Arte

Las eternas posiciones de la pintura

  • Luis Gordillo, Mike Leal y Ruben Guerrero se dan la mano en la muestra del Espacio Santa Clara, donde firman tres obras conjuntas y varias individuales

Rubén Guerrero y Miki Leal ante un cuadro protagonizado por Gordillo y pintado por Leal.

Rubén Guerrero y Miki Leal ante un cuadro protagonizado por Gordillo y pintado por Leal. / juan carlos vázquez

La realidad expositiva lleva muchísimo tiempo anclada en una misma línea argumental. También la creación, en líneas generales, mantiene unas constantes bastante inamovibles. El artista, en la realidad de su estudio, de manera íntima y privada, plantea sus postulados artísticos, su manera de manifestar una pulsión creativa. Más tarde, la mostrará a cara descubierta, buscando que la mirada del espectador le conceda la última y definitiva pincelada de trascendencia. Así ha sido siempre, por lo menos hasta ahora. No es fácil, por tanto, sustraerse a una dinámica que lleva tiempo surcando las mismas rutas. TRIPLEX es un proyecto de Sema D’Acosta que ha unido en una misma realidad expositiva tres nombres importantes de la pintura contemporánea, tres artistas grandes a los que les une, en medio de evidentes diferencias, el eterno compromiso de la creación sabia, rigurosa y consciente. Son, ni más ni menos que Luis Gordillo, Rubén Guerrero y Miki Leal, pintores de resoluciones diferentes, de concepto plásticos y estéticos de dispar naturaleza pero que tienen en común planteamientos convincentes en torno a una pintura en la que creen y a la que dotan de entidades formales diferentes con ciertos registros afines.

La exposición no es una muestra colectiva al uso. Es algo más porque, además de las propuestas diferenciadoras de cada uno se nos presenta tres obras realizadas en común, a las que cada uno impone su particular e intensa creatividad buscando yuxtaposiciones y realidades personales dentro de un contexto único. No se trata de una comparecencia tripartita con visiones contrapuestas de una pintura contemporánea; es la búsqueda de realidades afines, de postulados igualatorios en el conjunto de una conciencia creativa de artistas que forman parte del contexto general de la pintura española y que, aunque de generaciones distintas, constituyen pilares básicos de un arte abierto con sumos planteamientos de máximos plásticos y conceptuales.

Aunque uno lleve bastante tiempo en esto –a veces pienso que demasiado– y ha tenido que escribir de muchos –buenos y malos, lúcidos y torpes, sabios y equivocados– existen ciertos artistas que me lo ponen difícil, en ocasiones muy difícil. Me pasa con la pintura de Guillermo Pérez Villalta –de quien he tenido el honor de hacerlo en muchas ocasiones–, también con la pintura de Juan Uslé o con las creaciones de ciertos escultores que son grandes y forman parte de lo mejor del arte español –Txomin Badiola, por citar sólo uno–. También me pasa con la obra de Luis Gordillo, al que rindo la mayor pleitesía por considerarlo maestro de maestros y ejerciente de una pintura con mayúsculas de la que llevo siendo seguidor desde que era casi un adolescente desinformado. Es tanto el respeto y la admiración que creo que mis torpes palabras nunca estarán a la altura de tan gran artista y su particularísimo lenguaje y concepto artístico. Sin embargo, creo que el momento vale la pena y la circunstancia en la que se desarrolla esta exposición, con la obra del gran Gordillo como principal pilar, permite correr el riesgo y atender a tan importante proyecto. Porque considero que la propuesta expositiva de Sema D’Acosta es una de las proposiciones curatoriales más importantes que se han hecho en los últimos tiempos.

La muestra nos sitúa en los personales planteamientos de los tres pintores sevillanos –Luis Gordillo (Sevilla, 1934), Miki Leal (Sevilla, 1974) y Rubén Guerrero (Utrera, 1976)–, artistas de momentos diferentes pero en pleno y consciente ejercicio creativo; los más jóvenes con la referencia del veterano metida en la vena de sus diferentes ejercicios pictóricos. La exposición no es una muestra de cadáveres exquisitos, a modo de aquellas realizaciones de los surrealistas por las que cada autor continuaba lo que otro empezaba. En los espacios del antiguo Monasterio se nos presenta un conjunto de obras de cada artista; Luis Gordillo con ese lenguaje lleno de pureza donde se manifiesta un universo orgánico de personalísimo desarrollo pictórico: Miki Leal, con esa figuración contenida donde el elemento plástico suscribe un envolvente sistema sobre la propia realidad representada; Rubén Guerrero, con esa naturaleza abstracta que suscribe un formulario de rigurosa expresión. Las mismas complementan el núcleo central del proyecto: tres grandes piezas intervenidas conjuntamente por los tres artistas. Tres conceptos que han interactuado, que han dialogado, que se han hecho un solo todo desde tres posiciones diferentes.

Luis Gordillo parece recuperar el sentido de un hoy que deja entrever un ayer inmediato de profunda artisticidad; Miki Leal y Rubén Guerrero argumentan sus formulaciones con la vista puesta en los desenlaces contundentes del maestro. De esta manera las realidades pictóricas de los tres se confunden hasta ampliar un horizonte abierto que crea expectación y alumbra una nueva feliz posición artística.

TRIPLEX es un festivo ejercicio de lucidez artística. Un proyecto tan bien ideado como perfectamente llevado a cabo. Es, en definitiva, una realidad artística que plantea, sin desvirtuación alguna, las infinitas perspectivas de una pintura que los tres, conjuntamente y por separado, hacen infinitamente trascendente.

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