Mazen Maarouf | Escritor "Valores europeos como la tolerancia y la convivencia están ahora en peligro"

  • El poeta palestino se estrena en el género del relato corto con 'Chistes para milicianos', una dura y ácida radiografía de la guerra vista desde los ojos de un niño, que ha presentado en Granada y Sevilla

Mazen Maarouf (Beirut, 1978) posa antes de la entrevista en el interior del Centro Lorca. Mazen Maarouf (Beirut, 1978) posa antes de la entrevista en el interior del Centro Lorca.

Mazen Maarouf (Beirut, 1978) posa antes de la entrevista en el interior del Centro Lorca. / Carlos Gil

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Mazen Maarouf (Beirut, 1978) vivió como refugiado palestino en el Líbano, entre diluvios de fuego y metralla, desde su nacimiento. Aprendió a convivir con la violencia y la deshumanización, propias de un país en conflicto, cuando aún no levantaba un palmo del suelo. Fruto de sus vivencias y su imaginación ha publicado Chistes para milicianos (Alianza, 2019), una dura y ácida radiografía de la guerra vista desde los ojos de un niño. Un padre ausente, una madre entregada, un niño ingenuo, un tío con ínfulas de torero y hasta una vaca protagonizan el libro de relatos donde Maarouf conjuga ironía y poéticas imágenes con fina literatura.

En 2011, la Red Internacional de Ciudades Refugio, una organización que reubica a escritores perseguidos en una población segura, le ofreció asilo en Reikiavik. Ahora, el poeta palestino es el principal traductor de literatura islandesa al árabe y está nominado este año al prestigioso Man Booker Prize. El periodista presentó la obra el miércoles en la sede sevillana de la Fundación Tres Culturas y el jueves mantuvo un encuentro con el escritor Gerardo Rodríguez-Salas organizado por Granada Ciudad de Literatura Unesco. Por la mañana, charló con periodistas sobre literatura, política y derechos humanos. Después, no dudó en visitar librerías granadinas y comprar cómics.

-Su libro plasma una realidad muy dura: la de un lugar en guerra. ¿Es menos doloroso contar esto a través de los ojos de un niño?

-Sí, la realidad es dura, pero la visión de los niños escapa siempre a la censura lógica, la de la razón. Los adultos solemos pensar todo antes de contarlo, pero un niño no. La tragedia, cuando se cuenta a través de sus ojos, se convierte en una tragedia ingenua. Un niño no se controla, ni emite juicios de valor. Un niño es un ser libre.

Maarouf, con una tímida sonrisa, estuvo de visita en Granada para presentar su nuevo libro. Maarouf, con una tímida sonrisa, estuvo de visita en Granada para presentar su nuevo libro.

Maarouf, con una tímida sonrisa, estuvo de visita en Granada para presentar su nuevo libro. / Carlos Gil

-Hay capítulos hilarantes y surrealistas como el de la vaca y el cine. ¿Las trincheras de la imaginación de un niño son infranqueables?

-Nosotros, como escritores, creemos que podemos reflejar lo que ocurre en la mente de un niño. También lo creen los psicólogos. Es cierto que a lo mejor lo que hacemos es reflejar nuestra visión de adulto en un niño. Hasta el momento ni los psicológos han podido qué pasa en la mente de un niño. Nosotros lo intentamos y quizás no lleguemos a entender muy bien qué pasa en la mente de un niño, pero eso es bueno. Así no temos una visión muy fija de las cosas.

-A pesar de los horrores que narra, hace gala de un sentido del humor bastante agudo. ¿Qué opina sobre esta era de la correción política, donde no tiene cabida el humor?

-Coincido con usted. Vivimos una época difícil. El escritor debe ser una persona equilibrada porque si se sobrepasan los límites del humor, corremos el riesgo de convertirlo en otra cosa, de perder esa carga irónica. Hay que saberlo hacerlo para que no se convierta en una difamación o en un chiste fácil. Yo no temía a ningún régimen cuando escribí el libro. Ni que me atacaran o me encarcelaran por escribirlo. Mi crítica no va dirigida a ningún régimen. El único al que temía era a mi padre. En mi infancia peleaba mucho con él y eso se ha reflejado en los relatos. Me sorprendió la reacción positiva de mi padre. Le gustó. Incluso piensa que se hará famoso gracias al libro (ríe).

-A mí me interesa sobre todo el personaje de la madre. El niño pasa de tener una relación tensa con ella a adorarla porque soporta a su padre, destrozado por la guerra. ¿La mujer es la verdadera heroína del cuento?

-Totalmente cierto. Mi madre es el personaje principal de este libro. Ella es el motivo central de toda esta obra. Tiene que saber que nosotros vivíamos en un barrio conflictivo, en condiciones muy duras. La relación con mi madre era dura porque en nuestro barrio los niños empezaron a llevar pistolas. Estaba de moda. El que no llevaba pistola era el pringado.

-Aquí piden iPhone....

-Aquí todos tus amigos tienen iPhone y tú quieres tener uno. En aquella época, si querías ser el más guay tenías que llevar una pistola. Mi madre se opuso siempre a que nos juntáramos con esos niños. Insistió mucho en que fuéramos a la escuela y no nos metiéramos en líos. Esa dureza que yo palmé en mi madre, esa insistencia en que fuéramos personas cultas, supo dirigirnos hacia un futuro mejor. Siempre se lo agradeceré. Este libro está dedicado a ella.

-El poeta Joan Margarit me dijo en una entrevista que "a veces los maestros que más te influyen no salen en los libros". ¿Cuáles son los suyos?

-Mi madre y mi padre por supuesto. También guardo un grato recuerdo de un profesor que tuve de lengua árabe. Yo odiaba la asignatura porque tenía profesores llenos de carga negativa, de odios. Él me enseñó la literatura árabe clásica y gracias a él llegué a amar la lengua árabe. También tuvo mucha influencia en mí mi primer amor, al que le dediqué muchos poemas. No regresó, pero mis ganas por escribir nunca se fueron.

Portada del primer libro de relatos del poeta palestino. Portada del primer libro de relatos del poeta palestino.

Portada del primer libro de relatos del poeta palestino. / G. H.

-Ha pasado de dar clases de Física y Química en el Líbano a ser escritor de pleno derecho en Islandia, donde le ofrecieron asilo.

-Me dediqué a ello durante nueve años. Yo sabía que tarde o temprano lo iba a dejar. Leía mucho pero nunca escribí durante ese tiempo. Creo que enseñar esta materia me ha revelado cosas que yo desconocía. Me ha ayudado a entender mejor la vida, nuestras relaciones y detalles que pasaban desapercibidos. En cuanto mis hermanas acabaron sus estudios universitarios y no tuve que ayudarlas económicamente, lo dejé. Nadie me entendió. Incluso algunos amigos periodistas me dijeron que no lo conseguiría nunca. Pero hice como el toro del relato. Seguí embistiendo.

-¿Qué representa el personaje del torero?

-En el Líbano se vivía un ambiente de guerra civil. La gente andaba de mala leche. Cuando uno llegaba a la casa, encendía la tele y se encontraba con más violencia: corridas de toros y lucha libre. Me pareció útil esta imagen, la de un hombre que siente un vacío en su vida y trata de convertirse en un torero para que el gobierno español le de un visado. Es un relato fantástico, en el que la metáfora es que las personas quieren escapar de la dura realidad. La literatura no sólo refleja la realidad más cruda. A través de la literatura podemos hacer lo que queramos, y reflejar esa visión fantástica de la realidad.

-¿Qué opina de la deriva que ha tomado el conflicto palestino israelí? A eso se suma el fracaso de las primaveras árabes.

-La causa palestina aún no ha obtenido el derecho que se merece. No se ha dictado justicia para el pueblo palestino. Hablamos de más de 700.000 refugiados que fueron expulsados de sus casas en 1948, en lo que se conoce como el día del desastre, la Nakba. Muchos se vieron obligados a vivir en países vecinos. Mi familia se fue al Líbano. No hay nada que demuestre que soy libanés o palestino excepto un papelito que dice que soy refugiado palestino. Eso me ha causado muchísimas dificultades a lo largo de mi vida. Algo tan sencillo como viajar a un país europeo era imposible. El mundo debe ser más justo y ayudar a un pueblo que lucha por su justa causa a lo largo de decenas de años. Hago un llamamiento ético. El mundo árabe atraviesa una crisis. Argelia atraviesa una revolución cívica sin precedentes. Tenemos un mundo rico en materia primas, en historia,pero corremos el riesgo de que se resquebraje.Como escritor, intento entrar en contacto con el otro, y estrechar un lazo de comunicación.

-¿Qué le parece que la extrema derecha europea alimente la islamofobia sin ningún descaro?

-No sólo la extrema derecha. También hay partidos socialistas hoy día que han asumido un discurso antiinmigración. Esto se debe a una crisis ideológica en Europa. Los valores que tenía Europa desde la Revolución francesa (la tolerancia, la convivencia y la lucha por los derechos humanos) están ahora en peligro. Este peligro es sólo comparable al periodo de la Segunda Guerra Mundial. Es inaudito que países europeos cierren la puerta a los refugiados y miren a otro lado. Respecto al islam, Europa tiene capacidad suficiente para ver más allá de la visión reduccionista que quiere imponer algunos sobre el islam.  

Maarouf empezó a escribir el libro cuando le robaron una libreta con su última colección poética. Maarouf empezó a escribir el libro cuando le robaron una libreta con su última colección poética.

Maarouf empezó a escribir el libro cuando le robaron una libreta con su última colección poética. / Carlos Gil

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