Los 1.001 cuentos nazaríes

Antonio Bonilla, el cicerone del paseo.
Antonio Bonilla, el cicerone del paseo.
Davinia Burgos/ Granada

21 de agosto 2010 - 05:00

La aventura de la ruta de las tres culturas comienza con una pregunta del guía de Cicerone Antonio Bonilla. "¿Alguien conoce el significado de este lugar?". Todos los asistentes quedan boquiabiertos y ninguno se lanza a responder. "Pues bien, Bib Rambla significaba en época de los árabes 'la plaza que queda a la puerta de entrada del río' y era el enclave obligado para cualquier comerciante que quisiera negociar", desvela Antonio Bonilla.

"Después, llega la Inquisición y los Reyes Católicos les promete su lengua, su cultura y religión pero el pacto no se cumple y les fuerzan a cambiarse a la fe cristiana, y es en ese momento cuando se les comienza a llamar moriscos o cristianos nuevos y cuando en Bib Rambla se queman más de 5.000 libros, pero los cristianos salvan más de 500 ejemplares, entre ellos el de la horticultura, ya que se les consideraban los grandes conocedores del campo", afirma Bonilla.

Después del enclave Bib Rambla, el guía le hace a los turistas acudir a la Plaza de las Pasiegas y vuelve a formular otra pregunta para enganchar de nuevo a los que acuden a la visita. "¿ Alguno de vosotros conoce el significado de la Plaza de las Pasiegas? Las Pasiegas eran las mujeres que provenían de Cantabria y se las consideraban las mejores nodrizas de la ciudad porque cuando amamantaban, al no tener antepasados musulmanes, se les consideraban que la leche que le daban a un niño provenía de sangre limpia. De ahí proviene la expresión: '¡Qué mala leche tienes!'", comenta Bonilla.

Aparte de la anécdota curiosa, Antonio narra que este punto es primordial porque se le consideraba el espacio de la ciudad donde se educaban los niños que provenían de familias moriscas en la época de la Reconquista cristiana. " A los niños de los musulmanes se les enseñaban en los colegios de San Miguel y de Santa Catalina, pero no podían acceder a la Universidad porque no contaban con este privilegio a causa de su raza, los únicos que acudían a ella eran los cristianos viejos". Al cicerone enseguida le viene una curiosidad a la mente y la relata. "Cuando los alumnos que podían realizar sus estudios universitarios y los finalizaban, con tinta de sangre de toro y de pimentón firmaban en la fachada de la catedral de Granada expresiones como vale indicando que eran aptos, comenta Bonilla. "A este hecho se le puede considerar como el grafiti del siglo XV", explica con tono burlesco.

Volviendo la mirada a la época musulmana, el guía adentra al grupo en la raíz arabesca de la ciudad y los lleva a la Alcaicería, principal camino del comercio de la sedas. "Alcaicería significa 'la casa del César' o 'pertenece a César' en reconocimiento a que el emperador Justiniano concedió a los musulmanes el permiso de vender la seda. Se situaba en el centro de la ciudad, con unas fondas donde los comerciantes podían alojarse con diez puertas en todas las entradas para evitar el pillaje. Ya que la seda se le consideraba un material de esencial importancia", narra Bonilla.

El cicerone va guiando al grupo por las callejuelas que lindan a la Alcaicería y como golpe de magia desembocan en la Alhóndiga, que data del año 1344, lugar donde descansaban los comerciantes venidos de cualquier parte del mundo. "Aquí se podía venir hasta tres días de forma gratuita pero al cuarto día se pagaba el alojamiento. De ahí proviene el refrán 'los huéspedes a los tres días molestan'. En la segunda planta se hospedaban los mercaderes árabes e intelectuales y en el arco de la ventana en la que descansaban estaba inscrito un verso del Corán que significaba que los negocios que se realizasen en aquel lugar de encuentro estuviesen bien vistos ante los ojos de Alá. Una leyenda cuenta que una de las supersticiones de los musulmanes es que llevaran esta frase grabada en sus puños porque pensaban que les traería suerte", narra Bonilla.

"Después este espacio se convertiría en el Corral de Comedias en la época de los Reyes Católicos, perteneciente a un convento en el que los artistas itinerantes que venían a trabajar a Granada lo alquilaban para representar sus obras. En esta época el prejuicio al morisco era tan grande que su figura estaba prohibida y sólo se utilizaba indirectamente para criticarle por miedo a cualquier acusación".

Desde la Alcaicería acuden al Realejo, un barrio judío en el que fueron perseguidos por la Inquisición y para poder quedarse en Granada decidieron pagar a los Reyes Católicos con 30.000 monedas, pero los monarcas no aceptaron este pago y los semitas se llevaron el oro mejor guardado de la ciudad de la Alhambra, la sedas, que fueron transportadas al Norte de África y a Turquía".

Una vez realizado el recorrido de las tres culturas, el cicerone narra la leyenda del converso Pedro de Granada y Venegas descendiente directo de Yusuf IV, conocido anteriormente como Hiaya Alnayar, que sería fiel vasallo de los Reyes Católicos. "Este caballero heredó la Casa de los Tiros y en el lema de la fachada observamos un corazón con una espada que significa que el sentimiento manda. Pedro sintió que tenía que ayudar a los reyes", expresa Bonilla. Y así es como finalizan las historias que la ciudad de Granada guarda en cada una de sus misteriosas calles.

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