Música para el recuerdo y la admiración

Julia Kleiter y Lucas Macías elevan a Mahler a una cima de refinamiento expresivo en el Espacio Mahler de la OCG

Granada activa su gran agenda musical de 2026: conciertos y festivales hasta junio que no te puedes perder

Concierto de la OCG este viernes en el Auditorio Manuel de Falla. / G. H.
Gonzalo Roldán Herencia

Granada, 21 de febrero 2026 - 14:56

La Orquesta Ciudad de Granada y su director titular, Lucas Macías, ofrecieron este fin de semana una nueva entrega del "Espacio Mahler", el eje vertebrador de la temporada dedicado al genial compositor austriaco. En esta ocasión, se centró en dos obras de enorme carga espiritual: los Fünf Lieder nach Rückert (Cinco lieder de Rückert) y la Sinfonía núm. 4 en Sol mayor. Estas dos obras son, en cierto modo, complementarias y, a la vez, contrastantes: la introspección metafísica del ciclo de poemas frente a la luminosa ingenuidad de la sinfonía, una visión celestial de la noche y la infancia. Macías contó con la participación de la soprano Julia Kleiter, con quien la velada alcanzó una altura interpretativa difícilmente superable.

*****

Orquesta Ciudad de Granada: Espacio Mahler. Programa: Gustav Mahler, Fünf Lieder nach Rückert y Sinfonía núm. 4 en Sol mayor. Orquesta Ciudad de Granada. Solista: Julia Kleiter (soprano). Director: Lucas Macías. Lugar y fecha: Auditorio Manuel de Falla, 21 de febrero de 2026.

Antes de que sonara la primera obra, el concierto adquirió un significado añadido. Macías dedicó unas emocionadas palabras a la memoria de Juan Ramón Ferreira Siles, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Granada recientemente fallecido, cuya labor incansable en favor de la vida cultural granadina y su apoyo decidido a la Orquesta Ciudad de Granada merecieron un reconocimiento explícito. El público, consciente de la dimensión humana del gesto, escuchó conmovido el Adagietto de la Quinta sinfonía, una ofrenda sonora de nuestra orquesta y un momento de recogimiento sincero - de tempo suspendido y fraseo respirado con nobleza - que elevó el carácter espiritual de la velada.

La palabra interior

Los Cinco lieder sobre Rückert, compuestos en 1901, representan uno de los puntos de inflexión más hondos en la evolución estilística de Mahler. Frente a la expansividad orquestal de sus primeras sinfonías, aquí el tejido instrumental deja espacio al matiz de la voz y al color de carácter semántico como prolongación psicológica del texto.

Julia Kleiter, una voz de enorme presencia escénica impuso una línea de canto de exquisita pureza, apoyada en un fiato generoso y una dicción alemana de impecable naturalidad. Su aproximación fue lírica, recogida, construida desde el legato y el control dinámico. Su expresividad moduló desde el evocador "¿Amas la belleza?" inicial al irónico humor mahleriano de "¡No mires a mis canciones!", trenzado a partir de una escritura rítmica y el diálogo entre maderas y voz; la OCG de Lucas Macías respondió con agilidad y precisión, destacando la claridad de las flautas y el fraseo flexible de los clarinetes.

Por su parte, en "A medianoche" la cuerda grave, densa pero nunca opaca, sostuvo la atmósfera de desolación con una tensión contenida admirablemente graduada por Macías. El crescendo emocional hacia la entrega final encontró en la interpretación de Kleiter un equilibrio perfecto entre intensidad y control técnico, sin desbordamientos expresivos, con una verticalidad sonora que recordó la gran tradición centroeuropea.

"¡Aspiré una fragancia de tilo!", el cuarto lied de la noche aportó un oasis de intimidad perfumada, con un tratamiento casi impresionista del color orquestal, mientras que en "Me he alejado del mundo" - auténtico autorretrato mahleriano -alcanzó una concentración expresiva conmovedora. Aquí Macías desplegó una batuta de gesto mínimo y eficacia máxima: respiraciones amplias, control del pulso interno y una gestión del silencio tan elocuente como el sonido. La cuerda, tersa y homogénea, dibujó ese ámbito “silencioso” en el que la voz se eleva desligada del mundo, que enmudeció por unos instantes al auditorio para dejar respirar el final de la obra.

La arquitectura luminosa

Antes de continuar con la segunda parte del programa, el Auditorio Manuel de Falla rindió otro sentido homenaje, en esta ocasión al violonchelista Matthias Stern, quien tras treinta y seis años de incansable dedicación artística a nuestra OCG se despedía de la formación para abrazar un merecido retiro. En sus palabras de despedida se mostró cercano y emotivo, dirigiéndose a los músicos como amigos y compañeros de vida. Granada cautivó con su embrujo el alma de Stern, y a nuestra ciudad ha dedicado su arte todo este tiempo. También tuvo unas bellas palabras para el público, verdadero sustento del músico y apoyo de la cultura; a ellos, a la audiencia que semana tras semana hace posible que cobre sentido la labor de la OCG, dedicó unas emotivas palabras de la cantante francesa Barbara: "la plus belle histoire d'amour, c'est vous(Vosotros sois la más bella historia de amor)".

Tras la prolongada ovación del público se interpretó la Sinfonía núm. 4 en Sol mayor de Gustav Mahler. Terminada en 1900, supone la culminación del ciclo “Wunderhorn”, un conjunto de obras inspiradas en la antología poética Des Knaben Wunderhorn (“El cuerno maravilloso del muchacho”), recopilación de cantos populares alemanes editada por Achim von Arnim y Clemens Brentano a comienzos del siglo XIX. Mahler encontró en estos textos una fuente inagotable de imágenes entre ingenuas, irónicas y metafísicas, que alimentaron no solo numerosos Lieder independientes, sino también el universo simbólico de sus sinfonías Segunda, Tercera y Cuarta. En esta última, el poema Das himmlische Leben —procedente de dicha colección— se convierte en culminación vocal y conceptual de toda la obra.

Su aparente sencillez formal —cuatro movimientos, orquestación contenida, ausencia de trombones y tuba— esconde una compleja red de alusiones temáticas y ambigüedades expresivas, muy características en la escritura del compositor. Desde el primer movimiento, Macías optó por un tempo ágil pero contenido, fiel a la indicación “Deliberado. Sin prisa: adecuadamente mesurado”. En la concepción global de la sinfonía se percibió una coherencia estética que remite a la tradición centroeuropea, pero filtrada por la sensibilidad personal del director. No fue difícil recordar, en ciertos pasajes de fraseo amplio y respiración estructural, la impronta de Claudio Abbado, con quien Macías compartió experiencias decisivas en la Orquesta Mozart y el Festival de Lucerna. Esa herencia no se traduce en imitación, sino en una ética del sonido: transparencia, respeto al texto, equilibrio entre emoción y claridad formal.

La articulación de todo el movimiento fue limpia, con un trabajo minucioso sobre las dinámicas y los planos sonoros en todas las secciones. Las campanillas iniciales, lejos de sonar anecdóticas, adquirieron una función estructural, como umbral tímbrico de la obra. El equilibrio entre ligereza y tensión de las cuerdas estuvo cuidadosamente calibrado, y los vientos fueron adquiriendo por momento un papel protagonista muy importante en la escritura del autor.

El segundo movimiento - un Ländler sarcástico con la scordatura del violín afinada un tono más alto - encontró en la concertino Birgit Kolar una intervención de gran carácter, subrayando el matiz expresivo sin caer en la caricatura. La sección de maderas mostró una paleta rica en matices, con oboe y fagot delineando motivos de acento popular estilizado. Macías evitó acentuar en exceso el grotesco, privilegiando una ironía elegante, más insinuada que explícita.

El Adagio fue, sin duda, el núcleo emocional de la sinfonía. Construido como un sistema de variaciones sobre dos temas contrastantes, requiere un control absoluto del arco dinámico y del fraseo expansivo. La cuerda de la OCG, en un estado de forma admirable, sostuvo las largas frases con homogeneidad y vibrato contenido. Macías condujo el clímax con paciencia arquitectónica, evitando cualquier precipitación, permitiendo que la tensión emergiera orgánicamente. La transición hacia la luminosidad final resultó de una naturalidad ejemplar.

Finalmente, el cuarto movimiento devolvió la palabra a Julia Kleiter. Aquí la soprano desplegó un canto de ingenuidad luminosa, sin afectación, con un timbre claro que se integró con delicadeza en el tejido orquestal. La visión celestial descrita por el texto - con sus frutas, sus danzas y sus ángeles músicos - fue tratada con una mezcla de candor y refinamiento estilístico. La orquesta, especialmente las maderas y el arpa, aportó una transparencia casi mozartiana, mientras Macías cuidaba cada transición con precisión milimétrica.

En definitiva, la OCG de Lucas Macías respondió con un nivel técnico y expresivo sobresaliente. Esta espléndida página de Mahler, donde cada sección asume momentos solistas - desde el lirismo de los violonchelos hasta la incisividad de las trompas -, se presentó con cohesión y personalidad orgánicas, riqueza de timbres y equilibro en los matices. Fue una velada de altura emocional, donde técnica y poesía caminaron de la mano. Lucas Macías reafirmó, con este repertorio, la madurez de una batuta que conjuga rigor estructural y sensibilidad lírica, y la estrecha cohesión con nuestra OCG.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Jazz | Crítica

Dulces sueños

Lo último