Entrevista Álvaro Salvador | Poeta "Estos libros de Marwan o Defreds son una bazofia; es una moda que pasará"

  • El escritor granadino celebra los pequeñas milagros que acontecen en el día a día en su nuevo poemario, 'Un cielo sin salida', donde recuerda su juventud

El poeta y catedrático Álvaro Salvador (Granada, 1960), en una imagen de archivo. El poeta y catedrático Álvaro Salvador (Granada, 1960), en una imagen de archivo.

El poeta y catedrático Álvaro Salvador (Granada, 1960), en una imagen de archivo.

"Canto en la ribera del día, canto a lo que pueda ser. [...] Canto con la pelea doméstica, canto a nuestro sudor. [...] Canto a los dones de la tierra". Álvaro Salvador (Granada, 1950) celebra en su nuevo poemario los pequeños milagros que acontecen cada día: reconocerse en los ojos de alguien querido, conversar con una amistad, saborear un vaso de agua fresca, estar, sentirse vivo. "Quería escribir un libro muy celebratorio. Los últimos eran muy pesimistas, de viejo diría yo. Quería volver a mi infancia y a mi juventud. Aunque inevitablemente se me metieron cuestiones desagradables", resume el escritor. Un cielo sin salida (Fundación José Manuel Lara, 2020) habla de esas pequeñas e importantes cosas de la vida, de la pérdida y de los desengaños. Un libro "mixto" dedicado también a "ese espacio que nos ofrece el arte, la literatura, la poesía, un espacio demasiado cerrado en sí mismo"; y a su época de juventud donde fue "rockero y un rebelde con causa" que vibraba con el ritmo insistente de la Credence. El autor presentará hoy el poemario a las 22:00 en el parque El Majuelo de Almuñécar acompañado de Reinaldo Jiménez Morales.

-¿Cómo ha pasado estos meses confinado?

-Bien. Las personas que nos dedicamos a enseñar y a escribir estamos acostumbrados a estar dentro de casa. No es como otras profesiones más callejeras, de ir a la oficina. El problema era salir a comprar y encontrarte las calles desiertas, las mascarillas. Todo eso impresiona y crea una especie de malestar. También tenía miedo al contagio.

-¿Uno tiende a hacer más cosas productivas o a estar inspirado en los peores momentos de su vida?

-Funciono dejando un poco de perspectiva respecto a las cosas. Dándole tiempo. Vas madurando las sensaciones y después lo vas plasmando. El confinamiento me ha servido para elaborar un diario y escribir todos los días. Me he ejercitado. He leído, pero no creas que con mucho más tiempo que antes porque he seguido dando clases de forma telemática. Eso me ha llevado hasta más tiempo. No he tenido demasiado tiempo libre.

-Su libro se abre con un poema de celebración muy vitalista. ¿Qué cosas valora uno a su edad?

–Con el paso del tiempo se celebran un poco más cosas que parecen más simples pero que son más importantes como el hecho de estar vivo, de disfrutar de la familia y los amigos y su conversación. O cosas trascendentes como la defensa del agua, que está en el poemario, y de la vida en general. Sobre todo en estos meses que ha estado eso muy presente en la cabeza de cada cual. Aunque el libro estaba escrito antes.

-¿En definitiva, celebrar más lo cotidiano?

-Sí, exactamente. Esas pequeñas cosas a las que no se les da tanta importancia cuando se es joven y tienes unas ambiciones grandes. La vida enseña a relativizar las cosas y ponerlas en su lugar.

-¿De qué le ha salvado a usted la poesía?

-La poesía y el arte en general te pueden salvar de crisis por las que uno pasa, bastante difíciles, crisis de identidad; y de los golpes fuertes. No te salva, pero es como un bálsamo, un consuelo. El arte en general actúa como una terapia para las personas que lo practicamos. Uno echa las cosas que tiene dentro. Muchas veces si no fuera por ese conducto no podría. Esto ayuda bastante a superar problemas.

-Define España como "un país soleado y amargo: un coro de muchachas ingenuas y felices nadando entre la mierda". ¿Hay esperanza para la juventud de este país que se quiere dedicar a la literatura?

-Sí, esperanza hay siempre. Sobre todo teniendo en cuenta que van a ser una minoría. El problema no es sólo de España, sino de la civilización occidental. Ojalá todo el mundo quisiera ser músico o poeta porque se educaría en la sensibilización, en el respeto. En una serie de cosas que la mayoría no se educa. Una sociedad avanzada, que ofrece oportunidades, las ofrece también para el arte. La metáfora de este poema tiene que ver con lo que estamos viviendo estos días otra vez. Hoy he visto que el 20 de julio hubo los mismos contagios que el 14 de abril. Es la irresponsabilidad y la falta de ciudadanía. Se está viendo la mierda y uno sigue feliz como si no pasara nada. Eso es lo que a mí me preocupa. Socialmente es perjudicial.

-Hablamos de responsabilidades. La clase política también debería hacérselo mirar...

-Eso viene de lo mismo. Que la gente que está ahí no está por arte de magia. En ciertas cosas hemos ido para bien y en otras cosas para mal...

-Su último poemario, El día que mataron a su Sharon Tate, funciona a modo de epílogo. El mundo que conoció ya no es el que era, ni usted tampoco. ¿Qué echa de menos de aquella época?

-Yo tenía entonces 19 años y toda la vida por delante. A pesar del tardofranquismo y de ciertas limitaciones de libertades, la esperanza de un futuro personal y colectivo estaba intacta. Eso es lo que yo echo de menos. Que es lo que no tengo ahora. A lo mejor es por la edad (ríe). Si yo tuviera ahora 19 años no tendría esas mismas expectativas. Antes el mundo estaba abierto a muchas posibilidades. Ahora un chico de esa edad ve que no. La situación es muy diferente.

-En un poema menciona el mayo del 68. Usted tendría 18 años. ¿Qué opina a toro pasado de aquello? Pasolini dijo que esos chicos que se manifestaban en Italia y en Francia tenían "caras de hijos de papá".

-Pasolini era una persona muy lúcida y se dio cuenta de que aquello iba a acabar en fuegos de artificios. Fue más o menos lo que ocurrió. Si no lo hubieran asesinado y estuviese hoy vivo sí vería que lo que fueron los movimientos de Francia es el símbolo de lo que ocurrió. El cambio que se produce desde 1965 hasta 1970 se ve como un cambio radical. Es el nacimiento de una cultura que no existía antes, que fue la cultura juvenil. La importancia social de los jóvenes. Antes los jóvenes no pintaban nada en absoluto. El cambio que se produce da lugar a muchas cosas que han venido después: la revolución musical, la revolución sexual, el feminismo. Hablamos de cambios sociales importantes que se generan en ese momento. No fue tan superficial.

-Hay imágenes muy sugerentes y hasta eróticas diría yo en su poemario. ¿Cuánto ha cambiado el deseo en su obra y en su vida?

-Antes me gustaba una chica, dónde va y allí voy yo. Ese tipo de cosas que se hacen cuando tienes 20 años. Por lo demás no ha cambiado mucho. Ahora me he vuelto un viejo verde, pero eso es normal con la edad (ríe).

-En los últimos años hemos visto cómo pulula pseudoliteratura por las redes hecha por influencers y youtubers, que luego publican grandes editoriales. ¿Pasarán de moda todos estos autores tarde o temprano?

-A mí no me interesa la mayoría porque son malos. Las editoriales han creado unos sellos para publicar a estas personas. Unos sellos gueto. Unos sellos especiales para esta literatura de consumo, distinta a la literatura que había antes como la rosa o policíaca. Estos libros de Marwan o Defreds son bazofia. De ese vehículo pueden surgir algunos buenos. Por ahora no me encontré con ninguno. Es una moda que pasará.

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