Arte

Las miradas de Picasso al entorno artístico

  • El sur de Picasso pone en conexión la obra del genial malagueño con piezas de otros artistas

La muestra se inauguró el pasado mes de octubre. La muestra se inauguró el pasado mes de octubre.

La muestra se inauguró el pasado mes de octubre. / Javier Albiñana

De nuevo, Málaga concita el unánime interés del universo artístico por varias exposiciones de importantísimo calado, con obras de los más significativos autores. En esa cima de lo mejor que se puede dar se encuentra la exposición que presenta el Museo Picasso y que, como es habitual en el centro que dirige Pepe Lebrero, se pone en conexión la obra del genial malagueño con piezas de otros artistas para posibilitar un diálogo expectante entre formas que, lejos de contraponerse, asumen nuevos intereses y posibilidades estéticas.

La muestra es una gran exposición que encierra una parte importante de la Historia del Arte

La muestra El sur de Picasso es una gran exposición que encierra una parte importante de la Historia del Arte, aquella que ocurre en un Mediterráneo floreciente donde tuvo lugar una amplísima experiencia artística. Si en los últimos años –desde que el actual director del Museo está al frente del mismo– hemos sido testigos de grandes proyectos expositivos con autores de especial significación en el entorno de Picasso; creo que esta es la que contiene un más amplio desarrollo, pues no sólo se detiene en una única situación sino que mantiene un proceso histórico relacionado con la ingente obra del artista y sus múltiples circunstancias.

Siempre se ha dicho que la gran revolución cubista impulsada por Picasso –con el permiso de Braque– bebió de las fuentes del arte que dimanaban las máscaras del África negra. Una realidad incontestable. Pero Picasso fue mucho más que el cubismo. Fue un artista que era capaz de hacer suya cualquier situación para, después, darle una nueva identidad absolutamente picassiana. Convirtió en ‘picasso’ cualquier hecho artístico existente, tergiversó la realidad artística que aquellos hechos poseían y formuló, a su particular manera, una estética personal e intransferible. El sur de Picasso es una exposición que recoge el testimonio personal de un Picasso que mira a su entorno mediterráneo. La muestra viene a ser una especie de diálogo del artista con parte de la gran Historia del Arte. Y es que el pintor nacido en la Plaza de la Merced de Málaga ha sido capaz de tener una visión clara y suya del Arte de todos los tiempos. Él ha sabido dar una mirada especial a muchos aspectos que tuvieron su sitio en el tiempo y en un lugar determinado, ese entorno meridional en el que se movió, con la referencia inmediata de un Mediterráneo que encauzaba la cultura en general y la creación artística en particular.

La especialísima tauromaquia, eterna afición del malagueño, se llena de ejemplos magníficos que abarcan siglos de historia y arte

El sur de Picasso formula un diálogo total entre la obra del malagueño y piezas de determinados periódicos artísticos. Desde esculturas íberas del siglo III a. de C., unos pequeños exvotos de contenida representación miran de frente a la Cabeza de mujer de 1907, trasunto mínimo de la iconografía picassina cuyo centro referencial son las ‘señoritas’. La gran estatuaria romana provenientes de los Museos de Córdoba y Málaga intercambian perspectivas temporales y estéticas con la sutil línea compositiva del gran patrimonio gráfico, con el mito impenitente que se establece en la Suite Vollard, de 1936. La especialísima tauromaquia, eterna afición del malagueño, se llena de ejemplos magníficos que abarcan siglos de historia y arte - las astas de toro de Costix, del 500 al 201 a. de C., el magnífico Toro de Porcuna, del Museo de Jaén ( 600 al 501 a.de C.) o la Tauromaquia de Goya se funden con obras de Picasso de todos los periodos, el ‘toro echado’ (1957), los magníficos grabados sobre el toro de los años cuarenta, el Minotauro muerto con traje de arlequín (1936) o la espectacular Corrida, la muerte del torero (1933). Muy significativa es la presencia de la gran pintura española, a la que Picasso conoció perfectamente desde el tiempo en el que pasó en El Prado como copista: La Inmaculada Concepción de Velázquez, La Virgen del Rosario de Zurbarán, La Virgen con el Niño de Murillo, La Virgen despertando al Niño de Juan Sánchez Cotán o La sagrada Familia con Santa Ana y San Juanito de El Greco, se dan la cara con La familia (1970 ) y Venus y el Amor ( 1967) de Picasso. Arte barroco español que también encuentra su fórmula escultórica; escultura, a la que Picasso accede con su particular expresionismo formal. Y, así, nos encontramos, con piezas cubistas en homenaje a la guitarra de Juan Gris, José Moreno Villa, Ismael de la Serna, María Blanchard y Manuel Ángeles Ortiz que se yuxtaponen a Guitarra J’aime Eva (1912), Arlequín con guitarra (1916 ) y Bodegón cubista con guitarra (1925) de Picasso.

Estamos, en definitiva, ante una gran exposición coral que pone en clara referencia la Historia del Arte y la obra amplia, variada, única y genial de Picasso. Una historia artística que sirve para tener una lectura de primera mano sobre las muchas miradas que el pintor malagueño ofreció a un Arte que tuvo su centro en un Mediterráneo cercano y que generó multitud de inquietudes plásticas y estéticas.

De nuevo nos encontramos con una gran muestra temporal en un Museo que sigue levantando infinita expectación gracias a una programación lúcida y coherente que llega a todos y sirve para establecer muchas de las circunstancias artísticas que existieron en torno al pintor.

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