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Ni dioses, ni cíclopes ni demonios

  • El Parque y el Departamento de Arqueología recrean la construcción de un menhir en un experimento que se desarrollará hasta enero · Cien personas mueven una piedra de más 13 toneladas y casi siete metros

El Parque de las Ciencias organizó ayer una auténtica hazaña que no había vuelto a repetirse desde la Prehistoria. Más de cien personas lograron mover con sus propias manos una inmesa piedra de granito para emular a los hombres del Neolítico que hicieron posible la existencia de los menhires, esos grandes monumentos de piedra que aún hoy siguen en pie y cuyo significado es un misterio. El objetivo de este inédito experimento es demostrar cómo, lejos de explicaciones sobrenaturales -dioses, cíclopes o demonios-, a las civilizaciones primitivas le bastaron su inteligencia y fuerza bruta para la construcción de estas antiquísimas y pesadas arquitecturas.

La reproducción de la construcción de un menhir abrió ayer la Semana de la Ciencia en el Parque. No es la primera vez que el museo se propone una heroicidad de este tipo aliándose con el Departamento de Preshistoria y Arqueología de la Universidad de Granada en un proyecto experimental de Explora-LAB; ya lo hizo construyendo un dolmen inspirado en el que existe en Dílar. Ayer, concretamente en la explanada de las Aves Rapaces, un centenar de alumnos del Master y del Grado de Arqueología de la UGR y estudiantes del IES Laurel de la Reina de la Zubia trasladaron con la misma técnica que se utilizaba en el Neolítico la enorme piedra de 13.5 toneladas y una altura de 6.80 metros, a las órdenes del arqueólogo Francisco Carrión, quien fue dando las pautas con un micrófono, la única tecnología que se permitió en el experimento.

Desde la colosal pieza de granito, traída expresamente desde el Valle de la Serena en Badajoz, hasta las herramientas de sílex para tallarla, no faltó ningún detalle. Para izar un menhir (algunos de ellos superan incluso las cien toneladas) de la forma en la que los hombres de la Prehistoria lo hacían, es necesario moverlo a base de rodillos y después ponerlo en vertical y hacerlo caer sobre un agujero. Hace falta una técnica sofisticada y una absoluta organización. En la mañana de ayer, como el propio Carrión explicó, comenzó la primera fase: los participantes tiraron de él transportándolo sobre rodillos de madera que rodaron sobre troncos de cedro libanés tirando de tres cuerdas. A lo largo de los dos próximos meses los visitantes podrán seguir en directo los trabajos de instalación hasta que el menhir pueda lucir por fin de pie en el Parque de las Ciencias.

"Es un día especial para el Parque porque iniciamos una aventura que esperamos salga bien porque pesa demasiado". Así inauguró el experimento el director del Consorcio y consejero de Educación, Francisco Álvarez de la Chica. El rector de la Universidad, Francisco González Lodeiro, destacó que España cuenta con el mayor conjunto granítico de toda Europa, con una antigüedad de 300 millones de años. Aunque los menhires pueden ser muy diferentes en cuanto a tamaño y formas, la mayoría suelen ser piedras alargadas y el granito es la roca que más se ha empleado en su construcción.

La gran piedra fue descubierta a través de internet en la cantera extremeña cuyo dueño, según contaba ayer el director del Departamento de Arqueología, Francisco Contreras, "no quería desprenderse de ella". Contreras explica que la mayoría de las hipótesis sobre la finalidad de los menhires apunta a razones simbólicas y rituales, tales como las de los dólmenes o los crómlech, aunque también pudieron servir como meros marcadores territoriales. Lo que sí tienen más o menos claro los arqueólogos es que para mover estructuras de piedra de tales dimensiones era necesario reunir a centenares de personas: "Seguramente la construcción de un menhir era impulsada por algún clan que en momentos determinados y a lo largo de muchos años reunía a su alrededor a multitud de personas que trabajaban conjuntamente para moverlo".

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