Don Pasquale cautiva al público granadino
El Teatro Isabel la Católica acogió la interpretación de esta ópera bufa de Donizetti, auspiciada por el Coro de Ópera de Granada y JJMM
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Ópera: Don Pasquale. Programa: Gaetano Donizetti, Don Pasquale, ópera bufa en tres actos con libreto de Giovanni Ruffini y G. Donizetti. Solistas: Federico Longhi (Don Pasquale), Cecilia Guzmán (Norina), Marcelo Solís (Ernesto), Pablo Gálvez (Dottor Malatesta), José Manuel Martín (Notaro). Coro de Ópera de Granada (Pablo Guerrero, director). Coro Infantil de JJMM de Granada (Iryna Krun, directora). Orquesta Filarmónica de Granada. Directora de Escena: Stefania Panighini. Director: Pedro Bartolomé. Lugar y fecha: Teatro Isabel la Católica, 08 de febrero de 2026
La temporada lírica de Juventudes Musicales de Granada trajo el pasado fin de semana al escenario del Teatro Isabel la Católica la ópera Don Pasquale de Gaetano Donizetti. Esta ópera bufa del autor, donde la risa deja cierto poso de amargura, fue estrenada en París en 1843; se trata de una obra de madurez en la que el compositor bergamasco depura los mecanismos del género y los pone al servicio de una dramaturgia tan eficaz como melancólica para reflejar una reflexión amarga sobre el paso del tiempo, la derrota del ridículo y la victoria inexorable de la juventud.
Es digno de destacar la labor de Juventudes Musicales de Granada en la difusión del repertorio lírico. Granada es una ciudad de una rica actividad cultural, que adolece sin embargo de un verdadero espacio escénico para la lírica. Hace años se barajó la posibilidad de tener un teatro de ópera, del que incluso se aprobó un proyecto arquitectónico y para el que se licitó un terreno; mucho ha llovido desde entonces, y la reciente noticia de que nuestra vecina Málaga tendrá finalmente un espacio escénico parece desterrar definitivamente la posibilidad de que aquel malogrado proyecto llegue a materializarse algún día. En este panorama triste y desolador, verdadero fracaso para la gestión cultural en nuestra ciudad, la temporada lírica de Juventudes Musicales es ese bello premio de consolación que nos recuerda que, cuando hay ilusión y amor por la buena música, la falta de medios no es óbice para ofrecer calidad y espectáculo.
Tras este proyecto se encuentra el Coro de Ópera de Granada, preparado y dirigido por Pablo Guerrero, en estrecha colaboración con JJMM. La formación es una pieza esencial de esta propuesta lírica; su crecimiento artístico, perceptible temporada tras temporada, constituye uno de los logros más sólidos del proyecto y un ejemplo de cómo la continuidad y el trabajo riguroso dan frutos visibles.
Detalles de la producción
La producción de Don Pasquale, con dirección de escena de Stefania Panighini, propone una relectura inteligente y conceptualmente bien articulada, apoyada en una traslación del universo donizettiano al imaginario cinematográfico de los años cincuenta. Panighini concibe al protagonista como un actor maduro que se resiste a aceptar su decadencia, rodeado de cámaras, focos y camerinos, en un juego constante entre ficción y realidad que dialoga con la propia naturaleza del teatro musical. La idea, lejos de ser un mero recurso estético, se integra con coherencia en el desarrollo dramático y permite subrayar el trasfondo melancólico de la obra sin traicionar su espíritu bufonesco. La escena se divide en dos espacios: el interior de la casa de Don Pasquale, articulado como un camerino, y un set cinematográfico que se transforma hábilmente por medio de la luz y los telones de fondo en los escenarios exteriores a la vivienda. Esta visión escenográfica estuvo apoyada en el eficaz diseño de iluminación de Juan Felipe Tomatierra con fluidez y sentido teatral. La iluminación, cuidadosamente modulada, contribuye a diferenciar los planos narrativo-emocionales y a crear atmósferas precisas, especialmente logradas en el tercer acto, donde el lirismo del nocturno encuentra un marco visual de notable delicadeza. El vestuario de Verónica Valmas, inspirado en el cine clásico, refuerza la caracterización de los personajes y define con claridad los contrastes generacionales y sociales, mientras que la caracterización de Marta Lucena aporta coherencia visual al conjunto sin caer en excesos caricaturescos.
Desde el punto de vista musical, la producción se sostuvo sobre un elenco solista sólido y equilibrado. Sin duda, la gran estrella de la noche fue Federico Longhi, que diseñó un Don Pasquale de gran empaque escénico y vocal. Su registro vocal, sólido y bien proyectado, supo matizar con inteligencia el tránsito del personaje desde la arrogancia inicial hasta la humillación final, especialmente logrado en los pasajes del tercer acto. Longhi evitó la caricatura fácil, apostando por un retrato humano y creíble, con un fraseo cuidado y una notable autoridad en escena. Cecilia Guzmán, como Norina/Sofronia, fue otro de los pilares de la representación; brilló en su cavatina “Quel guardo il cavaliere”, donde destacó la limpieza de la coloratura, la seguridad técnica y una presencia escénica natural. Cada una de sus intervenciones fue profusamente aplaudida, demostrando una sorprendente madurez y un ascenso en su todavía joven carrera, con una voz capaz de transitar con soltura desde la coquetería inicial hasta la mordacidad del personaje fingido de Sofronia.
El Ernesto de Marcelo Solís mostró una línea de canto elegante y bien sostenida, si bien con un timbre algo engolado por momentos. Abordó con sensibilidad el aria “Cercherò lontana terra”, y demostró un buen control del legato en la serenata “Com’è gentil”, uno de los momentos líricos más inspirados de la velada. Completando el cuarteto solista estuvo Pablo Gálvez como Dottor Malatesta, quien confirmó su solvencia como barítono buffo, combinando precisión rítmica, claridad en el recitativo y una notable complicidad escénica con Longhi, especialmente en el célebre dúo “Cheti, cheti, immantinente”, resuelto con eficacia y sentido teatral; no en vano, estamos ante una de las grandes voces del panorama lírico de nuestra ciudad, valor que ha demostrado producción tras producción. Finalmente, correcta fue también la breve intervención de José Manuel Martín como en notario fingido, cumpliendo con habilidad su función de comparsa dentro del entramado cómico de la boda fingida.
Hay que destacar también la encomiable labor de Pedro Bartolomé, al frente de la Orquesta Filarmonía Granada, que ofreció una lectura ágil y estilísticamente bien enfocada, atenta al canto y consciente de la importancia del fraseo y de la flexibilidad rítmica en Donizetti. Los tempi resultaron en general acertados, permitiendo que los conjuntos respiraran y que los recitativos mantuvieran fluidez dramática. La orquesta respondió con corrección, destacando la ligereza de las maderas y el acompañamiento preciso en los números de conjunto, sin eclipsar nunca a las voces.
Para concluir, es de recibo alabar el trabajo del Coro de Ópera de Granada, que cumplió con solvencia en sus intervenciones del tercer acto, bien integrado en la acción y con un empaste adecuado. El Coro Infantil de Juventudes Musicales, dirigido por Iryna Kruk, aportó un matiz de frescura y participación escénica bien resuelto dentro del concepto general de la producción.
En conjunto, pudimos asistir a una producción de Don Pasquale cuidada, coherente y artísticamente honesta, que confirma la madurez alcanzada por la Temporada Lírica de Juventudes Musicales de Granada y su capacidad para ofrecer propuestas de interés sostenido al público granadino.
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