover en los periodos de mayor laxitud. Silencio fue compuesto por Montoyita y Antonio Carbonell en 2008 para el espectáculo Mi Soledad de Joaquín Cortés.

Pasaba una hora de concierto cuando salían todos los músicos a escena. A la izquierda Jallal Chekara con un nutrido grupo de artistas magrebíes; a la derecha, casi toda la saga Carbonell. Estrella aparece bailando desde un extremo para abordar una zambra compuesta por Luis Mejías que ella versionó hermosamente en 2006 para su disco Mujeres. Acto seguido, el perfume andalusí de la legendaria Jabera del “Macama Jonda” impregnó con su fragancia la escena y un brillante Verdial lucentino hizo las delicias para terminar de regar de ingenio el cante: “A visitarte he venío / virgencita de Araceli (…)”. La cantaora es personalísima y hace años que marcó tendencia entre los que vienen cantando por el camino. Exhibiendo muy buenas condiciones de voz y mostrando en todo momento su emoción por estar allí, Lorca y San Juan de la Cruz se darían la mano en su siguiente interpretación: “Herío de amor” y “Encima de las corrientes” intercalados con hermosas composiciones de los músicos andalusíes que mostraron ese parentesco axiomático entre los sones del norte de África y el flamenco.

Pasadas las dos horas de espectáculo y fruncido el ceño, ofreció un tema de corte clásico por seguiriyas que nos devolvió toda la cantaora que encierra la mayor de los hermanos Morente. Seguiriyas jerezanas, Fuente de luna, con música de Isidro Muñoz y enjoyada por su padre y maestro en los años 90, para rematar este regalo postrero con un efusivo cambio del Señor Molina: seguiriya de remate que alcanza registros imposibles y en la que Estrella consiguió emocionar.

La artista central de ‘Tesela’ se despidió cuando la luna abandonaba el campo de batalla por el oeste y el público puesto en pie coreaba el mismo tema con el que inició el recital. El concierto, que duró dos horas y diez minutos, alcanzó momentos bellos y emotivos, alternados con periodos de linealidad y reiteración excesiva del ritmo de 4x4. Otra estrella, la de José Enrique Morente, brilló a la par que su hermana mayor en una noche mágica donde prevaleció el recuerdo de aquel genio albaicinero de muerte imposible que les dio apellido a los continuadores de la saga, y que engrandeció la música con el inconfundible sello de su genialidad creadora. 

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