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"La expresión de la intimidad ha sido difícil en la cultura española"

  • La profesora y crítica Anna Caballé desvela las claves del género diarístico en nuestro país en 'Pasé la mañana escribiendo. Poéticas del diarismo español'

Anna Caballé está interesada en las memorias y los diarios desde muy joven, cuando escudriñaba la amplia biblioteca de su padre, en la que había muy pocas novelas y sí muchas biografías. Como investigadora, ha centrado parte de su trabajo en reivindicar un género que en el ámbito universitario no ha tenido, hasta ahora, mucha relevancia intelectual ni prestigio. Pasé la mañana escribiendo. Poéticas del diarismo español (Fundación José Manuel Lara) ganó la última edición del Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos, que conceden Cajasol y la Fundación Lara. El jurado destacó "el riguroso trabajo de una gran experta en la materia". Caballé define su libro como "una obra en marcha" que "es síntesis de muchas lecturas". En él reúne a muchos de los principales autores de diarios de España en un diccionario de fácil consulta, precedido de un breve estudio en el que la autora desvela las claves del género diarístico en nuestro país.

-En el estudio preliminar del libro usted hace una interesante reflexión sobre lo íntimo y sus representaciones. ¿Cuáles serían en su opinión las principales características de la representación de lo íntimo en los diarios españoles?

-Bueno, el problema que planteo es que la expresión de la intimidad ha tenido muchas dificultades para abrirse camino en la cultura española. La característica dominante ha sido el retraimiento, una especie de opacidad que ha hecho impenetrables ciertas esferas de la vida que, en principio, uno espera encontrar en un diario. La subjetividad se ha canalizado de forma elíptica en la vivencia del paisaje, por ejemplo, un recurso que permitió a nuestros diaristas en el pasado sortear la censura, o se ha refugiado en la abstracción.

-¿Por qué hay tan poca tradición diarística en España?

-Yo no tengo otra explicación que la rigidez católica. Cuando en el siglo XVI se exalta el valor del individuo, España se contrae e impide cualquier forma de disidencia religiosa, es decir moral. El hábito de ocuparse de sí mismo que ya defendieron los clásicos como norma de conducta fue sustituido por la ciega obediencia doctrinal. Creo que las repercusiones de aquella forma de entender la vida del espíritu, negándolo, fueron enormes para la escritura autobiográfica en general y para la diarística muy especialmente.

-Usted advierte que este libro es una primera aproximación al estudio del diario en España y sobre la imposibilidad de incluir a todos los autores que han escrito diarios. Incluso en su estudio cita a alguno, como es el caso de José Luna Borge, que luego no incluye en el diccionario. ¿Cuáles fueron los criterios de selección de autores?

-Sí, José Luna Borge es un diarista de largo recorrido y un escritor con las ideas muy claras sobre lo que es un diario. Mi problema con la selección de los autores es que no siempre he dispuesto de la totalidad de sus obras, y al no tenerlas a mi alcance he preferido no escribir nada del autor. Es lo que me ocurrió con Luna Borge, autor al que respeto profundamente. Yo veo mi libro como una obra en marcha, con el tiempo tal vez pueda constituirse en un diccionario exhaustivo del diarismo español. Ahora sinceramente no lo pretendía. Escribí sobre los diarios que conocía.

-No está de acuerdo con autores como Andrés Trapiello que defienden la reconstrucción literaria de la memoria para abordar el género diarístico ¿Diarismo y literatura se llevan mal?

-Es que el diario apenas roza el trabajo memorialístico, si entendemos por memoria la evocación del pasado. El diario es un ejercicio que se centra en la experiencia inmediata y lo que de ella pueda surgir. Eso diferencia el diario de una autobiografía. El diario, por su carácter atomizado, al hilo de lo que ofrecen los días, carece de estructura. Su única estructura la proporciona el calendario, como dijo Blanchot. Pero entiendo que Trapiello recurre a la forma diarística para un proyecto estrictamente literario y lo que yo sostengo es que el diario acoge otras expectativas. Hay gente que lleva un diario por placer, por necesidad o por simple amor a la escritura. No aspira a la creación literaria. Pero desde luego gracias a Andrés Trapiello el género del diario ha adquirido visibilidad en España.

-Usted llama la atención sobre el hecho de que hay muy pocas autoras de diarios en España. ¿A qué cree que se debe?

-En parte al pudor y en parte a la escasa estima por la posteridad que ha sentido la mujer. Estoy segura de que muchas mujeres en el pasado escribieron diarios que fueron destruidos para evitar cualquier lectura ajena de los mismos. Una lástima. Una mujer de la talla de Concepción Arenal, por ejemplo, quemó toda su documentación personal antes de morir. ¡Qué no daríamos ahora por conocerla!

-Afirma que la verdadera esencia del diario es el relato de las vivencias personales y alude para su definición a conceptos como sinceridad y veracidad e, incluso, espontaneidad en la escritura. Desde este punto de vista, ¿hay muchos autores actuales que se ajusten a este esquema?

-El diario ha sufrido una gran transformación, como todo, y de ser una escritura privada que surge como expresión de la propia subjetividad y de sus conflictos pasó a ser un género literario y por tanto susceptible de una búsqueda formal, estética. Ya no tiene sentido hablar de veracidad o de sinceridad cuando a lo que se aspira es al efecto en el lector. Pero hay autores que transmiten.

-La pongo en un aprieto: ¿podría concretar algunos autores esenciales del diarismo en España?

-Jovellanos, Manuel Azaña, Rosa Chacel, Max Aub, Josep Pla, Andrés Trapiello... ¡Pero piense en los diarios que no hemos leído porque se han perdido o fueron destruidos!

-Pasé la mañana escribiendo es fruto de muchos años de investigación. De hecho, se paró varias veces hasta ver la luz definitivamente. ¿Está satisfecha con el resultado? ¿Le apetece seguir trabajando en esta línea?

-Más que fruto de la investigación, el libro es síntesis de muchas lecturas, pero a su pregunta contesto que rotundamente no. Yo nunca estoy satisfecha con lo que hago, y sólo consigo ver los defectos. Pero sí pienso seguir trabajando, claro.

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